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21 septiembre 2024

Patrimonio sentimental. La Salita degli Scalzi

Per quattro lire in più


Julio Sánchez Mingo


07:04, 8 de septiembre de 2024. J. S. M.

Hace ya años, Luis Fernández-Galiano, arquitecto, catedrático de Proyectos, miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, escribía “… el patrimonio arquitectónico pertenece al arte y a la historia; pero pertenece aún más al sentimiento…”. Yo añadiría que también el paisaje, el territorio, el entorno que nos rodea o el árbol que nos procura oxígeno y hemos visto crecer desde chavales, pertenecen a nuestro patrimonio colectivo y personal, nos identificamos con ellos, y su desaparición o su alteración afectan a nuestras emociones. Cuando se destruyen, alteran o dañan esos bienes, materiales o inmateriales, se nos produce dolor. Una compañera de trabajo me narraba que, siendo niña, lloraba desde su ventana viendo talar los árboles de Doctor Esquerdo cuando se suprimieron los bulevares de las Rondas, espacio muy importante para ella pues se trataba de su lugar de reunión y juego, que desapareció de un plumazo para siempre. Esa actuación municipal dio paso al ruido y la contaminación, a la pérdida de valor de los inmuebles y, por supuesto, a la aflicción de muchos madrileños con un mínimo de sensibilidad. Casi siempre, la causa de esos desmanes es la codicia humana, el dinero que unos pocos obtienen a costa de perjudicar a muchos, la ignorancia, la carencia de perceptibilidad, la pobreza de espíritu, la falta de visión, la mayoría de las veces con la complicidad de los gestores públicos, fieles a sus intereses espurios.

Muchas son las normas y regulaciones para evitar tantas tropelías, pero el ansia de dinero hace trabajar la mente de aquellos que venden su alma por un céntimo de euro para obviar cualquier precepto legal o moral, faltos absolutamente de empatía hacia los demás.

Las muestras de estos desafueros contra la ley o contra el sentir del ciudadano, son infinitas. Todos sabemos de alguna que nos ha afectado directamente, pero hay una que en las últimas semanas me ha dolido especialmente.

En Gaeta, en Italia, Porto Salvo también llamado el Borgo, que fue municipio independiente de 1897 a 1927 con el nombre de Elena, en honor de la entonces princesa homónima, futura reina de Italia es el antiguo barrio de pescadores, marineros y campesinos. Su arteria principal es la enlosada de basalto negro Via Indipendenza, a mitad de cuyo trazado se abrió hace unos meses un restaurante taberna de nombre Bless, apelativo un tanto sarcástico en este caso. Frente al establecimiento hostelero, que ya ocupa con mesas y sillas de su terraza al aire libre parte de la estrecha, comercial y peatonal calle, se abre una larga escalinata que sube a la iglesia de Santa María de Porto Salvo, también llamada degli Scalzi por el desaparecido convento anexo de los Agustinianos Descalzos que también ha sido invadida con más sillas y mesas del negocio. Un rincón mágico, paso obligado para dirigirse al templo, se ha vulgarizado y ha perdido su encanto. El propietario y promotor del desaguisado ha hecho gala de una falta absoluta de respeto y consideración hacia sus convecinos y transeúntes, especialmente los fieles que acuden al lugar de culto y las cofradías religiosas que procesionan a sus venerados Santos Cosme y Damián.

Imagen promocional del establecimiento.

Para mayor escarnio, en su correspondiente página web se muestra un bonito dibujo de la Salita degli Scalzi ¡antes del estropicio!


Dibujo promocional del establecimiento.

Al parecer, no estoy muy seguro de todo ello no he leído ninguna noticia fiable al respecto, sólo he escuchado comidillas la presión ciudadana para revertir el desatino ha sido notable, han intervenido hasta los tribunales y el ayuntamiento ha mirado para otro lado.


Junio 2023. Sin establecimiento hostelero. J. S. M.

La gente con alma noble, sentido ciudadano, conciencia y responsabilidad se autolimita y se autocensura, pero hay muchos que tienen una caja registradora por corazón y aprovechan cualquier circunstancia que les pueda favorecer para elevar sus beneficios.

 

PD. Bien dice el poeta gaetano Alessandro Vaudo: “Hay quien de una iglesia hace un restaurante”.

Inspirado en el artículo, ha escrito esta misma mañana este texto:

 

Per quattro lire in più

 

Non posso parlare,

di cose importanti

perché non lavoro

e lo faccio lo stesso


ma chi di dovere,

che potrebbe anche agire,

riesce sempre a trovare

altre cose da dire,


per quattro lire in più,

per quattro lire in più.


Si oltraggiano leggi, le quali han deciso,

gli stessi malvagi, chi poi avrà voluto

fossi l'escluso del lor sporco gioco,

riempire le tasche e tradire anche il voto.


Per quattro lire in più,

per quattro lire in più.


Si vendono all'asta, ai concessi ai lavori,

permessi edilizi, posti auto e condoni.

Riempire le tasche sembra quasi un dovere

e a farne le spese, chi non ha il capitale.


Per quattro lire in più,

per quattro lire in più.


Chi ruba al demanio, chi impreca il demonio,

chi fa di una chiesa quasi il suo ristorante,

non manca più niente, più niente è abbastanza,

che oramai l'indecenza è lamentarsi in sostanza.


Per quattro lire in più,

per quattro lire in più.


Per quattro lire in più,

per quattro lire in più.


Alessandro Vaudo

Gaeta, 21 settembre 2024.



 

01 junio 2024

¿Quién quiero que hoy gane la Champions?

Julio Sánchez Mingo

 


¿Quién quiero que este sábado gane la Champions? ¿El Madrid o el Borussia?

Desde niño fui seguidor de los merengues. La primera vez que acudí al Bernabéu el viejo Bernabéu, con miles de localidades de pie, fue con mi padre. Yo era un chaval y me llevó a ver un Madrid-Córdoba de Liga. Ganaron los madrileños por 5-3 y jugó Di Stefano, que metió alguno de los goles. Un grandísimo jugador, ya entonces en declive, que dio muestras de su excepcional calidad. También un visionario, que llamaba La fábrica al estadio. Con catorce años me hice socio infantil junto con otros compañeros del colegio y aguanté hasta junio del 77, cuando me dí de baja porque los partidos me parecían soporíferos. Fueron más de diez años pasando frío o calor, mojándonos si llovía o nevaba el público llegaba a encender fogatas en las gradas para calentarse, de pie, en el Fondo Sur. Aunque si el campo no estaba muy lleno, en la segunda parte nos colábamos en las localidades de asiento del Segundo Anfiteatro de Preferencia, el graderío que daba a Castellana. Ahora las autoridades y paniaguados ocupan el costado que mira a Padre Damián, donde estaba la demolida piscina. Allí aprendió a nadar, con muy buena técnica, un excelente y cercano amigo, casi un hermano, a lo que ha sacado mucho fruto el resto de su vida. Su madre siempre estuvo orgullosa de haberlo enviado allí, a las instalaciones de un club deportivo de campanillas.

Si por todo ello fuera, por mi amigo César, por Antonio Arias, por la ilusión que albergan tantos niños de todo el mundo, preferiría que ganara el Madrid, aunque lamentaría el disgusto de los críos alemanes.

Pero… ahora todo ha cambiado y los sentimientos de unos y de otros no cuentan.

Lo que es bueno para las arcas y los éxitos del club porque legalmente sigue siendo un club deportivo que dirige el taimado empresario Florentino Pérez, es malo, muy malo para la ciudad y sus habitantes. Y lo es con la colaboración de su lacayo, el alcalde Ameida, y toda la estructura del ayuntamiento puesta a su servicio.

Todo empezó a torcerse en 2001 con la recalificación de la Ciudad Deportiva de la Castellana que Pérez consiguió arteramente gracias a sus influencias políticas hasta Aznar, entonces presidente del Gobierno, intervino. Era un conjunto de instalaciones deportivas y zonas verdes modélicas, un pulmón al norte de Madrid, que a todos beneficiaba y a nadie molestaba. En su lugar se han ido construyendo hasta cinco torres de gran altura, congestionando la zona y disparando los niveles de contaminación. Por aquel entonces ya estaba gestándose en su proximidad la Operación Chamartín, el soterramiento de las vías del mayor nudo ferroviario de España, para levantar sobre ellas miles de oficinas, viviendas y locales comerciales, con unas ridículas zonas verdes como premio de consolación para la ciudadanía. Un auténtico dislate que, si sumamos el pelotazo de Pérez, se convierte en una atrocidad.

Esa recalificación dio alas a nuestro protagonista para convertir un club de fútbol histórico en un gran negocio del espectáculo que pasa por encima de los intereses de los madrileños y altera negativamente la ciudad.

A mí me molestó especialmente que se empezaran a celebrar los triunfos gestas deportivas como reza su histórico himno de la institución en Cibeles. En medio de la histeria colectiva, se agrede un monumento histórico, se pisotean y destrozan los ajardinamientos de los paseos del Prado y Recoletos, la gente se encarama a los árboles. Ninguno de los sucesivos alcaldes, en un alarde de demagogia y populismo, se ha atrevido a plantarse y terminar con ese despropósito. ¿Por qué no acuden en masa a celebrar y divertirse al propio Bernabeu o a la ciudad deportiva de Valdebebas? En mi época de socio, hubo un año en que el equipo ganó la Liga. En el último partido del campeonato, miles de forofos saltamos al terreno de juego a celebrarlo con los jugadores. Los grises no lo impidieron. Eran pocos y, sentados en una banqueta, se entretenían mirando plácidamente el desarrollo de los encuentros. No como hoy en día en que hay centenares de vigilantes de seguridad mirando hacia la grada. Se destrozó el cesped. Al bueno de Calpe, el Carvajal de entonces, le hicimos jirones la camiseta. Conociendo el percal, aguantó la situación con paciencia, cara de susto y, yo creo, de fastidio.

La ambición y codicia de Florentino no tienen límites. Su ampliación del Bernabéu ha convertido ese espacio en un gigantesco recinto dedicado a factoría de música industrial actividad ajena a las prácticas y competiciones deportivas, situada en un barrio residencial, ya de por sí bastante saturado. En cualquier lugar, las industrias nocivas y contaminantes son erradicadas de los núcleos de población. Menos en este caso. El proyecto incluye la construcción de dos aparcamientos y un túnel que implica además la tala de casi un centenar de árboles. Todo trufado de irregularidades en la tramitación urbanística y la ejecución, que huele, por lo menos, a corrupción, prevaricación y tráfico de influencias De momento, la semana pasada, un juzgado ha parado esta parte de la obra a petición de los vecinos damnificados, con frases de la sentencia verdaderamente demoledoras. A pesar de ello, el municipio y el Madrid recurrirán.

Para más inri, un día de mayo de 2023, eldiario.es reveló la existencia de un informe del ayuntamiento donde sus propios técnicos desechaban el proyecto. No es que fuera un análisis muy crítico con sus jefes, pero incluía dos términos, en contradicción e incompatibilidad, que fueron un jarro de agua fría a los planes de la alcaldía. Cuando los vecinos perjudicados solicitaron el expediente, el documento había desaparecido.

Mientras tanto, la planta, la cadena de producción, ha empezado a funcionar. Se celebran conciertos multitudinarios, como los dos de Taylor Swift de esta semana. Las calles adyacentes se ven inundadas de gigantescos camiones que alimentan la fábrica, se cortan las vías cercanas y residentes, oficinistas y escolares tienen dificultades para acceder a sus viviendas, centros de trabajo y aulas. Y… el ruido. Un ruido insoportable que, en los ensayos durante todo el día, en la tarde noche durante las actuaciones, martiriza a todos, a la gente que en sus casas tiene que gritar para poder entenderse y no puede ni ver la televisión ni descansar, a los estudiantes que no pueden concentrarse en las explicaciones de sus profesores y a aquellos que se están ganando el sustento. Las vibraciones son tan intensas que el otro día a un paciente mayor no hubo manera de tomarle la tensión en el centro de salud de la calle Segre, a 200 metros de distancia, porque las ondas acústicas interferían con el tensiómetro.

Según la Ordenanza Municipal de Protección contra la Contaminación Acústica, el máximo permitido de emisiones al exterior durante la noche no puede superar los 58 dB. En horario de mañana o tarde el límite aumenta a los 63 dB. En la calle Concha Espina, 8, frente al Fondo Sur, las mediciones efectuadas durante un concierto ofrecido por Telefónica hace pocos días registraban 84 dB con la ventana abierta y 68 dB con la ventana cerrada. Nótese que la escala del ruido en decibelios es exponencial, lo que implica que cada 3 dB se duplica el nivel de ruido.

El estadio opera con una licencia para uso deportivo privado pero, para los conciertos, el club solicita un permiso especial que el Ayuntamiento de Madrid avala y el Gobierno regional autoriza. ¿No es esto prevaricación?

Hay un detalle muy preocupante. Según informa Jacobo García en El País del pasado lunes 27 de mayo: “… Los cuatro mejores bufetes de abogados de Madrid, despachos con nombre de apellidos compuestos, rechazaron el caso de los vecinos quejosos del Bernabéu en su lucha contra Florentino Pérez y el Ayuntamiento de Madrid, según reconoce Enrique Martínez de Azagra, portavoz de la Asociación de Vecinos Perjudicados por el Bernabéu, que llamó a la puerta de todos esos despachos. Peleaban no solo contra uno de los hombres más poderos de España, sino contra una Administración que ha hecho del nuevo Bernabéu su seña de identidad. La punta de lanza de la Marca Madrid. Tampoco fue fácil movilizar a un barrio madridista por los cuatro costados, acostumbrado a celebrar con su estadio cada victoria blanca… (sic)”.

El colmo del cinismo y la tomadura de pelo lo ha protagonizado esta semana Carabante, concejal, entre otras áreas, de Medio Ambiente.

Según ha declarado, todos los espectáculos que se han celebrado estos días en el Bernabéu han superado los límites sonoros y están expuestos a sanciones. Éstas serán impuestas a los promotores musicales, pues son ellos los que solicitan las autorizaciones. Los importes de las mismas oscilan entre los 600 y los 300.000 €, de acuerdo con el artículo 62 de la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica y ha precisado que las multas que se van a proponer, como muy graves, alcanzan los 20.000 euros. Estimando a la baja, la recaudación de un solo concierto de la showwoman gringa, que nos ha visitado esta semana, ha sido de 6.500.000 €, lo que supone castigar con un ridículo 0,38 %. El coste de su alojamiento en una suite del Villamagna ha ascendido a 25.000 € por noche.

El plan del Madrid es ofrecer un mínimo de 200 conciertos al año.

Me pregunto si no nos hemos vuelto locos. ¿Cómo se puede llegar a situaciones como la presente? ¿Es esta la ciudad que queremos y la convivencia que buscamos, a costa del sufrimiento ajeno?

Y me duele que dirigentes que deberían ser modélicos, espejos en los que reflejarse y guías a seguir, manipulen los sentimientos de la gente y, además, enloquezcan y sacrifiquen todo por adorar al becerro de oro.

03 febrero 2023

Las chimeneas de Botín

Julio Sánchez Mingo

A Campito, flamante abuelita, que allí fue feliz



Madrid es una población, como tantas otras, pasto de la especulación y la corrupción. El ayuntamiento de la ciudad y sus responsables políticos no trabajan para hacer la vida más fácil, saludable, habitable y confortable a sus ciudadanos, los que satisfacen impuestos y tasas. El ruido que se soporta, el aire que se respira, la congestión urbana que nos ahoga, son el resultado de un desarrollismo desaforado sin criterio racional alguno, supeditado a los dictados de ciertos grupos de poder y élites económicas, a cuyos intereses se pliegan sin rechistar la corporación municipal y la administración regional. Ejemplos hay muchos, pero hoy me voy a centrar en uno verdaderamente emblemático, la operación Canalejas.

Como consecuencia de la concentración bancaria, el Banco Santander se convirtió en el propietario de los inmuebles históricos que ocuparon el Banco Hispano Americano, el Banco Español de Crédito y el Banco Zaragozano, situados en la manzana delimitada por las calles de Alcalá y Sevilla, la plaza de Canalejas, la carrera de San Jerónimo y la Puerta del Sol. En 2004, su presidente Emilio Botín decidió construir una faraónica ciudad financiera en el municipio de Boadilla del Monte y trasladar allí todos los servicios centrales de su entidad. Todo pasaba por hacer caja vendiendo los activos inmobiliarios del llamado Complejo Canalejas y obtener una lucrativa recalificación urbanística descatalogando muchos bienes de interés cultural. Y así se hizo, de forma que se optimizaron los beneficios de todos los sucesivos intervinientes en este negocio. Con la connivencia de las administraciones públicas competentes, tras un largo proceso salpicado de escándalos y corruptelas —piezas maestras de la contigua Academia de Bellas Artes dañadas por las vibraciones y el polvo de las obras de demolición y nueva construcción de media manzana; la estación de metro de Sevilla cerrada a causa de los daños infligidos que requirieron reforzar la estructura del túnel y a la que se ha eliminado uno de sus accesos; una oscura transacción de un retrato pintado por Goya, en la que se vieron involucrados la presidenta regional que intervino en una de las etapas del desaguisado y el presidente de OHL, promotor final del mismo—, este año pasado se terminó de inaugurar el flamante Centro Canalejas, con su hotel de lujo, su área de restauración, sus tiendas exclusivas en un espacio de ambiente parapolicial plagado de vigilantes de seguridad, sus ostentosos pisos y su gigantesco aparcamiento que ha alterado y afeado todo el entorno. Todo ello en un envoltorio con un desmedido exceso de volumetría en relación con la existente en el siglo XX. La ciudad se ha degradado notablemente, cada vez es más fea, y a los madrileños se les ha hurtado parte de su acervo. Se ha tratado de una operación de desprotección del patrimonio histórico sin precedentes en España. La Comunidad de Madrid rebajó radicalmente la calificación de unos edificios singulares de los siglos XIX y XX, satisfaciendo las exigencias de OHL, contra el parecer de numerosas organismos civiles y culturales, como la propia Academia de Bellas Artes.

Con el vaciamiento de todo el conjunto —sólo se han conservado las fachadas—, se han perdido elementos arquitectónicos y artísticos relevantes, muestra de un diseño, unas artes decorativas y una artesanía que ya son historia. Escaleras, cristaleras, molduras, revestimientos, ebanistería que ornaban patios de operaciones, salones, despachos, ya no existen.




Desde la calle, a simple vista, se puede apreciar el crecimiento artificial de tres alturas de la construcción, que ha aumentado su volumen de forma desmesurada, como se expone claramente en la siguiente infografía.

En las siguientes imágenes se percibe el desproporcionado tamaño que han adquirido el palacio de La Equitativa (Banco Español de Crédito) y el resto del complejo:













Los accesos —rampas, ascensores y escaleras— al aparcamiento subterráneo del centro han adulterado calles, plazas, aceras y la perspectiva que podrían ofrecer otros edificios singulares.



Aceras reducidas a su mínima expresión.

El histórico edificio del Banco de Bilbao, oculto tras un ascensor y una escalera.








Gran parte de la calzada de la calle de Alcalá convertida en una rampa de acceso del aparcamiento del Centro Canalejas.




El edificio del ministerio de Educación oculto tras una rampa del aparcamiento del Centro Canalejas.



La acera de la calle de Alcalá frente a la iglesia de las Calatravas, en restauración.






La plaza de Canalejas, las Cuatro Calles, no tendría nada que envidiar a la parisina de las Victoires, a pesar de la falta de una estatua del asesinado gobernante en su centro geométrico. Pero todos esos elementos citados, más las motos subidas a las aceras y unos bloques de piedra a modo de parapeto y banco mal concebido, la afean, vulgarizan y encutrecen. 
José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros, fue tiroteado y muerto en 1912 a unas decenas de metros de distancia, mientras observaba el escaparate de la librería San Martín de la Puerta del Sol, desaparecida en 1992. Era colindante con la confitería La Pajarita, famosa por sus caramelos, célebres por el jeroglífico de su envoltorio. Cerró en 1991. La propiedad del edificio instó el expediente de ruina del inmueble y se desahució a los inquilinos, entre ellos la misma confitería, una administración de loterías y la adyacente librería. Otra operación especulativa propia de Madrid.
 









 

Antes, cuando desde la Puerta del Sol se levantaba la mirada hacia levante, se divisaba el luminoso de Tío Pepe, que coronaba el inmueble que hoy ocupa una mastodóntica tienda de una popular multinacional de la electrónica y sus servicios aparejados. Hoy, nuestra vista se topa con las chimeneas de Botín, las salidas de humos de los establecimientos de restauración ahora situados en los sótanos de los restos de lo que fueron unos palacios dedicados a la banca. Es la herencia que el banquero y sus continuadores han legado a los madrileños. También es un sarcasmo que las grandes corporaciones hablen de responsabilidad social y se vanaglorien de algo que no practican.

Las chimeneas de Botín con la Puerta del Sol en obras.


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