04 julio 2026

Creadores de dolor

Julio Sánchez Mingo

 


Hoy se cumplen doscientos cincuenta años de la Declaración de Independencia de los EUA. Un documento lleno de hipocresía y contradicciones que no invita, precisamente, a ninguna celebración. En el preámbulo se afirma que todos los hombres son creados iguales y que el Supremo Hacedor los dota de derechos inalienables como son la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, la mayoría de los firmantes poseían esclavos. Desde el principio, esa sociedad se sustentó en la apropiación de los recursos y las tierras de los indígenas hasta su casi total exterminio, la explotación de siervos africanos en régimen de esclavitud y el trabajo de inmigrantes europeos pobres. Desde entonces ese grupo de pioneros se ha convertido en una nación que genera infinito dolor a tantísima gente, ya sea dentro de sus fronteras como más allá de ellas. Para defender sus espurios intereses económicos actúan en cualquier lugar del planeta, quinientas veces desde 1776, de las cuales un tercio desde 1999. Para ellos no existe el prójimo igual, al que hay que respetar y dejar vivir en paz. Se creen con derecho a intervenir en países dominados por dictaduras execrables que, al sentirse acorraladas, se radicalizan redoblando la represión sobre sus desgraciados ciudadanos. El ejemplo paradigmático es Cuba, a la que nos unen tantos lazos afectivos.

Las consecuencias de esa máquina de producir dolor las repasé someramente en mi artículo Gringolandia: 250 años, del pasado 23 de febrero. Poco hay ya que añadir.