31 marzo 2026

 

El poder verdadero

Julio Sánchez Mingo



La idea no es mía. La he tomado prestada de una entrevista hecha a Josep María Pou, el actor, el gigantón de las tablas, que con sus más de uno noventa de estatura y más de 80 años, todavía se sube al escenario y arranca los aplausos de los espectadores.

La idea es suya y es demoledora: el poder real, verdadero, auténtico, es tener la posibilidad y la capacidad de poder hacer el bien. Hacer el bien a la comunidad que te rodea, a tu entorno, a aquellos que, de una manera u otra, dependen de ti. Verlos felices es algo muy reconfortante que genera una infinita satisfacción.

Por ello, un individuo como Trump es un fracasado, un débil que sólo genera dolor a su alrededor y despierta los bajos instintos de los que le siguen, que nunca serán dichosos, y que a su vez, van conformando una bola de nieve que crece y crece y que, lamentablemente, alcanza a tanta gente. Tampoco un capitán de empresa como Fink, que dirige Blackrock, es un espejo en el que mirarse, al tratarse de un hombre cuyo único objetivo es impulsar la codicia humana y que las personas sólo piensen en el dinero. Basta observar el semblante de ambos para percibir que la alegría no les invade.

El camino a la felicidad está en los demás y en lo que ellos nos transmiten y proporcionan. La satisfacción personal circunscrita a nuestro ego no es el mejor camino para lograr el bienestar y la alegría.

09 marzo 2026

Una Dolorosa del siglo XXI

Julio Sánchez Mingo

 


La vida es para una persona, para un humano, su único bien absoluto. El derecho a vivir debería ser siempre respetado, en todo momento y lugar. Por ello, quien desata una guerra, un enfrentamiento que causa muertes, independientemente de cualquier justificación, de los argumentos aportados —siempre refutables—, se convierte automáticamente en un asesino, al igual que el gobernante de cualquier país que reprime a su ciudadanía y quita la vida a cualquiera de sus connacionales. Lo vemos a diario en Darfur, Minneapolis, Teherán, Managua y tantísimos otros lugares del planeta.

Si además la víctima es un menor, un niño, ¿qué podemos decir? No hay pretexto alguno para cercenar el futuro de una criaturita como la que aparece en la fotografía que muestra, en la imagen de portada, una pobre mujer, rota por el dolor. Es una de las tantas víctimas de Minab a la que se ha arrebatado una adolescencia presumiblemente feliz, una juventud llena de ilusiones, aunque sobre ella planeara la amenaza de la represión del truculento régimen de su país. Querido lector, ¿no se te quiebra el corazón? ¿No maldices al que se arroga el derecho de decidir sobre la vida y la muerte de sus prójimos, siempre tan vil que no es capaz de confesar sus intereses reales, descargando la culpa de sus execrables actos en los demás?

 

Recreación componiendo la bandera gringa de Enrique Flores de la fotografía aérea que muestra las fosas preparadas para dar sepultura a las víctimas de Minab.