Amanecer en Altea. Foto de Julio Sánchez Mingo

Amanecer en Altea. Foto de Julio Sánchez Mingo
Amanecer en Altea. Agosto 2015. Fotografía del editor

viernes, 17 de enero de 2020


Relato ganador del Concurso Nacional del XII Festival Internacional de Escritores y Literatura de San Miguel de Allende (Guanajuato, México) 2017

La mala tierra
Roberto Omar Román

https://1cruzdelsur.wordpress.com
Hoy no es miércoles ni sábado, hoy no viene a verme Gonzalo; eso me entristece, y siento más tristeza al mirar la calle y ver que no pasa nadie. Todo es triste en este pueblo, hasta su nombre. Todo nos sale mal por acá, y eso es para poner de malas a cualquiera.
Sería en mayo o junio de hace dos años cuando vino mucha gente de fuera con el único propósito de recoger una tierra finita como el azúcar, pero color ladrillo, a razón de que a un abusado1 de aquí se le ocurrió ir pregonando a los pueblos cercanos que tenía virtudes curativas de males del hígado, páncreas y riñón, si se bebía hervida con hojas de elote2.
Esta tierra colorada abunda en todo el pueblo. A donde se mire se le encuentra, pero tiene preferencia en amontonarse en las azoteas, y de ahí irse colando para dentro de las casas, aprovechando cualquier hueco que halle; lo que ocasiona que tengamos que estar encerrados a trancas y a oscuras, porque también la luz la alborota, y comienza a brincotear de un lado a otro sin reposo.
Si por alguna urgencia tiene uno que salir de la casa, hay que hacerlo como chiflido y cerrar con la misma rapidez la puerta. Pero aún, con todas las precauciones, se mete mucha tierra, y cubre todo lo que encuentra al paso, como si echaran puñados de canela molida sobre un mantel blanco recién lavado. Es enfadoso pasarse el día a barre y barre, y eche y eche la tierra en costales para que a la noche, cuando ya está algo aplacada la maldita, ir a vaciarla adonde Dios dé a entender, porque a todos se nos ocurrió esa hora para salir a tirarla. Las peleas por hacerse de un lugar para dejar la tierra son comunes. Y todo para que a la mañana siguiente volvamos a tenerla en la casa.
Por eso, algún listo se dio a la tarea de correr la voz de las bondades medicinales de esta tierra. Llegó mucha gente que hablaban otras lenguas. Nosotros a puras señas les hacíamos entender que se llevaran toda la que quisieran. Nos dejaron unas calles limpiecitas que daba alegría mirar su color verdadero, cuando ya no recordábamos cual era. Locos de alegría muchos nos pusimos a correr; otros, se fueron de rodillas hasta la iglesia a dar gracias a Dios. Abrimos puertas y ventanas de par en par para mirar a gusto a los fuereños llevarse la tierra.
Lo malo del asunto fue cuando empezó a llegar cada vez más gente, y a toda hora. Nos venían a incomodar el descanso con tanto alboroto, ya teníamos varias semanas de mal dormir. Y a decir verdad, las ganas de correr y contemplar el color de las calles se nos habían ido, y lo que ahora queríamos era encerrarnos.
A otro vivo, se le ocurrió el modo de correr a la gente. Cada quien en su casa puso a cocer frijoles negros, y a la mañana siguiente juntamos a todos los chiquillos del pueblo, encuerados, en el kiosco. Cuando los fuereños curiosos se acercaron a mirar, rociamos la cabeza de los escuincles3 con insecticida y les fregamos el cuerpo y la cabeza con escobetilla, dejando caer disimuladamente los frijoles. Se comenzó a correr la voz que había una plaga de chinches. Los forasteros se largaron.
Al quedar de nuevo solos, nos encerramos a dormir los primeros días, y luego a seguir batallando con la maldita tierra que se fue amontonando de nueva cuenta para mal nuestro.
Nos llegaron rumores de que nos apodaban los podridos; según que por pecadores Dios nos castigó con tanta peste. Eso lo recalcó, haciéndonos más grande la fama, la desgracia de un joven mensajero que vino a entregar un paquete de ropa interior para una muchacha casadera. Al pobre lo asaltaron, y como los rateros no quedaron conformes con el dinero que traía, de ribete4 lo amordazaron y asfixiaron con los calzones que venía a entregar. A eso del quinto día hallaron el cadáver casi hecho piedra por la tierra que lo cubrió. El pueblo acordó oficiar una misa de cuerpo presente, por lo que fuimos a casa del carpintero para encargarle la caja, pero éste ni siquiera se dignó en asomarse, sólo se oyó de adentro una voz de borracho que nos mandó mucho a la tiznada5.
Me quiero ir por eso de este pueblo desdichado, donde esta maldita tierra nos ha envenenado también el corazón. Los labios nos pesan para sonreír y la lengua la movemos con dificultad, sea para bien hablar o maldecir. Las palabras son difíciles de oír porque también las orejas se nos han ido tapando.
Lo único bueno para mí es que siempre me ha gustado asomarme a la calle, y en una de esas conocí a Gonzalo. Primero platicamos: él afuera, yo, dentro de la casa; luego me causó lástima que el pobre se estuviera bañando de tierra todo el tiempo, y una noche que mi tía dormía lo hice pasar. Desde esa vez quedamos de acuerdo en que me viniera a visitar los miércoles y sábados por la noche. Me dio unas pastillas para que bien molidas se las echara al té de mi tía para cuando él viniera. Mi tía dormía a ronquido suelto.
El miércoles pasado, Gonzalo se estaba subiendo la bragueta cuando me preguntó quién me había moreteado la nalga. Le respondí quién más, si en la casa sólo vivimos mi tía y yo. Le tuve que explicar que en la mañana mi tía se enojó mucho porque abrí la ventana para darle un taquito a una mujer que andaba cargando a la espalda a un niño que chillaba de hambre. No sé si por darle el taco o por abrir la ventana, me zumbó el pellizco. Cuando terminé de platicarle, Gonzalo dijo la grosería que acostumbra cuando algo lo contraria o le cae en gracia. Su barriga que a duras penas cabe en su camisa, se inflaba de risa como si hubiera tragado sapos. Al mirarlo así, me di cuenta de algo que venía pensando: que no lo quiero, que más bien me molesta cuando me desviste con sus manos gordas y callosas, y al sentir su barba rasposa por mi cuerpo deseo empujarlo. Su sudor huele a meados de asno, y para no dar a entender mi asco de mirarlo encuerado encima de mí, cierro los ojos.
Lo que me anima de Gonzalo es que trabaja de ordeñador en un establo muy grande donde, a decir de él, todo es un mirar de pasto verde y parejito, en donde crecen amapolas y orquídeas. Me gusta que me hable de eso y otras cosas bonitas que dice hay en aquel lugar. Ya me imagino tumbada en esos pastos, bebiendo debajo de las panzas de las vacas la leche tibia, mientras él se entretiene tejiéndome una corona de amapolas. Gonzalo dice que nos casemos en la iglesia de aquí, porque en su pueblo apenas la están construyendo. Me prometió un vestido blanco, pero yo entre bromista y seria le di a entender que no era necesario tanto lío, si nada más iba a tener la ilusión de mirármelo blanco un minuto, porque luego luego se iba a empuercar de tierra. Al oírme decir esto, se quedó pensativo, comenzó a sacudirse los hombros porque allí es donde más coraje siente de cargar la tierra. Yo, nerviosa, no sé si por el temor de que mi tía fuera a despertarse o porque ya había mucha tierra que recoger en los costales, me quedé callada.
Cuando Gonzalo está de buenas se ríe de cualquier cosa. Una vez se me ocurrió decir que esta tierra no conoce la vergüenza porque tiene su mismo color. Y tanto celebró el disparate que, le tuve que tapar la boca con las manos para que no fuera a despertar con sus carcajadas a mi tía.
La otra vez me miró con seriedad y me dijo: “Tienes razón, total, a quién carajos va a importarle si te saco o no de blanco, cuando de ese color ya ni se acuerdan en este lugar”
Yo me sentí más tranquila al oírlo, porque estoy ganando tiempo antes de tener que decirle que las puertas de la iglesia tienen meses de estar cerradas por la tierra que nadie quiere ir a quitar.

1 Abusado: Aguzado, perspicaz, espabilado. Guatemala, Honduras y México..
2 (Del náhuatl élotl). Mazorca tierna de maíz, que se consume, cocida o asada, como alimento en México y otros países de América Central.
3 (Del náhuatl itzcuintli 'perro'). M. y f. despectivo, coloquial, México: niño (persona que está en la niñez).
4 De ribete. Locución adverbial, El Salvador y México: además.
5 Llevárselo a alguien la tiznada. Locución verbal, eufemismo, México: encolerizarse.

viernes, 27 de diciembre de 2019


El dinero es como el estiércol

Julio Sánchez Mingo


Gonzalo Silván Lago: Financieros (Detalle).

¡Qué les den! ¡Qué trabajen! ¡Qué dejen de mendigar! Menos ayudas y más doblar la espalda. Todos pensando en la renta básica. Como esos negrazos, que cruzan el Estrecho para vivir a la sopa boba del estado de bienestar, de todos nosotros.


 —Pero hijo, son personas. Hay que ayudarlos. Huyen del hambre, la miseria, las guerras, el Ébola, del infierno de Pademba Road1. No se puede ser tan egoísta. Tú has tenido mucha suerte: hemos podido pagarte una carrera, inglés en USA y un máster. ¿No puedes compartir algo de ese dineral que ganas, aunque sea vía impuestos?

Siempre ha habido ricos y pobres. ¡Qué se jodan! Qué se busquen la vida en Alemania, que allí tienen mucho dinero.

Los necesitamos, por economía y por demografía. Cuando viajo por la noche en metro, casi todos mis compañeros de vagón son inmigrantes de variopintos orígenes. Regresan de trabajar. Yo sé que a muchos de vosotros os incomodaría esa situación. Pero yo pienso que, gracias a su aportación, podré seguir cobrando mi pensión.
De verdad, no sé para qué quieres amasar tanta fortuna. Como dice el banquero Luzón, enfermo avanzado de ELA: "El dinero es como el estiércol, de nada sirve si no se esparce".

Y yo añado que también huele mal.

PD. La moraleja de este relato es aplicable a individuos, colectividades y naciones.

1 El infierno de Dante está en una cárcel de Sierra Leona. Artículo de El País de 24-12-2019.

El próximo martes 18 de febrero de 2020 tendrá lugar, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, un recital de Ainhoa Arteta a beneficio de la Fundación Luzón.
Pulsar en este enlace para adquirir localidades.
La Fundación Luzón se dedica a la mejora de las condiciones en las que viven los pacientes de ELA y sus familiares y a impulsar la investigación para el desarrollo de remedios contra esta enfermedad.

viernes, 20 de diciembre de 2019


Mi infancia. Años 50


Argimiro Rubio Cuadrado

Benavente.

Iglesias, procesiones y campanas.
Tricornios, caridad, seminaristas.
Letanías de rosarios y sotanas,
y en la radio cantaban las artistas.


Obreros, dependientes, don Fulano,
tratantes, charlatanes, jornaleros.
El médico, el don Nadie, el artesano,
el tonto, los maestros… don Dinero.


El frío, los inviernos, los deseos.
La quiniela, el cupón, la lotería.

El cine, los domingos, los paseos,


las parejas cogidas de la mano,
el río, los amigos, la alegría
de las tardes infinitas de verano.

sábado, 7 de diciembre de 2019


Ante la muerte

Julio Sánchez Mingo

A Fanlito

Zakharchuk/Shutterstock.

La vida humana es un lapso infinitesimal en el devenir del cosmos. Aparecemos sin saber de dónde venimos, sin sentimiento o sensación algunos de cuándo se produjo el hecho del nacimiento, e, igualmente, desaparecemos como por ensalmo, dejando unos restos, unas cenizas o un cuerpo en descomposición que la naturaleza absorbe rápidamente transformándolos en polvo. Eso sí, queda un gran dolor en nuestros deudos y un recuerdo efímero del que en pocos años no quedará ni rastro. La muerte es un largo viaje del que no se vuelve y así se debe afrontar cuando desaparece un ser querido.
Ciertas culturas la asumen como algo natural, consuetudinario, y no la esquivan en sus pensamientos diarios, incluso la celebran.
Eso sí, casi todos nos asimos a la vida con gran afán, es nuestro valor absoluto: la certeza de estar vivos. El miedo al más allá, a lo desconocido, aunque sea tan normal y previsible, nos bloquea, nos espanta.
Yo, que soy optimista por naturaleza y me gusta disfrutar de las cosas bonitas de la existencia, creo que debemos esperar nuestro fin con serenidad y aplomo, ese fin que es nuestro sempiterno compañero de viaje desde nuestra aparición sobre la tierra.

viernes, 29 de noviembre de 2019


Convocatoria del IV Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid, el blog de Julio Sánchez Mingo




Se convoca el IV Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid, con arreglo a las siguientes bases:

 
1.- Podrán concurrir todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, con un solo trabajo.

2.- Los escritos presentados deberá reunir las siguientes condiciones:
a) Estar redactados en español.
b) Ser originales e inéditos.
c) No haber sido premiados ni estar participando en ningún otro certamen.
e) Tener una extensión mínima d
e 1.800 caracteres y máxima de 10.000.
f) Tema: libre.
g) Género: narrativa, divulgación u opinión, a elección del autor.

3.- Los originales se remitirán por correo electrónico en formato .pdf antes de las 24 horas del 15 de abril de 2020.
Para ello se enviará un mensaje
a la dirección diariodemadrid@yahoo.com, con la mención en el asunto IV Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid, que incluya un fichero .pdf conteniendo el trabajo presentado a concurso y otro archivo .pdf donde deberán constar exclusivamente los siguientes datos: nombre y apellidos, nacionalidad, dirección, teléfono y dirección de correo electrónico del creador, título del escrito, así como una declaración de su autoría, asegurando que es original, no estar pendiente de premio en ningún otro certamen y su carácter inédito.

4.- El editor de jsanchezmingo.blogspot.com designará al Jurado. Éste estará compuesto por un mínimo de tres personas y realizará la elección final de la obra ganadora.

5.- Antes del 30 de junio de 2020 se publicará el fallo del Jurado en jsanchezmingo.blogspot.com. Será comunicado simultáneamente por teléfono y correo electrónico al autor ganador, en cuyo momento se le informará también del lugar de entrega del correspondiente premio, que consiste en una obra del acreditado pintor Gonzalo Silván Lago.
El trabajo vencedor será publicado en jsanchezmingo.blogspot.com en los días sucesivos.

6.- El premio no podrá declararse desierto. La decisión del Jurado será inapelable.

7.- No se mantendrá correspondencia con los autores de los trabajos presentados desde la publicación de la convocatoria hasta después del fallo del Jurado, excepto para la aclaración de cuestiones relativas a estas bases o a la correcta recepción de los trabajos presentados a concurso. La resolución de todas las cuestiones que puedan surgir o plantearse sobre este certamen son de exclusiva competencia del editor de jsanchezmingo.blogspot.com en calidad de convocante.

8.- La participación en este concurso supone el conocimiento y aceptación de las bases que lo regulan, así como el acatamiento de cuantas decisiones adopte el editor de jsanchezmingo.blogspot.com en lo relativo a su interpretación y aplicación.


Madrid, noviembre de 2019

Diario de Madrid, el blog de Julio Sánchez Mingo
jsanchezmingo.blogspot.com

viernes, 15 de noviembre de 2019


Ciudadanos, un partido irrelevante a punto de ¿desaparecer?


Julio Sánchez Mingo


Encuesta de Metroscopia para El País. 11-03-2018.

Yo pronostiqué que, si Cs pactaba con PP y Vox, se convertiría en un partido irrelevante. Así ha sido.
Si ahora, tras las elecciones, no apoya la investidura de Sánchez, desaparecerá.
Cooperando con una extrema derecha en minoría en el Congreso, su capacidad de influencia en la política nacional será nimia, sus diputados serán simples convidados de piedra. Desde la posición de poder que da ser la llave de la gobernabilidad del país, tendría cuatro años para desarrollar un proyecto atractivo para un gran conjunto de ciudadanos que no es de izquierdas pero que rechaza los excesos extremistas y populistas de Vox y su socio Casado. Además sería un importante contrapeso a ciertos planteamientos radicales de UP.
Algo que les debería animar en esta línea de colaboración es la cláusula del acuerdo alcanzado el pasado martes entre PSOE y UP: cualquier propuesta para Cataluña debe estar amparada por la Constitución. También, el apoyo de Cs a esta investidura liberaría al nuevo gobierno de servidumbres en relación a los partidos independentistas.
Es más, su peso sería enorme si acordaran con el PSOE descabalgar a PP y Vox de los gobiernos regionales de Madrid, Andalucía y Murcia. Y no digamos si en el ayuntamiento de Madrid se concertaran con PSOE y los desvalidos herederos de Carmena, algo factible, aupando a Villacís a la alcaldía. Entonces Ciudadanos sí tendría futuro como partido, como partido clave.
¡No se precipiten con planteamientos drásticos! Escuchen a Carreras y Garicano y refúndense.

viernes, 8 de noviembre de 2019

IV Premio La Foto del Verano de Diario de Madrid. Resultados

Bajo la lluvia, de David Moya Rubio, de Madrid, ha resultado ganadora del IV Premio La Foto del Verano de Diario de Madrid, de acuerdo con las votaciones del jurado, compuesto por Chon Zuza. Marisol Martínez, César Rodríguez, Miguel Ángel Valenzuela y Gonzalo Silván.

Enhorabuena al vencedor, que recibirá en breve el correspondiente galardón, una acuarela del insigne pintor Antonio Lago Rivera (1916-1990), y a los finalistas. Muchas gracias al resto de participantes por su contribución y esfuerzo y a los miembros del jurado por su inestimable labor.

La fotografía premiada y las obras finalistas pueden apreciarse más abajo, así como una selección del editor de otras imágenes presentadas al concurso.




Foto ganadora


David Moya Rubio: Bajo la lluvia.



Fotos finalistas


Luis M. de Blas Muela.



David Moya Rubio: Claro en el bosque.



María Yañez.



Mar Domenech Morante: Aguacate partido en el mar.



Nadia Álvarez.



Robin Davies.



Arturo Martínez González: In memoriam.



María Yañez.



María Yañez.



Robin Davies.



Mar Domenech Morante: Envuelto en lluvia.



Angélica Lebeña Caldevilla.



Nadia Álvarez.



Pablo Varón: Antelope Canyon.



Arturo Martínez González: Verano en el norte.



Arturo Martínez González: Tormenta al atardecer.



Blanca Barranco Saiz.



Mar Domenech Morante: Montaña mirándose en el espejo.



David Moya Rubio: Salvando las distancias.



Selección del editor

Campo García Rodríguez: Tras las cortinas.



Isabel Fernández Asís.



Maricarmen Rizo: Somos imparables.



Angélica Lebeña Caldevilla.



Robin Davies.



María Yañez.


Eduardo Pita Andreu: Reposo al atardecer.

viernes, 18 de octubre de 2019


Mi vecina de Porto Salvo

Julio Sánchez Mingo

Fotos del autor

Via Indipendenza, a primera hora de la mañana.

Es un callejón, lo llaman vico, de menos de cuatro metros de ancho, que va del paseo marítimo, lungomare, a Via Indipendenza, la calle comercial del antiguo barrio de pescadores y olivareros de Porto Salvo, en Gaeta, milenaria ciudad, el origen de cuyo nombre atribuye Virgilio en la Eneida a Caieta, la nodriza de Eneas, que por estas tierras fue enterrada. Allí habita María.

La luz cegadora del Golfo, en el Tirreno, lo baña todo. Lamentablemente, el panorama resulta ensombrecido por la presencia inquietante, y a veces ruidosa, de dos gigantescas máquinas de guerra, de muerte. Un buque de comando anfibio portahelicópteros, nave insignia de la VI Flota gringa, la del Mediterráneo, de 189 metros de eslora, clase Blue Ridge, y un gigantesco catamarán de transporte, clase Spearhead, con su doble casco construido en aluminio, de 103 metros de eslora y capaz de alcanzar 45 nudos de velocidad, más de 83 kilómetros por hora, ¡el sueño de cualquier narcotraficante!

El lungomare, orientado a Levante, es un lugar ideal para sentarse a leer a la caída de la tarde.

La belleza ensombrecida por la personificación de la muerte.

Porto Salvo, antiguamente llamado Borgo Nuovo, por haberse desarrollado fuera de las murallas de la ciudadela medieval de Gaeta, reúne todos los tópicos napolitanos, a pesar de pertenecer a la región de Lacio, cuya capital es Roma. Aquí se aposentaron los Anjou, que fueron desalojados por los aragoneses y, antes de la unificación de Italia, fue parte del reino borbónico de Nápoles, como reflejan sus edificios singulares, especialmente su castillo Angioino-Aragonese. Sus calles, estrechísimas para protegerse del sol, empedradas con baldosas cuadradas de basalto o caliza de notable tamaño, están flanqueadas por modestas casas de dos o, máximo, tres alturas. De sus balcones cuelga la ropa tendida. Aquí la vida privada es imposible. Tampoco la buscan sus habitantes, dotados de una notable extraversión. Cualquier conversación es escuchada en las viviendas enfrentadas o colindantes y, a veces, se oye a alguna pareja jadear de amor.

Gaeta medieval vista desde el istmo de Monte Orlando.

Via Indipendenza, cuya anchura no supera los cinco metros, está cuajada de todo tipo de establecimientos, desde la librería Il Sole e la Cometa, donde atiende la juvenil y simpática Rosanna, al local de Santos, un torrefactor napolitano que se presta gustoso a darte una conferencia sobre las variedades del café y su modo de prepararlo de forma óptima con una cafetera moka la italiana de toda la vida, pasando por fruterías, carnicerías, panaderías, colmados, algún bar y el imprescindible chino de turno, que vivimos en la época de la globalización. Es un reducto del pequeño comercio, lo que ahora llaman tiendas de proximidad. La actividad empieza muy pronto, la mayoría abre a las nueve, algunos bastante antes, se interrumpe a la una, entonces se convierte en una calle solitaria y tranquila, para reabrir de cinco a ocho y media de la tarde. A las siete la animación es máxima, con un incesante ir y venir de parroquianos que se saludan continuamente.

26 de septiembre de 2019. Fiestas de los Santos Cosme y Damián. Procesión en Via Independenza. 

Frente a la casa de mi anfitrión, il Dottore, así le dicen todos, vive María, una simpatiquísima anciana que pasa las mañanas sentada a la puerta de su vivienda, en el vico. Para desplazarse sólo usa silla de ruedas y no se deja convencer por nosotros para caminar hasta el lungomare, a treinta metros de distancia, cogida de nuestros brazos, para sentarse frente al mar. Por las tardes sigue la misa y el rezo del rosario a través de un televisor con el volumen del sonido a todo trapo. De sonrisa sempiterna, transmite optimismo, felicidad, ganas de vivir, a pesar de que su existencia se reduce a los pocos metros cuadrados de su casa, una construcción de una sola planta con altillo, con acceso directo desde la calle a la única pieza, que hace las veces de estar, comedor y cocina, casi toda ella ocupada por una gigantesca cama. La acompaña Olga, su badante, su cuidadora, una señora rumana, también muy comunicativa, que se dedica a parlotear por todo el vecindario y a conversar por el telefonino.
Me maravilla el espíritu de María. Con qué poco se puede vivir y ser feliz.

En poquísimo tiempo le he cogido cariño a todos ellos.
¡Son tan simpáticos, sociables y acogedores!

Gaeta desde Formia. De izquierda a derecha: la ciudad medieval, Monte Orlando y Poerto Salvo.