La botellita
Julio Sánchez Mingo
A Gonzalito, nacido el pasado sábado, en la esperanza de que goce de un planeta verde
No hay gesto más ecológico que abrir el grifo del agua fría y llenar un vaso para beber, prescindiendo de la consabida botellita de plástico de agua envasada. Un lujo que, afortunadamente, en Madrid nos podemos permitir. Así evitamos un mayor consumo de PET (Polietileno tereftalato) y la engorrosa, difícil y cara tarea de su recogida y reciclado. Lamentablemente, casi siempre, esa diabólica botellita termina diseminada por todas partes, en tierra y mar, como nos muestran todos los días los medios de comunicación.
No hay gesto más ecológico que abrir el grifo del agua fría y llenar un vaso para beber, prescindiendo de la consabida botellita de plástico de agua envasada. Un lujo que, afortunadamente, en Madrid nos podemos permitir. Así evitamos un mayor consumo de PET (Polietileno tereftalato) y la engorrosa, difícil y cara tarea de su recogida y reciclado. Lamentablemente, casi siempre, esa diabólica botellita termina diseminada por todas partes, en tierra y mar, como nos muestran todos los días los medios de comunicación.
Y no solo es eso. Transportar toneladas de agua embotellada —más los cascos retornables de la consumida en hostelería— implica la emisión a la atmósfera de volúmenes ingentes de gases nocivos, un castigo excesivo que no deberíamos imponerle a nuestro planeta y que las generaciones sucesivas, con Greta Thunberg ―la jovencita sueca del chubasquero amarillo― a la cabeza, ya nos están afeando. Aunque les falte coherencia, como a su hermana Beata, que camina a su lado, en una manifestación, con una botella de plástico en la mano.
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Henrik Montgomery. EFE |
Madrid dispone de unas magnificas redes de abastecimiento de agua y saneamiento. Su construcción infligió grandes heridas a la madre tierra ―no hay nada gratuito―, en forma de obra pública. ¡Cómo para no aprovecharlas al máximo! Afortunadamente, en casa, casi todos bebemos agua del grifo.
Quien no se aplica el cuento es Pablo Casado, que no utiliza jarras de agua en sus intervenciones, algo que sí hacen presidencia del Gobierno en Moncloa y la sala del Supremo que juzga a los golpistas catalanes.
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larazon.es |
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Fernando Calvo |
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EFE / ATLAS |
Tampoco predica con el ejemplo el ciudadano presidente Macrón, que, en sus reuniones de gabinete, ofrece a sus colaboradores botellitas de plástico de agua embotellada en lugar de maravillosas carafes d’eau de Baccarat de la cristalería del Elíseo. Su comportamiento es bastante chocante cuando, en cualquier restaurante de París, con el servicio de mesa, ponen una jarra de Chateau La Pompe (1) y un cestillo de pan que, por el momento, no están repercutiendo explícitamente a los clientes en las correspondientes cuentas.
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Ludovic Marin. EFE |
En Madrid, es un batallar constante pedir una jarra de agua en un restaurante. Muchas veces, con el mayor de los descaros, sirven directamente una botella de agua envasada, cuando no dicen que no tienen jarras y te ofrecen un triste vaso.
Era frecuente la imagen que ofrecíamos los niños ―sofocados y sedientos por nuestros juegos callejeros― de entrar en un bar y pedir, por favor, un vaso de agua que, graciosamente, nos ponían. Es cierto que, cuando asomaba el vigésimo mozalbete, el tabernero, harto, decía: ―No hay más agua.
Fuentes públicas siempre hubo pocas y, la mayoría de ellas, están desaparecidas o cegadas.
Por cierto, en esta ciudad casi ningún camarero, suelen ser de fuera, sabe lo que es una jarra de Fino Canalillo (1). El Canalillo es como dicen los castizos al Canal de Isabel II, CYII, la compañía pública abastecedora de agua potable.
Los suizos, riquísimos negociantes, en la sostenible Zermatt —donde prohibieron los vehículos de motor de explosión en ¡1966! y, desde entonces, solo pudieron circular coches de caballos, posteriormente sustituidos en 1978 por automóviles eléctricos, siempre de servicio, nunca particulares—, cobran por una botella de agua del Matter (1) —su río, alimentado por las nieves y los glaciares del Matterhorn (Cervino en italiano y español)—. Por el agua mineral cargan un buen pellizco, un importe más que disuasorio.
En Viena se consume agua del grifo en todas partes, pero en los restaurantes llegan a pedir hasta 9 euros por una botella de agua embotellada, siendo como es una ciudad barata, mucho más que Madrid.
¿Por qué la hostelería madrileña no aprende la lección de helvéticos y austriacos y suprime el agua envasada?
Hay una taberna en Madrid que cobra por una jarra o un vaso de agua una cantidad irrisoria pero, lamentablemente, su precio de la embotellada es también ridículo.
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J. S. M. |
También en Suiza, la entidad Promoción de Salud Suiza, en colaboración con las compañías de suministro de gas y agua potable, ha creado una página web, chateaulapompe.ch, para la promoción del consumo de agua del grifo.
Para hacerse una idea de cómo las gastan los suizos, basta decir que, desde 1994, los camiones en tránsito por su territorio son transportados por ferrocarril, cargados a bordo de vagones plataforma.
A los madrileños que van a todas partes con su contaminadora botellita en el bolso o la mochila, yo les pediría que se compren una pequeña cantimplora y la rellenen, en casa o en el lugar de trabajo, con agua del CYII.
Luchar contra la contaminación, contra la generación de residuos, evitar el cambio climático, son tareas muy caras, que siempre perjudican económicamente a alguien. Hemos cerrado las minas de carbón, mandando al desempleo a miles de esforzados mineros, igual que cerramos cientos de librerías por el auge de nuevos modelos de negocio de venta de libros como Amazon. Siempre hay afectados pero, si no paramos la deriva suicida del medio ambiente, no habrá dinero suficiente que nos salve a todos. Igual se debe hacer, aunque no nos guste, con la fabricación de plásticos o el embotellado de agua y su distribución.
Es tarea de los responsables gubernamentales reducir al máximo todas estas disfunciones y organizar y asignar recursos para que haya trabajo para todos. Realmente es para lo que los queremos y los necesitamos.
(1) Agua del grifo, en román paladino.
PD. Afortunadamente, el Parlamento Europeo empieza a moverse en la misma dirección que se propugna en este artículo, según informan Álvaro Sánchez y Laura Delle Femmine en su crónica La UE quiere que bebas agua del grifo, publicada ayer en El País.
PD. 03-04-2019. El Gabinete Técnico de la Alcaldía de Madrid Informa:
Desde enero de 2017 la alcaldesa y los
concejales del Ayuntamiento de Madrid han sustituido, en el pleno en Cibeles, las botellas de plástico por jarras de agua como
gesto ejemplarizante, según el nuevo modelo de gestión de residuos que el
área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento está
desarrollando en la actualidad, con un objetivo en el
año 2020, fijado desde Europa, de reducción de residuos en
un 20 por ciento y de aumento de hasta un 50 por ciento de materiales reciclados. Es un compromiso municipal adquirido en la
Cumbre COP 21 celebrada en París, en diciembre
de 2015.
El Ayuntamiento de Madrid está comprometido con el derecho fundamental de acceso al agua y con la calidad de la misma, por lo que se ha adherido a las iniciativas Progrifo y Blue Community. Para ello se ha aprobado, en el pleno celebrado el 24 de julio de 2018, con el voto favorable de Ahora Madrid, PSOE y Ciudadanos, la proposición presentada por el Grupo Municipal Socialista, para asumir, con carácter permanente, una serie de principios que reconocen el agua como un derecho humano y que promueven el consumo del agua del grifo.
El Ayuntamiento de Madrid está comprometido con el derecho fundamental de acceso al agua y con la calidad de la misma, por lo que se ha adherido a las iniciativas Progrifo y Blue Community. Para ello se ha aprobado, en el pleno celebrado el 24 de julio de 2018, con el voto favorable de Ahora Madrid, PSOE y Ciudadanos, la proposición presentada por el Grupo Municipal Socialista, para asumir, con carácter permanente, una serie de principios que reconocen el agua como un derecho humano y que promueven el consumo del agua del grifo.