26 enero 2024

El conde Ugo y el malvado Malasangue

Julio Sánchez Mingo

 

Tipo de falucho, denominado gaeta, utilizado desde tiempo inmemorial en el golfo de Gaeta

En el castillo de Itri vivía el conde Ugo de Fondi en compañía de su hijo Claudio y la mujer de éste, Laura, descendiente de una noble y antigua estirpe de guerreros normandos, junto con dos encantadores y preciosos niños, Aurora y Leonardo, hijos del matrimonio, que hacían las delicias de la familia y la colmaban de felicidad. La fortaleza estaba dominada por un torreón cilíndrico, llamado El cocodrilo —por haber estado allí recluido, según la leyenda, un gigantesco reptil—, unido por un camino de ronda a las estancias donde habitaban nuestros protagonistas.

Itri siempre tuvo un campo feraz, donde se producía la mayor parte de la apreciadísima aceituna negra de Gaeta, cuya variedad más representativa y sabrosa era, precisamente, la denominada Itrana.

Era, con Fondi, feudataria de la ciudad amurallada de Gaeta, plaza fuerte situada en el extremo de una península que cierra el golfo de su mismo nombre, rematada en lo alto por el castillo de los Anjou, adyacente a un promontorio rocoso, cubierto de vegetación, Monte Orlando —coronado a su vez por el mausoleo del que fuera cónsul y notable romano Lucio Munatio Planco— a cuyos pies se extendían el arenal de Serapo, una magnífica playa de fina arena orientada a mediodía y abierta al Tirreno, y el Borgo, un poblado de pescadores que se asomaba a levante y quedaba protegido de los embates del mar.

El conde Ugo era querido por todos sus vasallos por su generosidad y bonhomía. También mantenía excelentes relaciones con los pescadores del golfo. Sin embargo, el señor de Sperlonga, una cercana población situada en la vía Flacca, ramal costero de la vía Appia, entre Terracina y Formia, le envidiaba y odiaba. Su nombre era Bertaccio Malasangue, personaje de gran doblez, aliado tanto de los corsarios berberiscos que utilizaban las islas Pontinas como base temporal para sus incursiones contra las costas del sur del Lacio y el norte de la Campania, como de los bandoleros que atracaban a los comerciantes y viajeros que transitaban por la vía Appia. Estos salteadores de caminos, tras sus robos, se desvanecían en la espesa niebla de los hayedos que cubrían los Montes Auruncos, guareciéndose en las abundantes grutas de esas alturas. Malasangue, sujeto indolente, era el espía de unos y otros y vivía de las comisiones que les cobraba. Su gente sabía de su condición de traidor pero le temía.

Un caluroso día de verano, de buena mañana, Aurora y Leonardo, junto con unos amiguitos y unas sirvientas, acudieron a la playa de los Trescientos Escalones, al costado de la vía Flacca, a jugar, bañarse y refrescarse.

Sus padres no pudieron acompañarlos pues habían viajado como emisarios y embajadores de Gaeta al enclave papal de Benevento, al sur de Nápoles. Su abuelo Ugo estaba postrado en cama con un fuerte ataque de gota, dolencia que padecía por sus excesos con la buena comida y los excelentes caldos. Conocedor de la excursión y de las circunstancias que la rodeaban, el villano Malasangue botó un veloz falucho y, con un par de marineros a su servicio, corrió a avisar a los sarracenos estacionados en el islote de Zannone, con la aviesa intención de sugerirles el secuestro de los nietos del señor de Fondi e Itri para pedir rescate por su liberación o canjearlos por el jefe berberisco Abd al-Haqir (que significa innoble en árabe), preso en la ciudadela del castillo de Gaeta o, como última alternativa, venderlos en Argel como jovencísimos esclavos que sirvieran como divertimento de alguna principal de la sociedad local.

Pero no contó el indigno Bertaccio con el comportamiento de su martirizado siervo Matías. Éste, harto de los suplicios a los que le sometía su amo, avisó a unos pescadores que faenaban no lejos de Sperlonga y, por medio del sistema de señales ópticas que enlazaba torres de vigilancia, fortalezas y castillos, a la guarnición de Gaeta. Todos ellos se dirigieron a la playa donde los niños jugaban, comminaron al grupo a que retornara a Itri y aguardaron el desembarco de los piratas, ocultos tras los pinos que rodeaban el arenal, para tenderles una emboscada.

La celada dio sus frutos y, a la caída de la tarde, los presuntos secuestradores huyeron maltrechos a sus embarcaciones. A los pescadores y los soldados se había unido Matías, que se enfrentó a Malasangue, hiriéndolo de un mandoble en una pierna, lo que le obligó a retirarse con los derrotados. El corte no era muy profundo pero, ya en las Pontinas, se le infectó y, posteriormente, gangrenó. A pesar de amputarle el miembro dañado, la afección progresó y murió a los pocos días entre atroces dolores. Triste final para un hombre que tomó el camino equivocado en la vida. A pesar de su deleznable proceder, el conde Ugo y su familia lamentaron profundamente el funesto desenlace y se ofrecieron a ayudar económicamente a la familia del felón.

Siglos después, Concepción Arenal acuñaría la frase: “Odia el delito y compadece al delincuente”.



19 enero 2024

A bordo del Temible

Julio Sánchez Mingo

A Helenita y Gonzalito



Esta es la historia de dos niños y su aventura en un barco pirata.

Ella era una preciosa morenita de siete años y él un zagalillo de cabello y ojos claros de cuatro años. ¿Qué hacían a bordo de aquella embarcación llamada Temible?

En un puerto de Jamaica, recién conquistada por la Pérfida Albión, se habían acercado al muelle a admirar un precioso bergantín que había atracado para cargar agua, comida, munición y otros pertrechos. Las autoridades británicas de la isla fomentaban el corso contra los españoles y permitían aprovisionarse a los navíos bucaneros, aunque les exigían guardar las apariencias cuando tocaban tierra. Sólo izaban la bandera de las tibias cruzadas y la calavera cuando, prestos a entrar en combate, atacaban.

Ante el interés de los críos, un gordinflón y veterano marinero, con una pata de palo en lugar de la pierna izquierda, un garfio por mano derecha y un parche tapando el hueco del ojo izquierdo que le faltaba, se ofreció a mostrarles aquel esbelto velero. Había sido construido en el astillero de Guarnizo y apresado por una flotilla corsaria a la Armada de Su Majestad Católica en un combate desigual por el número de efectivos empleados por las dos partes contendientes. Tan ensimismados estaban con la visita al buque y las explicaciones del simpático pirata que, cuando quisieron darse cuenta, el bajel navegaba veloz por la aleta en mar abierto. La angustia se apoderó de los dos pequeños. ¿Qué pensarían sus padres al percatarse de su desaparición? Imaginaban a su madre llorando desconsoladamente y a su padre preso de la desesperación. El tullido filibustero se apiadó de ellos. Se brindó a esconderlos en un pañol de reducidas dimensiones, donde los niños pudieran acomodarse por su poco tamaño, y a alimentarlos con galleta, queso, agua y pescado en salazón, hasta que volvieran a puerto de nuevo. Así lo acordaron. Sin embargo, aquella brisa fresca que hacía volar la nave roló y pasó a ser un fuerte temporal, lo que obligó al capitán a guarecer y fondear su dos palos en una cercana bahía. Helenita que era muy espabilada y nadaba como una sirena, aprovechando la primera oscuridad de la noche, tomó a su hermano de la mano y saltó al agua por la banda opuesta a la que vigilaba un marinero borrachín, que, más que hacer guardia, soñaba con barriles de ron y escudos de oro de la ceca de Sevilla. Para ella, llegar a la orilla, a pesar de remolcar a Gonzalito abrazado a sus hombros y cuello, fue coser y cantar. Afortunadamente, aquella playa de fina arena, que alcanzaron con celeridad, no estaba muy lejos de la morada familiar. Ya noche cerrada, llegaron a su casa, donde sus padres los recibieron con los brazos abiertos, dando grandes muestras de alegría. Sus progenitores no quisieron creer su odisea, que pensaron que era una historia inventada, un pretexto para ocultar una trastada.

Nota del autor. Este cuento para niños es para ser dramatizado al leérselo —representar a los personajes, el sonido del viento, el estampido de un cañón… — y hacer todos los incisos necesarios que requiera la explicación de los términos náuticos. Se trata de una versión muy personal de las historias de Garbancito o Pulgarcito.


Glosario

1.- Zagalillo: De zagal, niño pequeño.

2.- Pérfida Albión: Es la forma despectiva que utilizaba Napoleón Bonaparte para referirse a Inglaterra o Gran Bretaña. Albión tiene su origen en el término latino albus, que significa blanco Es una metáfora para describir los acantilados de Dover, en el sur de Inglaterra, de un inconfundible color gris muy claro. Esas rocas son lo primero que se ve de las islas británicas cuando se cruza el canal de la Mancha desde Francia.

3.- Bergantín: Buque velero de dos palos y vela cuadrada o redonda.

4.- Corso: Operaciones que hacían por mar los buques mercantes, con permiso de su correspondiente gobierno, para batallar contra las embarcaciones o puertos de naciones enemigas, sin que se hubiera declarado la guerra.

5.- Bucanero: Corsario, derivado de corso. Pirata. Filibustero.

6.- Garfio: Instrumento de hierro, curvo y puntiagudo, que sirve para aferrar algún objeto, que se implantaban como mano ortopédica los piratas mancos.

7.- Parche: Pedazo de tela que se adosaban los piratas sobre el hueco del ojo, en caso de pérdida de éste. En otros casos, tenía como objeto mantener uno de los ojos en condiciones de oscuridad con lo que, al entrar en el interior del barco, se lo cambiaban de lado y evitaban tener que esperar a que su vista se adaptara a la iluminación escasa.

8.- Su Majestad Católica: Rey de las Españas y las Indias.

9.- Bajel: Embarcación de vela.

10.- Navegar por la aleta: Consiste en navegar a unos 135º con relación a la dirección del viento. En este caso el viento nos empujará hacia adelante con toda su fuerza.

11.- Pañol: Cada uno de los compartimentos existentes en diversas partes del buque, para almacenar víveres, municiones, pertrechos, herramientas…

12.- Galleta (También bizcocho. De bis- y el lat. coctus 'cocido'.): Pan sin levadura, horneado dos veces, para aumentar su tiempo de conservación. Es muy duro.

13.- Brisa fresca: Corresponde al 5 en la escala de Beaufort. Forma en la mar olas medianas y alargadas y borreguillos muy abundantes. En tierra provoca pequeños movimientos de los árboles y que la superficie de los lagos sea ondulada. Vientos de 29 a 38 km/h (de 17 a 21 nudos).

14.- Fuerte temporal: Corresponde al 9 en la escala de Beaufort, con olas muy grandes, rompientes y visibilidad mermada, en la mar. En tierra causa deterioros en los árboles e imposibilidad de caminar con normalidad, se empiezan a dañar las construcciones y se producen arrastres de vehículos. Vientos de 75 a 88 km/h (de 41 a 47 nudos).

15.- Dos palos: Velero de dos mástiles, como un bergantín.

16.- Fondear: Asegurar una embarcación al fondo marino por medio de anclas.

17.- Ceca: Planta industrial donde se fabricaba y acuñaba moneda.

12 enero 2024

El despacho de mi padre

Julio Sánchez Mingo


El despacho de mi padre estaba situado en la última planta del viejo palacio que mandara construir en el siglo XVIII una reina española, nacida portuguesa, como convento, colegio y residencia para jóvenes doncellas de la nobleza. Fue requisado por el Estado en 1870 para destinarlo a Palacio de Justicia y sede del Tribunal Supremo, entre otras instituciones.

Era una estancia muy luminosa y soleada, orientada a suroeste. En invierno disfrutaba de una buena calefacción de convección, de la que estaba dotado el edificio. A pesar de sus gruesos muros, en verano, en aquel espacio, hacia un calor de mil demonios que, mejor o peor, se mitigaba con una primitiva máquina de aire acondicionado de ventana. Como mi padre no soportaba la corriente directa del flujo frío, durante la noche y las mañanas mantenía las hojas de las ventanas abiertas, que cerraba a mediodía cuando se iba a comer y dejaba aquel estrepitoso artilugio a todo meter. A su vuelta, paraba el artefacto, abría las ventanas y entornaba las contraventanas. Era su particular manera de hacer frente a la tórrida canícula madrileña.

Funcionarios y empleados acudían a aquel centro de trabajo con traje y corbata, andando, en metro o autobús, dotados de calefacción para el invierno pero sin aire acondicionado para las temperaturas sofocantes de julio y agosto. En el estío, en el interior de aquel edificio, casi todos se movían sin chaqueta, con la camisa remangada y el cuello de ésta aflojado, excepto los inferiores del escalafón, ordenanzas y ujieres, que lo hacían vestidos de riguroso uniforme.

Aquel despacho era un tanto —llamémoslo— peculiar. Todo en él me llamaba la atención. Frente a la puerta de entrada, apoyada contra el muro interior de la fachada, había una enorme caja fuerte, que casi llegaba del suelo al techo. Un magnífico tresillo —sofá y dos sillones— de cuero marrón claro, un tanto gastado, era el contrapunto a su escritorio de madera de roble que había salvado de ser pasto de las llamas como astillas para la caldera de la calefacción de carbón. En casi todas las dependencias del antiguo cenobio, salvo en las zonas nobles, aquellos feísimos muebles de oficina metálicos de color gris, cubiertos de vidrio, habían sustituido a los de leño. "Son más prácticos", se decía. El teléfono, por supuesto, tenía el cable forrado de tela, el timbre era de campanillas y el auricular y el micrófono de baquelita y metal. Como tenía muy mala letra, para que se entendiera aquello que escribía, lo hacía con una Underwood de los años 20.

En el mismo corredor estaban las dependencias del siniestro TOP, Tribunal de Orden Público. Mi padre pasaba un mal trago cuando en el pasillo se cruzaba con un grupo de detenidos esposados, escoltados por grises —agentes de la Policía Armada–, que iban a prestar declaración en los correspondientes juzgados tras su paso por los calabozos de los sótanos del caserón de la Puerta del Sol. Casi siempre eran chicos jóvenes y mostraban signos evidentes de haber sido sometidos a brutales palizas.

Durante la dictadura franquista, la seguridad en el inmueble era muy laxa para tratarse nada menos que de la sede del Tribunal Supremo, las Audiencias y el Colegio de Abogados. Tras el zaguán de la puerta principal, que da a la plaza de la Villa de París, espacio que ocupó el huerto de las monjas durante siglo y pico, una pareja de indolentes grises, repantigados en sus respectivas sillas, simplemente preguntaban al visitante dónde se dirigía. La entrada por la puerta de la Audiencia, desde la calle de Marqués del la Ensenada, era un perfecto descontrol por el ir y venir de abogados, pasantes y demás personal que acudían a las vistas. Por la puertecilla de General Castaños— diminuta en comparación— se accedía a la sala donde, como en un mercado persa, se afanaban los procuradores. Menudo guirigay.

En invierno o con mal tiempo, los viejos del barrio ocupaban los bancos instalados en los soportales cerrados del claustro y mataban las horas, calentitos y al sol, con sus tertulias. En uno de los ángulos de la galería de la planta baja, camino de los ascensores, había un estanco. Los edificios públicos eran públicos de verdad. Tanto bullicio contrastaba con el silencio y el sosiego que dominaban en la escalera principal y la planta noble.

En pasillos y corredores había dispuestas escupideras de brillante latón dorado. Siempre me pregunté quién se encargaría de su vaciado y de mantenerlas tan refulgentes. Oficio repulsivo donde los hubiera.

Una tarde, aquel probo funcionario, a la vuelta al trabajo tras la comida, se topó con unos turistas sudamericanos que, frente a la fachada principal, mostraban interés por la arquitectura y las magníficas trazas de tan sólida construcción. Les invitó a conocerla, a lo que respondieron encantados afirmativamente. Les mostró la suntuosa escalinata principal, la primera planta, alguna de las salas de vistas e incluso los introdujo en el despacho privado de Castán, el entonces presidente —una eminencia del Derecho Civil cuyo texto se estudiaba en todas las facultades de leyes—, y en la Rotonda, el despacho oficial y ceremonial de la presidencia. Así pudieron apreciar el escritorio que perteneciera al rey consorte Francisco de Asís, conocido por el vulgo como Paquita Natillas. Aquellos insólitos visitantes pretendieron dejar unos billetes en uno de los cajones de tan magnífico mueble, como si estuvieran pagando la entrada a un museo.

El bueno de Castán se movía por Madrid en su coche oficial que era un vetusto haiga absolutamente desfasado, mientras los ministros del Régimen lo hacían en modernos SEAT 1500. Así, en tan estrafalario vehículo, apareció en una boda a la que yo asistí con mis padres y él fue testigo por parte de la novia. Y muchos mediodías, cuando yo volvía del colegio, lo veía estacionado frente a su casa, en Goya, 46. Una placa puesta por el ayuntamiento recuerda que allí vivió el ilustre jurista.

Una de las salas de la Audiencia Provincial fue utilizada para el rodaje de una película protagonizada por la popularísima Sarita Montiel, sin duda la mujer más deseada de España en aquellos días. —No recuerdo bien si se trata de El último cuplé o de Pecado de amor—. El revuelo que se organizaba a la llegada o la salida de la estrella alteró bastantes días el correcto funcionamiento de los tribunales. En las pausas de la filmación, nubes de magistrados y otros funcionarios, habitualmente serios y circunspectos, revoloteaban a su alrededor y no cesaban de lanzarle requiebros.

El palacio de las Salesas albergaba personajes de armas tomar, de soberbia, vanidad y prepotencia infinitas. A continuación, una muestra. Hubo un presidente de Sala del Supremo, para más inri padre de un ministro de Franco, que en una ocasión hizo arrodillarse ante él para que le pidiera perdón en público, por no sé que leve falta cometida, a un humilde ordenanza. El pobre diablo se la juró. Posteriormente, otro día, el magistrado le pidió un vaso de agua. El subalterno orinó en el recipiente, lo vació y, sin lavarlo, lo llenó de nuevo con agua, que aquel déspota bebió con ansia y fruición. En la estación de Atocha, acompañando a mi padre que le tenía que entregar unos papeles, coincidí con este mismo sujeto que abordaba un coche cama del expreso de Barcelona junto a dos sobrinitas. Un día de vacaciones que estábamos en familia disfrutando del mar en la Playa Larga de Tarragona, envió a su chofer para que, literalmente, secuestrara a mi padre para que fuera a comer con él a El mirador, un restaurante de postín de la ciudad, en el Balcón del Mediterráneo, y allí discutir sobre no se sabe qué importantes asuntos. El enfado de mi madre marcó época.

Aquella fauna también incorporaba ejemplares de una ralea completamente opuesta. Cuando a mí, entonces un chaval de doce años, le dió por la pesca con caña, un simpático y castizo agente judicial nos acompañó a mi padre y a mí a Rafa, un establecimiento especializado en caza y pesca deportiva existente en Espoz y Mina, semiesquina a la Puerta del Sol, recientemente cerrado, para asesorarme en la compra de mi equipación. Con posterioridad, en un concurrido pasillo de los juzgados de General Castaños, a la vista de todo el mundo, con sedales y anzuelos desplegados sobre su mesa, me estuvo impartiendo unas nociones básicas de cómo montar y manejar una caña. También a esa edad, más o menos, desarrollé bastante afición a la historia medieval de España. Mi padre tomaba en préstamo de la biblioteca del Supremo los tomos de la Historia de España de Antonio Ballesteros Beretta correspondientes a ese período, los traía a casa y yo, literalmente, los devoraba.  

El establecimiento fundado por doña Bárbara de Braganza y devenido la sede del Poder Judicial era, en tiempos de Franco, uno de los mayores centros de corrupción y tráfico de influencias del país. Allí, el valor de la persona se medía no por su cargo o posición sino por su capacidad de hacer favores o por los favores que se le debían o por la información que poseía o los silencios que guardaba. Todo ello respondía, y responde, a la propia condición humana.

Mi padre era muy respetado y especialmente las viudas y huérfanos del gremio lo adoraban. Muchos de éstos pudieron estudiar e incluso alcanzar la magistratura gracias a su ayuda. Nunca fue ambicioso. Se limitaba a gestionar, entre otras cosas, las ayudas sociales para los funcionarios de la Administración de Justicia y sus familias desde aquel soleado despacho con una caja fuerte llena de papeles que valían oro: las pólizas judiciales.


Visita virtual a las Salesas:

https://www5.poderjudicial.es/visitavirtualTS/visita_virtual.html

 

22 diciembre 2023

Odiosas Navidades

Julio Sánchez Mingo



Cada vez hay más adultos a los que oigo renegar de las fiestas navideñas. Casi todos ellos me argumentan que son celebraciones para niños, los que verdaderamente disfrutan con sus aspectos mágicos, los que mantienen la ilusión por el halo de las leyendas que las rodean, pero que ellos, los mayores, están deseando que pasen lo más rápido posible. La gente joven se divierte al margen de las connotaciones religiosas, tradicionales o mágicas de estos días. Son jornadas festivas y hay que aprovechar al máximo. Es lo único que cuenta para ellos.

A mí, de chaval, me gustaba acudir a la plaza Mayor con mi amigo Ugo la primera tarde de las vacaciones escolares de Navidad. Disfrutaba con la contemplación de las casetas llenas de figuritas para el nacimiento y de los puestos de abetos —realmente en España se usaban y se usan píceas—, ramas de acebo y muérdago y musgo. El olor a monte invernal invadía todo el recinto y los vendedores, para contrarrestar el frío de las tardes de diciembre, encendían fogatas con restos vegetales. Era todo más natural y primitivo que ahora. El ambiente era bullicioso y no existían las aglomeraciones y riadas de gente que en los últimos años obligan a cerrar la estación de metro de Sol y a que los municipales tengan que encauzar la circulación de la muchedumbre.

Las casetas que ahora monta el ayuntamiento carecen de personalidad y espontaneidad, no tienen gracia. Muy relamidas, todas ellas son exactamente iguales, como si se hubiera encargado su diseño a Euclides, el genio griego de la escuadra y el cartabón.

También los mercadillos navideños en Centroeuropa, de los que teníamos una imagen idílica, han evolucionado, como pude comprobar hace unas semanas en Budapest. Se han convertido en una sucesión anodina de puestos y casetas de vino caliente y comida —más que contundente, cocinada en el lugar, a la vista del público, en gigantescas sartenes y peroles, apoteosis de la carne de cerdo y todo tipo de visceras y embuchados– y gigantescas pilas de todo tipo de confecciones azucaradas.

 

He de reconocer que estuve un buen rato la mar de entretenido viendo elaborar kürtőskalács (pasteles de chimenea) en una caseta situada frente a la catedral de San Esteban. Son una especie de gigantescos barquillos cilíndricos, parecidos a los cannoli sicilianos, pero mucho más grandes y sin relleno.

En general, las Navidades han devenido en un delirio de consumismo y excesos. Se come y bebe sin freno y se gasta lo que no se tiene.

El contaminador sector textil inunda las tiendas de exclusivos modelitos a veinte euros, que se usan una sola noche para terminar a continuación en el vertedero. Lo que deben picar esos vestidos de lamé, confeccionados con fibras plásticas.

Además, todos tenemos que ser rumbosos, simpáticos, amables y encantadores, ¡a fecha fija¡ Hasta que un mililitro de alcohol de más lo echa todo a perder. Todo son parabienes, buenos deseos, felicitaciones, bonitas palabras que se lleva el viento: paz, amor, fraternidad, solidaridad. Especialmente almibaradas y, además, estomagantes, son las que nos lanzan las Admistraciones Públicas y los políticos y aquellas compañías que están todo el año maquinando para sacarnos los cuartos con malas artes.

Cantidades ingentes de comida se van a la basura y, con ellas, muchas horas dedicadas a la compra de sus ingredientes y a su elaboración en los fogones.

Se regalan cosas absurdas por la obligación adquirida de hacerlo también a fecha fija y montañas de juguetes quedan arrumbados y pasan a mejor vida la misma tarde del día de Reyes.

"Y ahora, ¿qué regalo yo?", me pregunto el 24 de diciembre a mediodía o el 5 de enero por la tarde. Por cumplir y salir del paso, se termina tirando el dinero y con una extraña sensación de ser un miserable, ruin y tacaño.

Los que peinamos más que canas pensamos en los que ya no están y la añoranza nos invade. Seguramente, para muchos es la faceta más triste de la Navidad. Cuánto echo yo de menos a los míos.

Las personas que luchan contra la soledad y hacen frente a sus demonios del pasado es natural que aborrezcan las modernas Saturnales, que también para los romanos eran sinónimo de excesos. Entonces celebraban el renacimiento del año, cuando los días empiezan a crecer tras el solsticio de invierno.

A pesar de todo, en algún momento, un rayo de ilusión me conmueve. Especialmente cuando veo las caritas de los más pequeños irradiando felicidad, o cuando montan ilusionados el Nacimiento con abuelos y padres, tras patearse la plaza Mayor para terminar comprando una marmita para los pastores que ya la quisiera Obélix, o escucho alguna musiquilla que me toca una fibra sensible.

Aunque no sé si este año, las imágenes de la orgía de sangre de Palestina nos atragantarán la cena a más de uno y apagarán en mí cualquier rastro de esperanza y fe navideñas.

15 diciembre 2023

El mapa

Arturo Martínez Gónzalez

 


Mientras escuchas los disparos, los ladridos de los perros y el petardeo de una excavadora, dibujas un mapa para llegar a Nayla.

La distancia más corta entre dos personas es la muerte. Con frecuencia, también es la menos dolorosa.

Hace ya tres años que la enterraron con vuestros hijos en Har Brakha, cerca de donde tu bisabuelo, antes de la Nakba, había plantado una docena de almendros. Pero tú no imaginas un mapa de carreteras con una ruta de ciento sesenta kilómetros a través de una docena de puestos de control y una línea del frente.

“No es eso lo que quiero”, piensas. Un mapa así, ahora, no te serviría de nada.

“No quiero ver su sepulcro”, piensas.

Uno..., dos..., tres... Undostrés. Uno..., dos..., tres… Sigues golpeando con una bala contra algo metálico, quizás un cargador.

El otro camino significa retroceder diez años, tres hijos y una boda, hasta llegar al día en que os conocisteis en la cola de un control.

El primer tramo es el más corto, piensas.

Un día, quizás dos, hasta el momento en que el cielo cayó a tierra y te enterró bajo los escombros de tu escuela.

Uno..., dos..., tres... Undostrés. Uno..., dos..., tres...

Dos años caminando sin una sombra. Todo arde. Las lágrimas no llegarán a cuajar en tus mejillas, piensas.

Esa etapa termina, o quizás comienza, el día en que un tanque pasó sobre tu padre y sus almendros. “Por encima de mi cadáver”, les había dicho a los soldados. Te detuvieron en un control cuando ibas a su entierro. Cuando te soltaron, unos colonos se habían instalado en sus tierras; a ti te largaron a pedradas.

Otro tramo del camino: un año antes, mientras estabas trabajando en la fábrica de cemento, un hongo de polvo y humo brotó del patio de la mezquita. “Un objetivo militar,” dijeron. Llegaste a tiempo de enterrar a Nayla, a Omar, a Kareem, al pequeño Hamal.

Ahora viene el mejor tramo de la ruta, piensas. Recorrerlo es como pasear por la orilla de un estanque, a la sombra de las palmeras.

Los hijos son un hito cada año. Un mes después de nacer el segundo. Cuando el pequeño tuvo la tosferina. Cuando el mayor empezó a ir a la escuela. Vuestra boda. Desde allí divisas el futuro y el pasado. En el presente, alegría, música, todo el barrio reunido en la casa de los padres de Nayla. Nadie lanza fuegos artificiales, los soldados podrían tomarlos por disparos.

“Más allá se adivina el otro extremo del camino”, piensas.

Una camioneta atiborrada, un puesto de control, una cola interminable bajo el sol y unos ojos que te miran. “Nayla”, dice tu padre. “La hija del panadero”, insiste un vecino.

Uno..., dos..., tres... Undostrés. Uno..., dos..., tres...

“Es un recorrido demasiado largo”, piensas.

“Te reunirás con Nayla por el camino más corto”, piensas

Cuando un rayo de luz te deslumbra y una mano limpia el polvo de tu cara, ya te has decidido.

-¿Ahmed?

Deberías abrir y cerrar los ojos varias veces, seguir golpeando la bala contra el cargador, pero prefieres mantenerte inmóvil y plegar los párpados.

“Identidad verificada. Ahmed al-Khatib”.

La arena cubre de nuevo tus pupilas. La luz se apaga. Cesan las voces, los ladridos. Ahora podrás descansar bajo los almendros.

09 diciembre 2023

Convocatoria del VIII Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid

 

Se convoca el VIII Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid, con arreglo a las siguientes bases:

1.- Podrán concurrir todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, con un solo trabajo.

2.- Los escritos presentados deberán reunir las siguientes condiciones:

a) Estar redactados en español.

b) Ser originales e inéditos.

c) No haber sido premiados ni estar participando en ningún otro certamen.

d) Tener una extensión mínima de 1.800 caracteres y máxima de 10.000.

e) Tema: libre.

f) Género: narrativa, divulgación u opinión, a elección del creador.

g) El autor premiado en la VII edición, celebrada en 2023, no podrá presentarse a esta convocatoria, siendo invitado a colaborar en la misma como miembro del jurado.

3.- Los originales se remitirán por correo electrónico en formato pdf antes de las 24:00, hora de Madrid, del viernes 15 de marzo de 2024.
Para ello se enviará un mensaje a la dirección
diariodemadrid@yahoo.com, con la mención en el asunto VIII Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid, que incluya un fichero pdf conteniendo exclusivamente el trabajo presentado a concurso y otro archivo pdf donde deberán constar los siguientes datos: nombre y apellidos, nacionalidad, domicilio, teléfono y dirección de correo electrónico del creador, título del escrito, así como una declaración de su autoría y de satisfacer las condiciones de estas bases. Los menores de edad deberán, además, remitir el consentimiento de sus padres o tutores para poder participar.

4.- El editor de jsanchezmingo.blogspot.com designará el jurado, que estará compuesto por un mínimo de nueve personas y realizará la elección final de la obra ganadora.

5.- Antes del 15 de junio de 2024 se publicará el fallo del jurado en jsanchezmingo.blogspot.com. Previamente será comunicado simultáneamente por teléfono y correo electrónico al autor vencedor, en cuyo momento se le informará también del lugar de entrega del correspondiente trofeo, una obra de un acreditado artista plástico.
El trabajo ganador será publicado en
jsanchezmingo.blogspot.com en los días sucesivos, no devengando su autor derechos por este motivo.

6.- El premio no podrá declararse desierto. La decisión del jurado será inapelable.

7.- No se mantendrá correspondencia con los autores de los trabajos presentados desde la publicación de la convocatoria hasta después del fallo del jurado, excepto para la aclaración de cuestiones relativas a estas bases o a la correcta recepción de los trabajos presentados a concurso. La resolución de todas las cuestiones que puedan surgir o plantearse sobre este certamen son de exclusiva competencia del editor de jsanchezmingo.blogspot.com en calidad de convocante.

8.- La participación en este concurso implica el conocimiento y aceptación de las bases que lo regulan, así como el acatamiento de cuantas decisiones adopte el editor de
jsanchezmingo.blogspot.com en lo relativo a su interpretación y aplicación.

Madrid, diciembre de 2023

Diario de Madrid, el blog de Julio Sánchez Mingo

jsanchezmingo.blogspot.com

24 noviembre 2023

Argentina con expectativa y esperanza

José Luis Castellano

 

El Obelisco de Buenos Aires.


Argentina cumple este próximo 10 de diciembre cuarenta años de democracia ininterrumpida. Lejos han quedado los golpes militares que deponían gobiernos constitucionales. El país es baluarte en el mundo por la defensa de los derechos humanos, después de una cruel dictadura y luego de un juicio, sin antecedentes en el planeta, hecho a las Juntas Militares.

Lamentablemente, la democracia quedó en deuda con la población en el aspecto económico. Desfilaron gobiernos socialdemócratas, peronismo de derecha, peronismo de izquierda y partidos de centro. Ninguno cumplió con las expectativas de mayor desarrollo, disminución de la pobreza o terminar con la inflación, por gastar, en forma irresponsable, más de lo que ingresaban las arcas del estado. El pueblo se hartó de todos los políticos, de la corrupción, mentiras e hipocresías. Este pasado domingo 19 de noviembre fue catapultado a la presidencia un outsider que supo interpretar la indignación del ciudadano común apuntando a la casta política por sus iniquidades. En este personaje la gente guarda sus esperanzas, esperando un cambio. Argentina es un país que añora aquella época dorada de la primera mitad del siglo XX, cuando se posicionaba entre las naciones más ricas y abrazaba multitud de inmigrantes europeos en busca de tierras prósperas, de paz y bendecida por la naturaleza. Este nuevo presidente electo prometió llevar a la nación a aquella gloria. Una utopía que promete hacer realidad con métodos ultra liberales. El mundo mira con expectativa al país, potencialmente rico y que produce alimentos para cuatrocientos millones de personas. Los mercados y las bolsas de todo el mundo han respondido positivamente, con importantes subas en bonos y acciones. Habrá que esperar los futuros acontecimientos y ver si el cambio resulta beneficioso. Una clase media empobrecida, sectores agropecuarios y pequeñas y medianas industrias aguardan con esperanza el resurgir de una nación que no merece estar luchando en la estrechez y el infortunio, por la calidad humana de su gente y la perseverancia y esmero de su población. Es lógico pensar que satisfará a los poderosos, aumentará la desigualdad y mucha gente lo pasará muy mal. Veremos qué pasa. Ha prometido no quitar los planes de asistencia ni la asignacion universal por hijo. Y luego de impulsar la economía y terminar con el desempleo, que eliminará la asistencia del estado. ¿Será así? Veremos… También ha dicho que tampoco desmantelará la educación universal y gratuita y la salud pública gratuita. Baluartes que destacan a este país de otros y que son admiración de los extranjeros... Veremos, veremos… No sólo hay que sumergirse en políticas de mercado, sino tener en cuenta lo humano en los sectores más vulnerables, atendiendo sus carencias. Además, fuertes organizaciones sociales, sindicatos y ONGs custodian con firmeza los valores humanistas.

José Luis Castellano es argentino, de abuelos paternos almerienses, ella de Macael, él de Cantoria. Vive en Buenos Aires.

16 noviembre 2023

Los problemas acuciantes

Julio Sánchez Mingo

He estado tres semanas largas fuera de casa, en un país fascinante y sorprendente, acogido cariñosamente por amigos, familiares y mucha gente anónima con la que me he cruzado en el día a día. Sin embargo, una vez más, he podido constatar que allí la vida resulta muy dura para gran parte de su población. Millones de sus habitantes se enfrentan cada mañana a la difícil tarea de buscarse el sustento del mediodía. La venta ambulante, la preparación y el servicio de comida callejera, la mendicidad, copan la actividad de casi todos ellos. Un trayecto de media hora en metro implica enfrentarse a la oferta continua, por la cifra mágica de unos 60 céntimos de euro, de todo tipo de productos y artículos, algunos de ellos de lo más inverosímil y sorprendente. Desde unos caramelos de miel para la garganta a unas parpadeantes lucecitas LED para adornar, por ejemplo, un arbolito de Navidad, o unos patitos amarillos de plástico, para que los niños jueguen en la bañera, o una cinta adhesiva de doble cara. Todo se vende. A esas tareas también aportan su tiempo y esfuerzo tanto niños como ancianos. En los supermercados, hay personas mayores que embolsan la compra por una propina.

Noviembre de 2023. Ancianos lavando un cochazo frente al hotel Four Seasons del paseo de la Reforma. J. S. M.

Los menos parias realizan trabajos subalternos. Las mujeres se dedican al servicio doméstico. Los camareros viven de las propinas y batallones de aparcacoches reciben en consigna cochazos de lujo, de volumen desmedido. La desigualdad es lacerante, duele, porque abundan los demasiado ricos, las mansiones en parcelas inmensas, los barrios jaula de oro. La concentración de magníficos restaurantes de sofisticados diseños, que no he visto en ninguna de las grandes capitales europeas, es, podríamos decir, obscena. La capital del país es un atasco de trafico permanente y, lógicamente, es una de las ciudades más contaminadas del planeta. Su metro es a todas luces insuficiente y a casi todas horas está saturado. El transporte público colectivo sufre graves carencias. Enjambres de furgonetillas y camionetas tratan de cubrir los desplazamientos de los ciudadanos en el extrarradio. Por el contrario, abundan espectaculares centros comerciales de tamaño descomunal y la inversión inmobiliaria en grandes hoteles o en colosales edificios de servicios de más de cincuenta plantas me maravilla. Estos crecen como setas, lo que choca a un madrileñito como yo, en cuya ciudad solo existen cinco construcciones de esas dimensiones. La clase media tiene poco peso. Es normal que un empleado asalariado desayune o almuerce en alguno de los infinitos puestos de comida apostados frente a los edificios de oficinas.

Pirámide de clases sociales. México 2020. Fuente: Secretaría de Economía. INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía). Cifras en pesos mexicanos.

Según me dicen, la enseñanza pública es paupérrima y para enfermar hay que ser millonario y así poder ser tratado en carísimos y magníficos hospitales privados. En los centros públicos falta de todo y las listas de espera son inasumibles. La diabetes y la obesidad causan estragos.

 

Noviembre de 2023. Dos jóvenes obesas en la avenida de Francisco I. Madero. J. S. M.

Los productos frescos son caros y se abusa de los alimentos ultraprocesados, el gran negocio de las multinacionales que campan a sus anchas, a despecho de las campañas gubernamentales que obligan a etiquetar los productos envasados con las leyendas exceso de sodio, exceso de grasas saturadas, exceso de calorías, exceso de azúcares.

Las redes de abastecimiento de agua potable solo alcanzan a un máximo de un 30 por ciento de la población. Los retos y problemas a los que se enfrenta el país son enormes, agudizados por la violencia, la inseguridad ciudadana y la corrupción política.

Desde ese entorno y en la lejanía, he seguido con frialdad la vida política española. He advertido que mis compatriotas, que en general viven bastante bien, aún con idénticos problemas pero, afortunadamente, bastante minimizados, se dejan enredar por cuestiones que crean y fomentan ciertos personajes políticos que solo velan por su propio interés, que conciben polémicas artificiales que polarizan a los ciudadanos, que terminan enfrentándose agria y hasta violentamente. A esos individuos les cuesta encarar las cuestiones acuciantes, importantes de verdad, para las personas y el planeta tierra y no hablan de las tediosas, aburridas cosas que marcan nuestras vidas y las de las generaciones venideras. También vergüenza me da ver tal derroche de energías y comisión de actos vandálicos por el perdón a un caradura sinvergüenza y cobarde cuando se ha perdonado, amnistiado e indultado a tanto delincuente que ha salido de rositas, sin olvidar al de Abu Dabi. Y nadie de ninguno de los dos polos ha rechistado en su momento. Lo que importa es afrontar adecuadamente la gestión de la sanidad, de la educación, del medio ambiente, de la galopante inflación y no entrar al trapo en materias propias de discusiones de sesudos expertos en derecho administrativo. Precisamente, Sergio del Molino se quejaba esta semana con dolor en un artículo de que, en 2011, estaba en una planta del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, donde su hijo esperaba un trasplante de médula, cuando les anunciaron que racionaban los pañales y otros suministros básicos para los niños hospitalizados. Un gestor encargado de los recortes sanitarios más salvajes que se habían visto en democracia decidió que Cataluña no disponía de recursos para la higiene de los niños con cáncer. La gente se manifestó en contra de estas medidas y el gobierno regional de Artur Mas respondió con una carga policial brutal en 2012, que le costó un ojo a una manifestante. Ellos ya pensando en su procés, gastándose dinero del erario público para desarrollarlo y las criaturas enfermas sin lo importante, una atención adecuada. Y tristemente, muchos catalanes les aplaudieron, apoyaron y siguieron en 2017.

Cuando el diablo no tiene que hacer… o, en nuestro caso, no sabe cómo hacer… con el rabo mata moscas.

Y no olvidemos el genocidio de Palestina.