26 julio 2019


La alacena

Jesús Ramos Alonso


¿Sigues dando vueltas al asunto? — me dice Verónica, mi mujer, al verme mirar al rincón ensimismado.
Pues la verdad es que sí, no acabo de ver la ventaja de echar abajo este tabique y cambiar la escalera de sitio.
Hombre, está clarísimo— responde cargada de razón—la habitación queda mucho más despejada y puedo poner mi secreter en el rincón.
¡¿Y donde ponemos los bollos de canela?! — salto como un resorte.
¿Pero qué dices cariño?, ¿te has tomado la pastilla?—me acaricia la mejilla— anda vístete y date un paseo mientras yo voy a hacer unas compras...y ven pronto que hoy viene nuestra nieta a comer.
El hueco de la escalera me recuerda a otro que había en casa de mi abuela. Ese rincón es la línea de comunicación con mi infancia y todo lo que significa: la inocencia, la sucesión interminable de días felices...
La casa de mi abuela Tina era pura fantasía, tan grande que yo apenas alcanzaba a ver lo qué había encima de la mesa. Estaba llena de recovecos y cuartos cerrados que eran como puertas de entrada al misterio, territorios en los que me internaba como un explorador, con el corazón encogido, el oído alerta y los ojos muy abiertos. Uno de mis rincones favoritos era la alacena que estaba en una esquina, bajo la escalera que subía al sobrado. La alacena tenía vasares con paños blancos que mi abuela tejía por las tardes con el tiempo suspendido en la aguja de hacer puntilla. En cuanto me acercaba ya notaba el olor que se filtraba por los agujeros de la celosía, mezclado con los otros aromas: el de los chorizos de la matanza todavía tiernos, el del pan, el de los restos del cocido del mediodía…Pero entre todos esos olores sobresalía
triunfante la canela.
Llegar a los bollos era toda una aventura: primero, sin hacer ruido, tenía que abrir una puerta desvencijada cuyos goznes estaban siempre en guardia, listos a dar la voz de alarma con aquel crujido que me decía: “Hasta el domingo no se tocan, que cuestan muy caros”
Mi abuela era una malabarista con el dinero. Ni se sabe los esfuerzos que debió hacer para darme el placer que suponía este juego diario. Entonces, la imaginaba roncando en su cama tras la comida y el fregoteo de los cacharros, pero ahora que conozco el dormir ligero de los viejos, estoy seguro de que oía todo y se reía por dentro.
Superado el obstáculo de la puerta, me extasiaba con el dibujo que decoraba la lata, una mujer sentada con el mar al fondo, y un faro, y un barco echando humo por las cuatro chimeneas; un dibujo de intensos colores azules y rojos, que contrastaban con los tonos pardos de Castilla y me hacían soñar con otras
tierras. Tras la puerta venía lo peor; temblando, subido a un taburete con las patas flojas y apoyado en un cesto de patatas, extendía mi mano hasta la lata, mientras el tinglado amenazaba con venirse abajo. Pero el suculento premio valía la pena; y el placer de tocar el tesoro y comprobar su abundancia no tenía precio.
...
Me visto y salgo a la calle. Voy derecho a una pastelería de las de toda la vida que hay cerca de casa. Me atiende una muchacha ecuatoriana que pone cara de sota cuando le describo los bollos de canela con forma de doble llama; se los estoy dibujando en una servilleta de papel cuando sale una mujer mayor, casi de mi edad, y dice que esos bollos ya no se hacen. Como alternativa, me ofrece unos dulces industriales, empaquetados en una bolsa de plástico. Los rechazo decepcionado.
De ahí cojo un taxi y voy al rastro. Me pierdo en las tiendas de antigüedades. Con los pies destrozados y sin resuello me pregunto qué hago yo allí. Estoy a punto de abandonar cuando un anticuario muy amable se interesa por lo que busco. Se retira a la trastienda y le oigo revolver, imagino un montón de cachivaches polvorientos.
Al rato sale con una lata antigua de pimentón de La Vera.
Esto es lo que tengo— me dice.
Pero esta es muy pequeña, la que busco tenía una tapa redonda y era más grande, roja y azul.
¿Pero de que era, de galletas o de qué? ¿Tenía algo escrito?
No lo sé— contesto— entonces no sabía leer.
Le va a ser difícil encontrarla— ablanda la repuesta con una media sonrisa—quizá en Internet.
Cuando por fin llego a casa sale a abrirme mi nieta.
Ven Tinita —le digo—ayudame a buscar una cosa en internet, que si me pongo yo solo me pueden dar las cuatro de la mañana.
Saca su móvil y sus dedos teclean a una velocidad de mareo; en un periquete empieza a enseñarme fotos de una página de antigüedades.
Esa no— le digo—, era más grande y no tan cuadrada… esa tampoco, la que te digo era roja y azul y tenía un barco echando humo por las chimeneas…
Tras un buen rato viendo fotos aparece al fin:
ANTIGUA CAJA DE HOJALATA LITOGRAFIADA DE CHOCOLATES LA ESPAÑOLA - VIUDA DE CUNILL - PASEO DE
ARENEROS. BUEN ESTADO CON ALGUNOS PEQUEÑOS ARAÑAZOS
¡Esa es! —salto eufórico—, ¿Cuánto cuesta Tinita?
Ciento cincuenta pavos, abu.
Cómprala hija, cómprala —digo mientras le doy un beso.
¡Verónica!—grito—ya puedes llamar al de la obra.
¡Ciento cincuenta euros!, ¡veinticinco mil pesetas!...Si mi abuela levantara la cabeza.

19 julio 2019


Carta abierta al nuevo alcalde de Madrid

Julio Sánchez Mingo

Puerta de Alcalá. Detalle. J. S. M.

Señor Martínez-Almeida:

La función de un ayuntamiento, y por tanto de su alcalde, es trabajar por el bienestar de sus vecinos y el cuidado de la ciudad. Tarea nada fácil por la gran cantidad de intereses creados, pretensiones y opiniones encontradas, asignación de prioridades de acuerdo con un presupuesto siempre limitado, que no fue el caso de un antecesor suyo de infausto recuerdo; sin olvidar las ideas peregrinas que anidan en la cabeza de muchos gestores faltos de sentido común, que sus responsables políticos asumen con entusiasmo, espoleados por el prurito de que hay que hacer cosas. También pesa como una losa el cáncer de la política española actual, es decir, plegarse, por encima de todo, a las necesidades y demandas del propio partido y de chocantes compañeros de viaje.
Es una pena que su estreno en el cargo haya sido tan desafortunado por la medida tomada en relación con Madrid Central. Supone un ataque a la salud de los madrileños para dar satisfacción a usuarios egoístas e ignorantes que no ven más allá de sus narices, a reclamaciones sectoriales de unas minorías y a un programa electoral que, en lo medioambiental, no concreta nada. Y ello, a pesar de las amenazas de multas de Bruselas que, de sustanciarse, deberíamos cubrir entre todos. A los votantes nos hace pensar que el bien común y el bienestar de la ciudadanía no cuentan. ¡Cornudos y apaleados!
No se debería suspender ni revocar Madrid Central hasta que haya otra opción anticontaminación mucho más eficiente.
Por cierto, en la ciudad hay miles de alcorques esperando su correspondiente árbol de reposición, tanto en el centro como en la periferia.

He coexistido, no sé si debería decir he sufrido, porque, en gran parte, de un sufrimiento se ha tratado, con quince alcaldes de Madrid, incluyendo tres interinos. La mayoría fueron francamente malos, tanto que parecieron enemigos de la ciudad y sus habitantes. Aquellos que gozaron de un poder omnímodo no supieron o quisieron aprovecharlo de forma positiva. Mayalde y Arias desmantelaron los bulevares y las rondas en aras de la modernidad provinciana que traía la popularización del automóvil privado. Ello en una ciudad cuyo trazado era anterior al siglo XX. En esa dinámica seguimos cincuenta años después. ¿Le suena?
El frenético constructor y dilapidador de caudales públicos, Gallardón, es el paradigma de grandes desaguisados y derroche sin freno. Su obra magna, el Madrid Río, es un ejemplo de buena idea mal ejecutada y peor resuelta, que hasta los tribunales de Justicia censuraron.

Nunca se ha planteado en Madrid un proyecto de ciudad, definir cómo se quiere que evolucione a lo largo de las próximas generaciones. Ningún alcalde, como líder de la urbe, ha propuesto, con proyección de futuro, un destino, al menos una ruta, para este gran pueblo manchego, crecido sin orden ni control, donde la voz cantante la ha llevado la iniciativa privada y todo ha respondido a una especulación desmesurada, donde lo único que vale es tener un metro cuadrado para poder edificar. Y si no se tiene, se construye encima, o se arrasa el jardincito del solar para levantar un aparcamiento o un nuevo pabellón.
Tras los resultados de los PAUs, la Ciudad Deportiva del Real Madrid, el Parque de Automovilismo del Ejército de Villaverde... miedo me da lo que vaya a suceder con el solar de la cárcel de Carabanchel, la operación Campamento o, a punto de arrancar, la operación Chamartín, donde, para más inri, el Estado es el especulador de turno, haciendo papel mojado el artículo 47 de la Constitución Española(1). ¿Qué harían las fuerzas vivas madrileñas en una población como París, sin espacio disponible y donde prácticamente todo está protegido?
¿Su idea de desarrollo para esta ciudad va en una línea economicista, como la mantenida hasta ahora, o, por el contrario, pretende convertirla en una capital donde vivir plácidamente, sin grandes pretensiones, sea una delicia? La palabra la tiene usted.

No quiero dejar de citar la situación de muchos barrios, los grandes abandonados, dejados a su suerte, que quedan lejos de Cibeles. ¿Por ejemplo, los automóviles pasan a un metro largo de las fachadas de las viviendas del paseo de Extremadura, la A-5. Imagine el ruido y la contaminación atmosférica que soportan los vecinos del lugar. Y no lo abandonan porque sus viviendas son imposibles de vender y no se pueden utilizar como moneda de cambio. Con premisas similares a éstas, no es de extrañar que ciertas zonas se conviertan en guetos, como está sucediendo.
Una propuesta divertida, un paseo por los barrios, la mejor forma de conocer una población, sus necesidades y sus miserias: le reto a que vayamos caminando desde Cibeles a la calle Pradoluengo, en el barrio del Aeropuerto, una isla residencial rodeada de autopistas. ¿Se podrá hacer a pie todo el recorrido? ¿Perderá nuestro alcalde la vida a manos de un moderno becerro de oro?

Ante la llegada de un nuevo regidor se depositan muchas ilusiones y esperanzas de cambios positivos. ¿Nos defraudará usted?

Atentamente,

Julio Sánchez Mingo

(1) Artículo 47 CE

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

PD. Esta carta abierta ha sido remitida a la dirección de correo electrónico del gabinete del alcalde de Madrid.

12 julio 2019

Hoja suelta del diario que nunca existió
Fernando Moya

R. Vázquez: Faro de Vigo.
Son días difíciles para los escolares. Se acercan los temidos exámenes de las distintas asignaturas. Las bibliotecas públicas se llenan de ellos en un último esprint que les conduzca a la victoria total o parcial.
En mi labor docente, como jefe de departamento he participado en la elaboración exámenes de evaluaciones parciales, de muchas pruebas finales de junio y las correspondientes pruebas extraordinarias de septiembre.
Voy a compartir con los lectores de este blog la visión particular de un alumno de segundo de bachillerato LOGSE de un examen final de recuperación de la asignatura de matemáticas de primero de bachillerato, en la convocatoria ordinaria de junio. Este alumno, no cursaba matemáticas en el curso de segundo, porque se había pasado al bachillerato humanístico. Había aprobado todo el curso y le quedaba pendiente la asignatura de matemáticas de primero que le impedía poder examinarse de Selectividad. Era el examen de recuperación final de junio. Si suspendía, tendría otra oportunidad en septiembre.
No creo que las preguntas del examen fueran particularmente difíciles ya que se habían consensuado con los profesores del departamento, intentando que fueran reflejo de los contenidos mínimos que el estudiante debe demostrar conocer para pasar de curso o superar su etapa escolar final. No obstante, el concepto de difícil o fácil es algo muy subjetivo que muchas veces depende de si conocen o no las respuestas.
A continuación, transcribo lo que el alumno en cuestión contestó, sin añadir ni quitar los oportunos signos ortográficos como comas, punto y coma... dejando el documento tal como llegó a mis manos.
Hoja suelta del diario que nunca existió
17:30. Me encontré en un aula inmensa con centenares de mesas uniplaza con silla incorporada, casi todas vacías, menos 10, incluida la mía. Tres profesores para diez poco aplicados alumnos que deberían responder ocho de 10 preguntas para aprobar las matemáticas.
Se dejaban notar todos aquellos que habían estudiado, como también lo hacían los que no se la habían preparado demasiado bien; no solo porque ellos no centraban los sentidos en aquellos problemas irreales, sino que incluso hubo alguien que se puso a escribir su folio blanco, para dar a luz un diario inoportuno. Quizá porque esas letras con símbolos, signos y números perdidos le parecían chino, o porque su propia frustración le exigía no dejar pasar el tiempo en blanco.
De los profesores sólo uno era mujer, con el pelo corto, bajita y vestida con ropa informal. De repente un chico levantó el dedo y dijo con voz alta y nerviosa “Marisa ¿puedes venir?”, enseguida la profesora se acercó presurosa a saciar sus dudas. Cuando hubo terminado se fue a charlar con los dos hombres.
17:53. Tengo la oportunidad de copiar de una compañera de clase, pero no lo haré puesto que no lo encuentro honesto. ¡Qué tontería!, llegué a pensar, tengo la oportunidad de aprobar, otros lo hacen y se ahorran bastantes disgustos. No quiero engañarme, he decidido no hacerlo.
A mi derecha, dejando una silla con mesa incorporada vacía, se encuentra Yoko, la novia de mi amigo Keso. De vez en cuando me mira y se queda con un gesto risueño y de extrañeza a la vez, debe de pensar –Qué hace este tío escribiendo en un examen de mates; en vez de intentar aprobar o de copiar, se dedica tranquilamente a rellenar un folio-.
Yo también lo pienso.
18:00. He intentado hacer algún ejercicio, pero sólo he sido capaz de plantear el número 6. Qué mal me siento…, pero pensándolo mejor no se puede cambiar lo inevitable. A menos que estire el cuello hasta hacerlo crujir y que mis ojos se desorbiten de sus huecos para postrarse en otro examen.
18:10. Qué tiempo más desperdiciado dirían mis padres, qué vago, qué soñador, qué gilipollas. Aun así sólo puedo arrepentirme de lo que no hago.
Hace mucho calor, tanto que el boli se resbala entre mis dedos y mis axilas dejan deslizar sus gotas refrescantes sobre mis frágiles costillas. Me gustaría llegar aquí otro día, más lejano, pero esta vez preparado e irme tan pronto como la chica de la gorra blanca o la del jersey con lunares, también blancos.
En septiembre seré el primero en marcharme, pero esta vez con la sonrisa del satisfecho, con la veracidad de los versos de un poeta muerto y decir hasta luego al profesor con el sentimiento irónico de uno vivo.
18:15. Acaba de sonar el timbre, estoy nervioso, quiero marcharme pero me da pena dejar de escribir en tu cuerpo plano y frágil que tan poco significa para otros.
Es la primera vez que te conozco y probablemente sea la última. También lamento que sea en una situación incómoda, inoportuna pero sincera.
Al lado de la puerta a mano izquierda según entras hay una planta; nunca me había fijado…cuántos exámenes habrá vigilado, cómo habrá sentido el sudor frio de un alumno que se queda en blanco, seguro que añora su rocío. Cuantas veces cómplices de alguna chuleta, o de algún chivatazo, incluso de los nervios de algún profesor con ganas de irse a casa.
Me apetece un cigarrillo.
Se me olvidaba, al entrar al examen me di cuenta de que mi calculadora científica no se encontraba en el bolsillo pequeño de mi mochila, perdida o robada. Tuve que pedir una a la conserje, pero era un cacharro enorme que casi no me dejaba escribir en esas pequeñas mesas uniplaza.
De todos modos poco la he usado…

Epílogo.
El alumno suspendió, por supuesto.
Días después pude mantener una entrevista personal con él a fin de averiguar sus problemas con las matemáticas. Era un muchacho del montón que no destacaba particularmente en una clase y que cuando comienzan las dificultades y no se subsanan a tiempo, se va creando poco a poco una gran montaña de un grano de arena.
Me ofrecí a ayudarle y ,tras aceptar, pude constatar que sus dificultades se debían en gran medida al abandono de los alumnos que van mal, producto de la masificación de las clases y de nuestro sistema educativo, a lo que se añade la escasa o nula motivación que tienen los escolares.
En septiembre superó la prueba.

06 julio 2019


Hoy es el chupinazo y mañana San Fermín

A nuestra amiga Chon


Otro punto de vista

Jesús Ramos Alonso

Racve

¡Me tienen harto los mozos con tanto cántico! Muuuu...
Déjalos, nos distraen de la escabechina. Muuuu...
¿Escabechina? ¿qué escabechina?
¡Estás en la inopia, toro!, ¿no has oído a los cabestros...? ¿Te acuerdas de Cuba, ese torete que se lo llevó un camión y no volvió? Dicen que le hicieron perrerías antes de atravesarlo con un estoque...
¡Qué animalada!
...y que nosotros correremos la misma suerte.
¡Qué horror!, atravesados por un estoque.
Cuba, ya agonizando, corneó al diestro en el muslo. Le dieron un premio por bravo: ¡eso que se llevó!
Pues yo tampoco me voy de vacío; antes de espicharla ensarto tres o cuatro mozos.
Eso será si te deja San Fermín, el de la música.
¡No me ha de dejar! En la curva de Estafeta me zampo al primero, y al resto en el callejón: amontonados, se les pincha mejor.
¡Es un diablo ese Fermín! En cuanto le rezan esa letanía no hay quien pille cacho.
¿¡Cómo se las apañará para aguarnos la fiesta!?
Para mí que es un trilero, solo que con un capote rojo en lugar de cubiletes.
¡Qué bonito es el rojo!
¡Ya te digo!, nos pierde el rojo.
¡El cohete!, ¡corre!
Muuuuuuuuuuu...


El milagro de San Fermín

Julio Sánchez Mingo


Villar López (EFE).

Dice mi amiga Campo que al creer intensa y apasionadamente en algo que no existe, lo creamos.
Ginés Morata, el prestigioso científico, afirma: "Dios no nos ha creado a nosotros: los humanos hemos creado a Dios”.
Son milagros que obra la mente humana.

En la cuesta de Santo Domingo, antes de la suelta de los morlacos desde los corrales, los mozos, casi todos ellos descreídos o no practicantes, presos de la tensión, recitan con fervor:
"A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición. ¡Viva San Fermín!".
Un escalofrío de emoción sacude a todos, corredores y espectadores. Es el momento más intenso de toda la fiesta, el instante previo a enfrentarse a un peligro cierto, con un triste periódico enrollado como única arma.
Y se manifiesta el prodigio de la mente humana y todos creen en el santo y su intercesión. Es el milagro de San Fermín, el capotico que a todos cubre.

02 julio 2019


Catadura moral

Julio Sánchez Mingo

AP: Reuters

Me rompe el alma ver las imágenes de esos pobres niños muertos. Entonces Alan, ahora Valeria. Y la impotencia se apodera de mí.

Ellos, en el cielo, serán amigos, jugarán, se llevarán bien.
Nosotros, aquí abajo, cada vez más egoístas y de peor catadura moral, a pesar de los crecimientos económicos y los avances tecnológicos.

Y no tenemos excusa. La información fluye a toda velocidad, sabemos de la desigualdad, de las tragedias de muchos países, de las necesidades perentorias de tanta gente y, sin embargo, nos encogemos de hombros, no reaccionamos, no presionamos a quien debemos. Y cuando votamos, nuestra gran ocasión, quedamos retratados y se ponen en evidencia todas nuestras miserias éticas, origen de muchas de nuestras incongruencias.

Hasta que punto hemos llegado que hay quienes se van a casar junto a la tumba de un dictador de ralea asesina, anteponen su sentimiento de clase a su respeto a tanto muerto y represaliado, o un presidente gringo, porque la economía le va bien, se dedica a chulear a europeos y chinos, extorsionar a mexicanos y colaborar en la masacre de palestinos, o un recién elegido alcalde se permite el lujo de incrementar el gaseo de sus ignorantes convecinos.

No es de extrañar que el filósofo italiano Gianni Vattimo diga que desea morir antes de que reviente todo.


PD.
Muchas veces cunde el desaliento porque las cosas no van como deberían ir, pero hay que reconocer que la Humanidad está mejor ahora que hace cien años. Hay menos desigualdad, menos injusticias.
Lo que ahora está mucho peor que entonces es la casa de todos, el Medio Ambiente, el planeta Tierra. Hay que hacer urgentemente una reforma integral, como las de los pisos para conservarlos habitables. De lo contrario, ¿qué será de todos nosotros?



28 junio 2019


Convocatoria del IV Premio La Foto del Verano de Diario de Madrid


Se convoca el IV Premio La Foto del Verano de Diario de Madrid, el blog de Julio Sánchez Mingo, con arreglo a las siguientes bases:

1.- Podrán concurrir todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, con un máximo de 5 trabajos.

2.- Las fotografías presentadas deberá reunir las siguientes condiciones:
a) Ser originales e inéditas.
b) No haber sido premiadas ni estar participando en ningún otro certamen.
c) El tema es libre.

3.- Los originales se remitirán por correo electrónico, antes de las 24 horas del 30 de septiembre de 2019, a la dirección diariodemadrid@yahoo.com, con la mención en el asunto IV Premio La Foto del Verano de Diario de Madrid. En el mensaje se indicarán los siguientes datos: nombre y apellidos del autor, su dirección, teléfono, dirección de correo electrónico y, opcionalmente, títulos de las imágenes.

4.- El editor de jsanchezmingo.blogspot.com designará al Jurado. Éste estará compuesto por un mínimo de tres personas y realizará la elección final de la obra ganadora.

5.- Antes del 30 de noviembre de 2019 se publicará el fallo del Jurado en jsanchezmingo.blogspot.com. Simultáneamente será comunicado por teléfono y correo electrónico al autor ganador, en cuyo momento se le informará también del lugar de entrega del correspondiente galardón, obra de un artista plástico de reconocido prestigio.
El trabajo vencedor será publicado en jsanchezmingo.blogspot.com en los días sucesivos a la proclamación del resultado, junto con una selección de obras presentadas al concurso.

6.- El premio no podrá declararse desierto. La decisión del Jurado será inapelable.

7.- No se mantendrá correspondencia con los autores de los trabajos presentados desde la publicación de la convocatoria hasta después del fallo del Jurado, excepto para la aclaración de cuestiones relativas a estas bases o a la correcta recepción de los trabajos presentados a concurso. La resolución de todas las cuestiones que puedan surgir o plantearse sobre este certamen son de exclusiva competencia del editor de jsanchezmingo.blogspot.com, en calidad de convocante.

8.- La participación en este concurso supone el conocimiento y aceptación de las bases que lo regulan, así como el acatamiento de cuantas decisiones adopte el editor de jsanchezmingo.blogspot.com en lo relativo a su interpretación y aplicación.

Madrid, junio de 2019

Diario de Madrid, el blog de Julio Sánchez Mingo
jsanchezmingo.blogspot.com

21 junio 2019


Donde empieza la patria y ¿termina la esperanza?


Texto y fotos de Maricarmen Rizo



Era Héctor Barrios, un rostro que se desvaneció en la nada, una historia perdida entre millones, su nombre quedó grabado junto al de Alfredo Varón y de Juan José Mayor, muy cerquita de César López; más lejos está Tania, a secas sin apellido. Todos, a un costado de un enorme corazón rojo, pintado en el muro metálico, ese que está en el punto inicial del límite entre México y los Estados Unidos y el punto final para miles de vidas que ahí perecen en busca de otra vida, una mejor.

Nombres y más nombres, de origen latino casi todos, escritos en cada barrote que divide ambos países y por cada uno, tragedia y esperanza; cientos de lágrimas derramadas o tal vez ninguna; es el drama de la inmigración indocumentada que con la ilusión de una vida digna para ellos, y generalmente para los suyos, terminan en muertes dramáticas en el intento por cruzar.

Ahí, en Tijuana, Baja California, ciudad fronteriza con San Diego, California, está uno de los muros sobre los que tanto se ha escrito con fines políticos, electorales y humanitarios, pero que poco se sabe sobre los protagonistas; los dreamers o los nadie para un mundo inmisericorde y racista.

Es estremecedor estar frente a las kilométricas vallas, mientras por el cielo sobrevuelan helicópteros que vigilan la zona; cazadores a la carga listos para atrapar su presa, un ser humano: en algunas ocasiones familias enteras.

Con todo y el panorama del escalofriante muro, te topas también con el aliento al estilo mexicano, ese que da ánimo en cualquier circunstancia. Hasta arriba de los barrotes en láminas, casi carcomidas por el sol, puedes leer mensajes como: “Ningún obstáculo nos puede impedir alcanzar nuestros sueños”; “Somos mexicanos, somos imparables”, también puedes ver la huella millenial escrita con hashtag: “#MuroDeLaHermandad”, “#NoWalls”, entre otros.

Mientras de un lado observas el conmovedor muro de muerte, volteas al lado contrario y ves restaurantes llenos de vida, de música alegre que ofrecen, generalmente a los turistas, una vista privilegiada al mar y también al detestable e histórico muro. Así es la vida, cada quien que ponga su esfuerzo por derribar muros no sólo metálicos que dividen países, que, por cierto, generalmente cuanto más grande es el muro mayor es la esperanza, también muros de odio que polarizan sociedades.






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14 junio 2019


El lado roto de la vida

Obra ganadora del III Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid

Roberto Omar Román




Con hebras de sol la niña zurce sus muñecas

Cuando el tendero se enteró, no sé cómo, de que me andaba viendo con su hija a las seis de la tarde en la fuente, amenazó con echarnos, a mi hermana y a mí, del inquilinato.
Lucina está apaciguada, se la pasa a duerme que duerme una buena parte del día. Dice sentirse aburrida de asomarse y ver a los vecinos burlones espiándonos medio escondidos entre las cortinas de sus ventanas. No le hizo ningún enfado cuando ayer, a eso de las ocho de la noche, vino un hombre seco, un costal de huesos retacados en una piel amarillosa de tísico, de lentes de cristales tanto así de gruesos como lupas, según a entregar un mandato de desalojo: un papel tieso color nácar con sellos y firmas mal puestas. En esa especie de cartón viejo me dieron a conocer que debemos mudarnos. Traía una retahíla de acusaciones y delitos inventados en mi contra: robar las corolinas que adornan las farolas, caminar meando por las banquetas, tiznar con carbones las bancas del parque, apedrear gatos sin dueño, escupir en la mano pedinche de los limosneros ciegos… y, remarcado a tinta roja, entre signos de admiración y letras grandes: Besar a la hija del tendero, dando santo y seña del lugar, la hora, el día, el mes y el año.
El hombre leyó con un tonito aflautado pegando la cara a las letras como un párvulo tarado a ras de la tierra mirando una procesión de hormigas. En mi interior lo apodé El Topo para reírme de él y de las chuscas acusaciones.
Cosa rara, jamás hice, ni se me ocurrió por mal pensamiento, nada de lo que se me culpaba. Y según, la grave falta de besar a la hija del tendero fue la ojeriza que más bilis me hizo. Sólo habíamos platicado; ayer fue la tercera ocasión que lo hacíamos y ni siquiera le había rozado un dedo. Que a decir verdad sí había sentido ansía de besarla, pero pensé granjearme su confianza con unas cuantas citas más en la fuente.
Por último, El Topo leyó muy ceremonioso los renglones donde nos fijaban un plazo de tres días para que Lucina y yo nos fuéramos. De no hacerlo por nuestra propia voluntad mandarían a los agentes de la Guardia Moral para echarnos a zarandeadas y malas palabras como acostumbran hacer en estos casos.
¿Y a dónde nos vamos a ir, señor notario, si aquí todo tiene dueño y está ocupado –le dije con algo de carrilla–, dígame usted?
Se hizo el desentendido y siguió leyendo con la misma vocecita de pito de calabacero nombres de políticos y autoridades que firmaban el documento. Me miró con la sonsera de un mico ante un espejo y me preguntó si tenía alguna duda. Respondí no. Me alargó el papel y cuando se dio la vuelta remedé su pazguato andar de jirafa anciana.
Le mostré el aviso a Lucina sin mucho interés porque estaba seguro que ya había escuchado todo detrás de la puerta. Se sonrió al leer la parte del beso a la hija del tendero en la fuente. Volteó a verme interrogativa y yo meneé a no la cabeza. Después, noté la tristeza en sus ojos. En cinco días era su cumpleaños. Habíamos planeado comprar en la tienda panes de manteca y atole de chocolate champurrado para una merienda.
El tendero es hermano del dueño del inquilinato, y los dos son ´primos carnales de la jueza del distrito donde opera la Guardia Moral, y a su vez son sobrinos del carnicero y del sastre, padrinos de los hijos del marimbero, ahijados de la señora de las quesadillas, compadres del velador del almacén grande. Por eso no dudé en relacionar a El Topo como uno más de la misma camada. A saber, no hay modo de entrar en razones con esa gente, y en realidad a dónde se puede llegar con buenas palabras cuando los malos pasos de otros nos pisan los talones, nos tumban y de ribete nos apachurran.
Como lo malicié, a eso de la madrugada oí vocifero y traqueteo de metal y piedra en la calle, y al asomarme, apenas clareó, vi las pintas anaranjadas y rosa chillante en las paredes avisando del desalojo por cometer agravios en contra de las buenas costumbres, en cumplimiento del artículo tal, del código moral tal, asentado en la acta notarial tal…
Quince o veinte malacaras con boinas bermellón y mamemulos color alcachofa cocida se apoltronaron altivos y desafiantes, con tamaños garrotes. Ahí donde los perros de la calle gustan ir a hacer sus necesidades. Llevaron unos pivotes de los que usan los albañiles para apuntalar las construcciones, seguramente con la idea de empalizar las entradas y salidas de las bocacalles aledañas, y unas rocas tamaño calabaza de castilla que apilaron para parapetarse a vigilar que no saqueáramos el cuarto arrendado. Me reí de coraje, pero luego me callé cuando escuché los rezos queditos de Lucina, arrinconada en su cama.
Esa cuestión de la Guardia Moral es un asunto podrido, encaramado de hipocresía. Según están impuestos para vigilar las buenas maneras de las personas; cosa que por lo demás me parece bien, en tanto no se prohíba, platicar, reír o tocarse las manos en la fuente o en cualquier otro lugar porque si a esas nos vamos ateniendo, al rato ya uno no va a ser libre ni de aflojarse, o pararse a escuchar el canto de los jilgueros bajo un abedul.
A mi comprender, la verdadera intención de las autoridades y sus secuaces es aborrecernos porque ya tienen a un mejor postor a quien hospedar. Seguramente tienen pensado rentarle a unos de esos neurasténicos que deambulan casi en cueros a la hora de más calor, hablando solos, manoteando como loquitos y mirando con lujuria las sentaderas de las mujeres que caminan presurosas. A unos de esos malvivientes que no tiene cabida en ningún lugar porque nadie decente y de buen juicio acepta tan fácilmente. Lo único que tienen es dinero suficiente para poder pagar un alquiler caro, emborracharse y reunirse con los de su misma ralea a besarse y a tocarse a escondidas no solamente entre ellos sino también con animales. Por ese tipo de aprovechados quieren corrernos a la gacha, a nosotros que nunca nos metemos en vidas ajenas, ni salimos a pleitear de noche, ni andamos con el Jesús en la boca de recibir un daño.
Lucina es católica, asiste a misa los domingos, canta en el coro los días de fiesta y enseña los sábados el catecismo a los niños. Yo no hago nada de eso ni soy bueno como ella pero ando orondo y suave de pesares sin cuidarme de recibir malora, porque no me junto con nadie.
Conocí a la hija del tendero una tarde olorosa a fresa recién bañada de lluvia. Estaba muy solita parada en la esquina de la nevería saboreando una paleta de nanche, supuse, ansiando que alguien se acercara a hacerle plática. Merodeé a lo largo y ancho de la calle ideando la maña de acercarme. El pretexto fue dejar caer intencionalmente una moneda al pasar frente a ella: la intentó levantar y entonces aproveché la ocasión para decirle no te molestes, yo la alzo, pero le di tiempo de que la recogiera. Es tuya, le dije entonces sonriendo, lo que uno agarra tirado en la calle le pertenece, y tú la agarraste antes que yo. Le causó gracia mi ocurrencia y me dijo que mejor le invitara algo con esa moneda. En ese entendido nos fuimos caminando hasta llegar a la fuente, adonde vimos a un vendedor de algodones de azúcar de alegres colores. Ella pidió uno amarillo y yo un verde, platicamos un rato de lo bonito del arco iris y nos dimos cita para el día siguiente a las seis de la tarde en el mismo lugar. Llegamos puntuales, no sólo ésa, sino las dos veces más que nos vimos. Como a veces no sabíamos que decir nos poníamos a recordar nuestra plática del día anterior, pero siempre mencionábamos muy risueños el primer encuentro y la razón por la cual habíamos escogido el color de los algodones que comimos. Ella decía que le gustaba el amarillo porque le traía a la memoria el vestido que una vez llegó a la tienda de su padre, y que luego de mucho insistirle desnudó al maniquí del aparador para dárselo y que lo usara en los días grandes de la semana santa y fiestas de guardar. Yo, por decir algo, le inventé que verde era el color favorito de Dios. Buscamos al algodonero para volver a comprarle pero no apareció por ningún lado. A mí se me hace que este hombre también está encompadrado con la prole del tendero y le llevó razón de que me estaba besando con su hija en la fuente.
Lucina sabe de cuestiones del cielo y del infierno; yo no sé de esos intrinques, tengo miedo de preguntarle si es malo besar a una muchacha en la fuente, esa pregunta me anda zumbando en la cabeza junto con la preocupación de la merienda de cumpleaños que teníamos planeada para festejarla en cinco días. Iban a venir de invitados sus criaturas inmaculadas, como ella llama a los niños de la doctrina, y el padre José Juan. Todos la quieren mucho por ser mujer de buen sentir. Ella si se irá al cielo, no lo dudo. En cuanto a mí, ahora que ya nos pidieron el cuarto, estoy decidido, por puro despecho, a besar a la hija del tendero a la ventaja, sin darle tiempo a parpadear, hoy a las seis de la tarde en la fuente.
No tengo más que perder, ni a donde ir. Lucina es lista, ya al vernos a la intemperie cogeremos rumbo y llegaremos a donde sea bueno llegar. Ella piensa bien, por eso tengo intención, mientras vamos andando, buscar ocasión de confesarle que besé a la hija del tendero a la brava, que le puse el mal nombre del Topo al señor notario y remedé con tirria su andar. Se lo diré porque mi hermana sabe diferenciar los enredos buenos de los malos. Ella si sabe de esos lados rotos de la vida, esos hoyos, por los cuales uno puede asomarse, según menciona su catecismo, que a veces hojeo a solas, y me hacen sudar las manos de miedo con sus estampas de encuerados chamuscándose en largas lenguas de lumbre, atormentados por demonios maledicentes con colas de víbora, mientras en lo alto los ángeles caras de niña bonita revolotean a su antojo adorando a Dios con reverencias y cantos.
En cuanto encontremos otro inquilinato buscaré a un vendedor de algodones y me comeré uno color amarillo para saborear por doble el gusto del beso y el recuerdo de la hija del tendero con su vestido de gala. Aunque, a decir verdad, no estoy ya muy confiado en contarle mis cosas a Lucina, porque a veces, a hurtadillas me he dado cuenta de los ojitos de borrega que pone y de sus cachetes colorados cuando platica con el padre José Juan en la capilla. La otra vez, dormida, bien que la oí mentar el nombre del padrecito mientras se remolineaba como lombriz de lodo, apretujando las manos entre las piernas.
Yo quisiera saber, nomás de curioso, de qué lado roto mira mi hermana la vida cuando sueña.



El lado roto de la vida, de Roberto Omar Román, gana el III Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid

El lado roto de la vida, relato de Roberto Omar Román, de Toluca (México),ha resultado ganador del III Premio de Escritura Breve de Diario de Madrid, recompensado con una pintura del artista Gonzalo Silván Lago, aquí reproducida, y con la publicación de su trabajo en este blog.

Enhorabuena al autor, también extensiva  a los otros siete finalistas, que son, por orden alfabético:
- Donde empieza la patria, de Maricarmen Rizo, de Ciudad de México
- El mal paso, de Antonio Pablo Bueno Velilla, de Gallur (Zaragoza) 
- La alacena, de Jesús Ramos Alonso, de Madrid
- Máquina del tiempo, de Carmen Picazo Hernández, de Madrid
- Negocios, de Luis de Blas Muela, de San Fernando de Henares (Madrid)
- Tepito existe porque reziste, de María Yañez, de Ciudad de México
- Turismo natural, de José Luis Chaparro González, de Salvatierra de los Barros (Badajoz)

Muchas gracias al resto de los concursantes por su participación.
A esta III edición del premio se han presentado un total de treinta y ocho escritos. 

El jurado del concurso ha estado formado por:
- Teresa Albert Fernández, geógrafa, del Instituto Geográfico Nacional
- Luis Flores Flores Fuentes, pintor
- Carmen García Delgado, médico internista
- Alicia García Medina, bibliotecaria, de la Biblioteca Nacional de España
- Carola Moreno Torres, editora, de Ediciones Barataria
- César Rodríguez González, ingeniero industrial
- Gonzalo Silván Lago, pintor y profesor
- Asunción Zuza Lanz, profesora de Lengua francesa
a quienes se agradece vivamente la difícil y encomiable labor realizada.