28 abril 2016

Impresiones de México

Julio Sánchez Mingo
Abril 2016

A María Luisa de la Garza

Este invierno he estado en México un mes largo. La mayor parte del tiempo en Ciudad de México, con escapadas a Puebla y Teotihuacan, y una semana en Yucatán.

Estas impresiones son personales. Cualquier otro visitante puede tenerlas muy distintas y pueden también diferir del sentimiento de cualquier residente mexicano. La realidad absoluta no existe. Cada persona se forja su propia realidad. Por eso las opiniones sobre cualquier tema pueden ser tan dispares. Obviamente llama la atención aquello que es distinto a lo que cotidianamente se ve.

A mi llegada, al subirme al taxi en el aeropuerto para dirigirme a mi residencia en Ciudad de México, mi primera sensación fue negativa. Un tenue olor a sulfuroso lo invadía todo. El taxista lo justificó diciendo que debían estar limpiando alguna instalación. El sentido del olfato es adaptativo. En los días siguientes ya no olía nada. Lamentablemente esta megaciudad de 20 millones de habitantes es reconocida por sus altos índices de contaminación atmosférica. Me llamó muchísimo la atención que por el mismo centro de la población circulen enormes camiones con gigantescos remolques.

Atravesar la ciudad, mirando por la ventanilla del taxi, te da una idea de lo que te vas a encontrar. Para un madrileño como yo, es decir, un paleto provinciano de una población grande al norte de la Mancha, con todo lo que ello conlleva de ciudadanos con muchas ínfulas, poco conocimiento y cultura y nada cosmopolitas, que no paran de mirarse el ombligo, Ciudad de México es toda una experiencia. Se siente uno abrumado. Una ciudad de ese tamaño, tan poblada, mestiza, multicultural de verdad, impresiona. Es apabullante.

Los mexicanos son simpáticos, afables, amables, corteses, muy educados. Su urbanidad es exquisita. Y les gusta mucho pegar la hebra. He hablado largo y tendido con gente en el metro, por la calle, en hoteles, restaurantes y cafés. Con taxistas, un policía federal, un mariachi, unos carniceros del mercado de la Merced, con camareros, un ama de casa de religión evangélica, alguna funcionaria, profesionales, artesanos, comerciantes, visitantes de museos, recepcionistas y porteros de hotel, vendedores ambulantes, cocineros, celadores de museos, funcionarios de la Corte Suprema de Justicia, regentes de puestos callejeros de comida, un ferretero, peregrinos a Guadalupe y hasta pedigüeños. Encantadores. Además, aunque parezca mentira, los españoles somos muy bien acogidos.

En la plaza de la Tres Culturas, en Tlatelolco, hay un mural de piedra, de notables dimensiones, con la siguiente inscripción grabada: “El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtemoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.
Allí mismo se produjo la matanza de 1968, que recuerda un monolito con su correspondiente leyenda.

México es un país de grandes desigualdades sociales, económicas y culturales. La escala social va de personas, demasiadas, que viven en el nivel de subsistencia a millonarios, pocos, que atesoran grandes riquezas, ingentes riquezas, con una distribución de la renta injusta y desequilibrada.
He visto en Macario Gómez, estado de Quintana Roo, a hombres que habitan en barracas y viven de recoger leña en la selva. También he visitado El Palacio de Hierro de Polanco, centro comercial situado en uno de los barrios más selectos de Ciudad de México, que aloja, exclusivamente, tiendas de las grandes firmas de lujo, Hermès, Louis Vuitton, Tiffany, Chanel, Cartier.... Todas ellas tienen una superficie mayor que las de sus homólogas de Madrid y los precios ¡más altos!
En Ciudad de México pasas de barrios como el referido Polanco o San Ángel, plagado de mansiones, a grandísimas aglomeraciones de infraviviendas.
Me dolió enormemente ver golfillos descalzos jugando en la calle y multitud de perros vagabundos. Estas imágenes no las había presenciado en España desde hace más de cuarenta años.
Morelos, uno de los padres de la patria mexicana, hace 200 años, en la lectura de los Sentimientos a la Nación, declaró que uno de los objetivos de las leyes era “....que moderaran la opulencia y la indigencia”.

También es un país de grandísimos contrastes. Conviven la semiaridez del altiplano con la exuberancia de la selva tropical y la desolación de los desiertos del Norte. En lo social, la modernidad más absoluta con el atraso cultural más infame. Prueba de ello es la coexistencia de movimientos por la dignidad humana, la liberación de la mujer y los derechos humanos con el machismo más cavernario y las creencias más retrógradas.
En la puerta de muchos establecimientos públicos hay un cartel que reza: “En este establecimiento no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física o socioeconómica ni por ningún otro motivo”.

El Metro de Ciudad de México es una maravilla. Trenes con composiciones de nueve coches y una frecuencia de paso de uno o dos minutos. Las instalaciones están correctamente mantenidas. Ya quisiera Londres tener un metro así. Lo usan muchedumbres. A las horas punta, en que los coches van abarrotados, se reservan los tres de cabeza para las mujeres y los niños menores de 12 años. Me produjo una ridícula y chovinista satisfacción, deberíamos considerarnos todos ciudadanos del mundo, ver que muchos de las unidades están manufacturadas por CAF, la empresa de material ferroviario de Beasain, en Guipúzcoa. ¡Mis hacendosos vascos!

La moda de la delgadez y el aspecto anoréxico que impera en España no ha llegado a México. Allí las mujeres tienen curvas y ¡qué curvas!

Un viaje en Metro cuesta 5 pesos, unos 25 céntimos de euro. Un policía federal gana 450 € al mes, un camarero 100 pesos al día, unos 5 €, más las propinas, que, de alguna manera, son obligatorias, aunque su importe es a discreción del cliente. Pagué 40 pesos, ¡2 €! por una consulta médica de veinte minutos. El joven facultativo que me atendió me pareció un excelente profesional. Y lo hizo sin prisa. Una asistenta cobra 3 € la hora. Los treintañeros españoles expatriados no bajan de los 100.000 € al año. El alquiler de un piso de 100 metros cuadrados, con una hermosa terraza de 30 metros cuadrados, en un barrio de clase media, asciende a 1.200 €. Un menú a mediodía, en una digna casa de comidas, tiene un precio de 50 pesos, 2,5 €. Con la propina, 2,75 €. Una opípara cena en Cipriani, un selecto restaurante en el exclusivo Polanco, costó 35 € por comensal, propina incluida. Unos calabacines, en el Mercado de la Merced, estaban marcados a 40 céntimos de euro, unos pimientos verdes, rojos o amarillos a 90 y unos tomates pera a 0,65 €. La cesta de la compra no es barata considerando lo bajos que son los salarios. Con estas estructuras de precios la desigualdad está servida.

La sociedad mexicana es muy clasista. El dinero marca las barreras. Es una herencia de la cultura española y de las estructuras políticas y sociales que se implantaron con la conquista.
Los españoles, hombres de bragueta fácil, se volvían locos por las indias. No eran racistas pero sí clasistas. No tenían empacho en desposar a una belleza local si era princesa. Eso sí, primero la bautizaban. Por ello los aborígenes no fueron exterminados sistemáticamente en la América Hispana y fueron utilizados como mano de obra barata, siervos y semiesclavos, al contrario que en Estados Unidos, donde la población autóctona prácticamente desapareció. Todo ello dio paso al país mestizo y clasista que es México. La gran tragedia fue la introducción de enfermedades contra las que los mexicas, mayas y demás etnias no estaban inmunizados, lo que provocó una gran mortandad. Por esta razón desaparecieron los pocos habitantes del Caribe.
Recomiendo la lectura de La época colonial hasta 1760, de Bernardo García Martínez, especialmente las pp. 75-79, en Nueva historia mínima de México, editada por el Colegio de México.

Las carreteras mexicanas son un tanto chuscas, tienen su gracia. En la autopista de peaje, de cuota, dicen ellos, Valladolid-Mérida, en Yucatán, me he cruzado con ciclistas y carros a pedales, cargados de leña de la selva, circulando, para más inri, a contramano. En el arcén de la autopista de peaje Ciudad de México-Puebla los camiones de gran tonelaje, y demás vehículos, paran y aparcan en el arcén, delante de restaurantes, colmados, tiendas y puestos callejeros. Las autopistas no están valladas.

México es el país de las estatuas. En cualquier lugar se levanta una estatua en honor de alguien, o de algo. Son abundantísimas. Ello denota que la clase dirigente, al menos, es culta, mucho más que la española. He visto estatuas dedicadas a Cantinflas, a Agustín Lara, al cantante Juan Gabriel. Ésta última está en una bocacalle de la plaza Garibaldi donde, cada diez metros, en ambos lados, hay una estatua de un artista popular. Las de Hidalgo y Morelos son infinitas. El infame Carlos IV tiene una, a caballo, de gran tamaño, en el Centro Histórico de Ciudad de México, que llaman el caballito. Lleva cubierta por un andamiaje varios años. También en Ciudad de México, en el paseo de la Reforma, en los dos costados, cada cuarenta metros, hay una estatua de un notable. Esta vía tiene kilómetros de longitud. En la misma población, en la plaza de la Villa de Madrid, hay una réplica de la fuente de la Cibeles a ¡tamaño natural! En otra plaza cercana te encuentras con el David de Miguel Ángel. Los exiliados españoles en México, contagiados del espíritu iconográfico de los lugareños, erigieron un monumento en recuerdo del presidente mexicano Lázaro Cárdenas, que tanto hizo por ellos y que protegió a Azaña y a su mujer de las garras franquistas. Creo que en Madrid no hay ningún reconocimiento a la figura de ese mandatario mexicano en forma de estatua o vía pública. Eso sí, tenemos la plaza de Margaret Thatcher, en Goya esquina a Castellana. Su decisión de torpedear y hundir el crucero General Belgrano hace que muchos historiadores, analistas y ciudadanos de todo el mundo la consideren una criminal de guerra.
En las colonias, barrios, Polanco y Anzures, en Ciudad de México, las calles están dedicadas a personalidades de la Ciencia, las Artes y la Cultura mundiales. Yo he residido en la calle Víctor Hugo, entre Leibniz y Shakespeare. El centro comercial El Palacio de Hierro está situado entre Homero y Horacio y flanqueado por la calle Molière. En el Centro Histórico hay una calle rotulada Calle de López-Vía del Exilio Español y en Polanco otra con el nombre de Emilio Castelar, insigne orador y parlamentario y presidente de la I República Española.

La comida mexicana es muy distinta a la nuestra. Los ingredientes son muy variados y, como es de todos sabido, añaden picante a muchos platos. En el Palacio Nacional, sede de la presidencia de la República, antiguo palacio de los virreyes españoles, junto a los murales de Diego Rivera hay una lápida con el siguiente epígrafe: “EL MUNDO DEBE A MÉXICO: El MAIZ, TLAYOLLI – EL FRIJÒL, ETL - El TABACO, PICIETL – El CACAO, CACAUATL – EL ALGODÒN, ICHCATL – EL HENEQUÈN – EL TOMATE, TOMATL – EL GITOMATE, XITOMATL, EL CACAHUATE, TLALCACAUATL – LA TUNA, NOCHTLI – EL MAGUEY, METL – EL AGUACATE, AUACATL – LA PIÑA, MATZATLI – EL CHICLE, TZICLTLI – EL CHICO ZAPOTE, TZICTZAPOTL – EL ZAPOTE BLANCO, IZTACTZAPOTL – EL ZAPOTE PRIETO, TLILTZAPOTL – EL MANTE, COZTICTZAPOTL – EL MAMEY, CUAUTZAPOTL – EL CAPULIN, CAPULLIN – LA PAPAYA, PAPAYAN – EL CHILE, CHILLI – LA YUCA, CUAUCAMOHTLI – LA JICAMA, XICAMATL [sic]”. Según te vas introduciendo en los vericuetos de la comida mexicana descubres que es muy sabrosa y bastante natural y que puedes comer infinidad de platos sin picante, algo a lo que estómagos como el mío no están acostumbrados y no soportan. Lo que es difícil para un panero como yo es prescindir de nuestro pan blanco y comer todo con tortillas, ya sean de maíz o de trigo.

México es un país laico, con separación absoluta de Iglesia y Estado. Sin embargo los ciudadanos son religiosos y, en particular, muy devotos de la Virgen de Guadalupe, cuya imagen, en su basílica, está arropada por la bandera mexicana, la bandera de su pueblo. Me emocionó especialmente ver a muchas familias completas, desde los abuelos hasta los nietos, algunas muy humildes, muchas de ellas indígenas, los desfavorecidos del país, acercarse con gran emoción, con devoción infinita, a venerar a su Virgen. El papa Bergoglio estuvo allí dos o tres días después.
Hay altares y hornacinas con imágenes de cristos, vírgenes y santos por todas partes. Por la calle, entre los puestos de los mercados, en los pasos subterráneos. En un puesto callejero de comida corrida he visto un gran panel donde se agradecía a Dios los dones diarios. Todo ello con una estética muy kitch.
La bandera nacional corona la Catedral Metropolitana de Ciudad de México. Hay quien acusa a la jerarquía eclesiástica mexicana de olvidarse de socorrer a los más necesitados, de las necesidades espirituales de los fieles, de vivir demasiado a la sombra del poder político y de ocupar su tiempo en intrigas. El primero, el propio papa, como puso de manifiesto en su encuentro con el obispado mexicano. Además, Francisco, en su discurso ante la presidencia de la República, con Peña Nieto al frente, reprendió a la clase dirigente diciendo: “Cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”. Le aplaudieron como si esos problemas no fueran con ellos.
Yo creo que la bandera mexicana representa al país, a los ciudadanos, no al estado, como sucede en España, donde, además, es origen de conflictos.

La educación pública es laica. Tiene fama de escasa calidad,. En la fachada de muchos centros educativos públicos unos grandes cartelones dicen: “MADRE Y PADRE DE FAMILIA: ESTA ESCUELA ES PÚBLICA, GRATUITA Y LAICA. La SEP (Secretaría de Educación Pública) es responsable del pago de todos los servicios del plantel: luz, agua, predial, teléfono, etc... Nadie podrá condicionar la permanencia de tu hijo o hija en la escuela, exigiéndote un pago por cualquiera de estos conceptos. SI ALGUIEN LO HACE, DENÚNCIALO AL TELÉFONO 36017175”

Los mexicanos, como buenos herederos de la cultura española, la cultura de la desidia y la dejadez, son poco amigos de la cosa pública. Así, generalmente, las calles y plazas están sucias y descuidadas, las aceras y calzadas desportilladas, el mantenimiento de muchos edificios no existe, lo que acelera su ruina y provoca que muchos de ellos se caigan a pedazos, los parques y jardines lucen abandonados y las instalaciones públicas se muestran en un estado lastimoso. Unos urinarios públicos, de propiedad privada y de pago, en la calle Seminario de Ciudad de México, a cuarenta metros del Palacio Nacional, a un paso del Templo Mayor de Tenochtitlan, frente al Sagrario Metropolitano, que forma parte del complejo de la Catedral, son dignos de los que usaban, no los conquistadores del Imperio Mexica, sino sus antepasados medievales extremeños y andaluces.
Sin embargo, cuando se lo proponen, los mexicanos son capaces de ofrecernos verdaderas maravillas de factura, utilidad y mantenimiento. Para mí el caso paradigmático es el Museo Nacional de Antropología, en el Bosque de Chapultepec. Una moderna y notable construcción de 1964, que no ha envejecido, con unos fondos excepcionales mostrados espléndidamente, limpia y bien mantenida. Es uno de los mejores museos del mundo, que justifica un viaje a México.
Igualmente, hay establecimientos públicos, tiendas y restaurantes, que destacan por su tamaño y diseño. No los he visto iguales en Europa. Desde luego es el país de los grandes contrastes, del lujo y la opulencia a la miseria y la pobreza.

Algo que impacta de México es la lacra de los desaparecidos, los asesinatos masivos y los crímenes derivados del narcotráfico.
Una lápida en el suelo, en la entrada del bosque de Chapultepec, resume esta tragedia. Su inscripción dice así: “SOY NEPOMUCENO MORENO NÚÑEZ FUI ASESINADO POR BUSCAR A MI HIJO EL 28 DE NOVIEMBRE DEL 2011 EN HERMOSILLO, SONORA. Soy amiguero y bromista, me encanta la canción de Mi Linda Esposa, también cocinar mariscos, preparo una Cahuamanta deliciosa. Me acribillaron por exigir justicia a funcionarios de la procuradoría del estado de Sonora, para que investigaran y encontrar a mi hijo secuestrado, él sigue desaparecido, mi asesinato sigue impune. Pido que lo que me pasó a mí nunca te pase a ti, que mi muerte y la de miles más no sean en vano y ustedes, la gente, luche con entrega y valor para exigir al Estado Mexicano que se comprometa a revivir la Justicia, la Verdad y la Paz en México. Como siempre dije: “¡¡Todo pa' delante... nada para atrás...!!” NEPO 28 de marzo del 2014 [sic]”.

En ningún lugar del mundo he encontrado tantos policías como en México. Solos, en parejas, en grupos más o menos numerosos, siempre ves agentes por todas partes. En la calle, custodiando edificios oficiales, centros comerciales o de celadores en los museos. Pero no parecen muy eficaces. No tienen reparo en estar charlando plácidamente o comiendo en público. He visto a dos uniformados platicando tranquilamente en una puerta lateral del Palacio Nacional, abstraídos de su labor de vigilancia, mientras a uno de ellos un limpiabotas le lustraba los zapatos.
He contado varios cuerpos. Policía Federal, Estatal, Municipal, Auxiliar y de Tránsito. En las ruinas de Chichén Itzá había policías federales patrullando con traje de campaña, chaleco antibalas, casco de última generación y fusil de asalto. En las carreteras principales existen controles permanentes, con garitas como las de los peajes de las autopistas, en las que unos pasivos guardias dormitan, ajenos al flujo de los carros. La Policía Auxiliar está financiada al cincuenta por la Administración y al otro cincuenta por ciento por la entidad, pública o privada, para la que, en un momento dado, presta servicios. Así, los miembros de este cuerpo ejercen de celadores de museos o de vigilantes en centros comerciales, armados hasta los dientes, con armas largas. También es numerosísima la seguridad privada, especialmente en edificios de oficinas y establecimientos de hostelería.

Una de las peculiaridades de México es la infinita oferta comercial disponible, basada, en gran parte, en la venta ambulante y en la vía pública. Hay millones de puestos callejeros de comida, alimentos y todo tipo de mercancías.
En ciertas zonas de Ciudad de México los comercios se agrupan por gremios y así, entre el Zócalo y el Palacio de Bellas Artes, existen multitud de ópticas y joyerías, muchas de ellas localizadas en galerías comerciales monotemáticas, de tiendas minúsculas, muchas de ellas reducidas a un simple mostrador. Allí cerca descubrí un mercado, de cientos de puestos, dedicado exclusivamente a artículos de papelería y escritorio. Cerca de la basílica de Guadalupe se encuentra otro donde se venden imágenes y objetos religiosos.
El mercado de la Merced merece una visita. Los puestos se cuentan por miles y despachan todo tipo de mercancías y alimentos.
Todos los días laborables, a mediodía, en la calle Miguel de Cervantes Saavedra, frente a la gigantesca torre de oficinas de Telcel, los museos Soumaya y Jumex, el acuario Imbursa y el teatro Telcel, todo ello parte del imperio de Carlos Slim, se instala, en uno de los carriles de la calzada, un mercadillo de puestos de comidas y comestibles para satisfacer las necesidades alimenticias de miles de empleados del magnate mexicano. Es digno de señalar el contraste entre la modernidad y el lujo de los edificios y la sencillez extrema de los tenderetes del mercadillo.

Los mexicanos han heredado los vicios y defectos de las estructuras territoriales y organizativas y de la burocracia del período colonial. Un ejemplo: en la colonia Anzures de Ciudad de México se encuentra la representación del estado de Oaxaca en la capital federal. Como si de una embajada o consulado para oaxaqueños se tratara, estaba llena de personas esperando para ser atendidas. Para acceder a las ruinas de Chichén Itzá hay que pagar dos entradas, una de la administración federal y otra de la administración del estado de Yucatán. Si se paga en efectivo, una sola señorita cobra y entrega dos boletos diferentes al visitante. Cuando se abonan las entradas con tarjeta de crédito, una empleada carga en un datáfono el importe de la parte federal y otra, en otro datáfono, la parte estatal.

En México, todo el suministro eléctrico de media y baja tensión es aéreo. También el cableado telefónico. El resultado es que todas las calles son bosques de postes sosteniendo marañas de cables y cablecitos. Lo de Telefónica en España, con sus conductos dañando todo tipo de edificios históricos y singulares, parece una chiquillada. Bueno, Telefónica con la connivencia de los ayuntamientos.
¿Será que la alta sismicidad no permite el despliegue subterráneo o es algo derivado de la dejadez mexicana?

En Ciudad de México, en la puerta de muchos establecimientos comerciales y restaurantes, unas palanganas llenas de agua esperan para saciar la sed de los perros de clientes y viandantes. En la terraza de un restaurante, el camarero nos trajo unos de esos recipientes para Lola, la perrita callejera adoptada por mis anfitriones que, es tan sociable, que se acerca a saludar a cualquier persona con la que se cruza. Nunca nadie le hace un mal gesto. Parece que los chilangos aman mucho a los chuchos.

El viaje a México, y algunas lecturas complementarias posteriores, me han hecho meditar mucho sobre las desigualdades sociales y económicas, las estructuras políticas y los intereses de unos y otros. También sobre el hecho de gobernar con arreglo a principios de justicia y mirando por el bien común y nuestro medio físico o, por el contrario, con el único objetivo de ejercer una gran presión fiscal que permita mantener el entramado de los estados, sustentando la corrupción y el provecho de los grandes grupos económicos y de las multinacionales. Cuestiones, todas ellas, que afectan, en mayor o menor grado, a todos los países y pueblos de la tierra.

No quiero extenderme más y aburrir al lector con más impresiones personales de México, que, por cierto, es un maravilloso país.

08 abril 2016

La cesión del patrimonio colectivo. México y España

Julio Sánchez Mingo

Abril 2016

Domingo 27 de marzo de 2016. Playa de Akumal, Estado de Quintana Roo, México. Unos lugareños irrumpen en la playa, en manifestación, por el único acceso público existente en la zona. Al parecer la Municipalidad, en definitiva la Administración Pública competente, quiere privatizar una parte del dominio marítimoterrestre y entregarlo en concesión a unos inversores para la construcción de un hotel.




La parcela, de una finísima y blanca arena de playa y cuajada de cocoteros, está rodeada por una cerca de malla metálica, cubierta por un plástico negro para impedir la visión del interior, y coronada por una concertina. Los paisanos, que reivindican el uso público de las playas y su dominio terrestre y el derecho a disfrutar de la sombra de las palmeras, como han hecho desde hace miles de años, han doblado las púas y rasgado el plástico. 




En el interior hay una legión de guardas de seguridad, de espaldas a la valla metálica para que no se les vea la cara y puedan ser reconocidos, que controla que nadie salte al recinto. Paradójica, y sarcásticamente, el ayuntamiento se llama Solidaridad.
La playa, en su día, debió ser paradisíaca. Ahora hoteles construidos en su mismo borde, sobre la arena del dominio marítimoterrestre, clubs de playa y casetas de servicios turísticos la afean enormemente. ¡Y es un lugar de desove de tortugas!


Las administraciones públicas deberían financiarse exclusivamente con los tributos de los ciudadanos. Pero como su gestión no es lo eficiente que debería y está lastrada por la corrupción, la mala administración y el electoralismo, que lleva a ofrecer el oro y el moro, vivir por encima de sus posibilidades e incurrir en gastos superfluos, han de recurrir a vías de financiación alternativas que incluyen la cesión, en venta o concesión, del patrimonio público, del patrimonio colectivo, y la recalificación urbanística de espacios naturales y urbanos de especial interés para toda la sociedad.
Esto sucede en México. La situación en España es exactamente la misma.
Un gobierno en funciones prorroga la concesión por ¡60 años más! a una contaminante fábrica de celulosa que ocupa el lugar al que acudían los lugareños a ganarse el sustento mariscando, en un entorno que hace muchos años fue bellísimo. El ministerio de Defensa vende en Madrid 27 hectáreas del Parque de Ingenieros de San Fernando para la construcción de viviendas, y así poder reforzar sus maltrechas arcas, al igual que sucederá con la prevista Operación Campamento o con el solar de la antigua cárcel de Carabanchel. Millones y millones de metros cuadrados de terreno público, patrimonio de todos, enajenado para compensar el dinero perdido por la mala gestión, los gastos superfluos y la corrupción. Además, pan para hoy y hambre para mañana. 
La justificación que nos ofrecen los políticos, tremendamente demagógica, es siempre la misma. Aumenta la actividad económica y la  creación de puestos de trabajo. Nunca dicen que tanto la una como la otra pueden, y deben, ser compatibles con la preservación del medio ambiente y la conservación del patrimonio colectivo.

Fotografías del autor 

24 enero 2016

Beatriz y el Etna
De la felicidad a un dolor infinito y a una profunda tristeza

Julio Sánchez Mingo
Enero 2016

A Fifi Caldevilla, con todo mi cariño

Beatriz desapareció en el Etna, Mungibeddu o 'a Muntagna en siciliano, en italiano Mongibello, el Monte Bello, traducido literalmente. El puente de San Isidro de 2001.

Un grupo de amigos habíamos planeado ir a Ordesa esos días, incluso ya teníamos reservado hotel en Torla. Beatriz era uno de ellos. Sin embargo, un cúmulo de circunstancias nos obligó a cancelar el viaje. Ella, a última hora, decidió volar a Catania para ascender al Etna, el volcán que tanto la subyugaba desde una visita anterior.
Yo había propuesto el viaje al Pirineo oscense. Habíamos estado el otoño anterior, Beatriz incluida, habiendo vuelto encantados. Queríamos repetir en primavera.
Convoqué a todos con este mensaje, enviado por correo electrónico:

Asunto: Puente del Santo de mi pueblo
Señorías:
Durante la cena que tan amablemente nos ofreció la Sra. Marquesa el pasado día 10 para celebrar sus pocos meses cumplidos, sugerí la posibilidad de pasar el Puente de la referencia en la Cuenca del río Arazas, con el objetivo de disfrutar de la montaña pirenaica y de que la referida Marquesa salga, pobrecita ella, de la Cuenca del Manzanares, la Alta, claro, que todavía hay clases y los demás vivimos en la Baja.
Por ello me dispongo a efectuar la correspondiente reserva de alojamiento, para el que se quiera apuntar, y planteo dos posibilidades:
- Hotel Villa de Torla, que conocen la Srta. Pita, el hijo de la Marquesa, Su Excelencia la Susodicha, el garrulo de mi pueblo casado con la Marquesa y residente en la Cuenca Alta del río más importante de toda Europa, ya saben Sus Señorías que Carabanchel es el barrio más importante de toda Europa, y el resto de una extraña y dispar comitiva.
- La Casita de Pín y Pón, más de una si fuera necesario.
Les encarezco a Sus Señorías una rápida respuesta, a ser posible para mañana jueves por la noche como muy tarde.
Dados los problemas de agenda de la Sra. de Pita, propongo a este excelso Señor que nos acompañe con un surtido más o menos amplio de su churumbelería y que su Excelsa Conyuge limite su estancia de viernes a domingo, pues no se puede estar en Misa y cobrando del Colegio Miraval, el colegio más porrero de toda la Cuenca del Guadarrama y resto de la provincia de Madrid.
Advertencia muy importante: Dada la desigual orografía de las Cuencas del río Arazas y del río Cinca, o sea el Valle de Pineta, y la desigual condición física y amor a subir cuestas de los involucrados en esta convocatoria, una vez sobre el terreno cada cual es muy libre de plantearse la actividad más adecuada a sus predilecciones, sin compromiso alguno, como ya se hizo en el pasado puente de la Patrona de Zaragoza, donde había diariamente más de una opción de excursión.
Agradeciendo a Sus Señorías una rápida respuesta, reciban un besito muy cariñoso ellas y una patada en los .... ellos,
Julius

Nos las prometíamos tan felices, pero todo se torció. Y Beatriz voló sola a Sicilia.

A última hora del lunes 14 de mayo, víspera de San Isidro, se desencadenó la tragedia. La noche, allí en las alturas, a más de 3.200 m de altitud, fue toledana. Vientos de 120 km por hora, el volcán muy activo y continuas emanaciones de gases sulfurosos tóxicos hacían de la zona un lugar muy peligroso. Beatriz fue vista por última vez, a las 6 de la tarde, a 2.700 m de altitud, por uno de los expertos guías alpinos que acompañan a los turistas, cuando se encaminaba hacia los cráteres cimeros. A partir de 2.940 m, donde se hallan los restos de la Torre del Filósofo, está prohibido ascender sin su asistencia.

                        El Etna en erupción. Diciembre 2015

No regresó a dormir al hotel Corsaro, donde se alojaba, situado cerca del Rifugio Sapienza y del terminal inferior del teleférico. Con éste se alcanzan los 2.500 m. A la mañana siguiente, al notar su ausencia, los empleados del alojamiento dieron aviso a las autoridades. Se organizó un gran despliegue en su búsqueda. Efectivos de guías del Etna, guardias de Finanza, carabinieri y voluntarios participaron activamente en las labores de rastreo.
Volaron a Catania dos de las hermanas de Beatriz que, junto al cónsul español en Nápoles, se personaron en el lugar.

La mañana del 16 de mayo, después del puente, la menor de las hermanas me llamó a la oficina para decirme que Beatriz había desaparecido en el Etna, que la estaban buscando y que dos de ellas habían viajado urgentemente a Sicilia. Comprendí instantáneamente que no volvería a verla. Me eché a llorar y, a continuación, entré casi en estado de choque.
Beatriz era nuestra amiga, nuestra compañera de salida semanal a caminar por la Sierra o a montar en bicicleta. Estábamos muy compenetrados. Era muy fuerte, hecha de piedra berroqueña, capaz de volver a casa ¡casi de madrugada! y estar lista a primera hora de la mañana en aquel cafetucho de Huertas esquina a Jesús, donde las recogíamos, para ir de excursión.
La montaña y el mar acercan, unen mucho. Las largas conversaciones, hablando de todo lo divino y lo humano, que se tienen caminando o navegando, permiten llegar al fondo de las personas y hacer grandes amigos. Amigos entrañables para toda la vida.
Las labores de búsqueda se prolongaron una semana. Sin éxito.
Aparecieron su tienda de campaña y otros objetos personales y se hallaron huellas que alcanzaban el borde del cráter de la Bocca Nuova, del que emanaban gases tóxicos. Posiblemente Beatriz perdió el conocimiento y se despeñó en ese lugar. Incluso un oficial de salvamento alpino de la Guardia de Finanza, con una máscara especial, se descolgó un trecho por la pared del cráter sin encontrar rastro alguno. Finalmente la familia pidió el abandono de los trabajos para localizarla. Comportaban un gran peligro para las personas que participaban.
Es digna de encomio la entereza de las hermanas allí presentes ante la situación y las circunstancias del lugar y de lo ocurrido.
El dolor nos embargó a todos. La familia destrozada. La hermana pequeña desconsolada. Imaginemos el desgarro y la aflicción de la madre. Precisamente la hermana pequeña lleva el nombre de la protagonista de una novela de Rabindranath Tagore porque a Beatriz le gustaba y había convencido a sus padres para que se lo pusieran. Ellas dos compartían habitación en el piso de la calle Huertas.
Es una familia admirable. Siempre habían sido una piña. A raíz de lo acaecido se unieron mucho más, si es que era posible. Los quiero mucho a todos ellos.
Estuvimos bastante tiempo sin ir a la Sierra. No había ánimos.

La última vez que vi a Beatriz habíamos ido a hacer la subida de La Granja a Peñalara. Hacía muy mal día, con ventisca y, a ratos, lluvia y aguanieve. Renunciamos a completar la excursión a la altura del Moño de la tía Andrea. Ya en Madrid, por la noche, fuimos al cine Velázquez, lamentablemente desaparecido, a ver la película Límite vertical, una historia de accidentes y heroísmo en la montaña. ¡Maldita coincidencia!

La familia volvió repetidas veces a Sicilia y al Etna. Era un tributo, casi anual, a Beatriz. En la primavera de 2013 aparecieron unos restos humanos en las laderas del volcán. Las autoridades italianas requirieron la presencia de la familia. Dos hermanas se aprestaron a viajar de nuevo hasta Catania y me invitaron a acompañarlas. Yo le debía a Beatriz mi visita al Etna. A ella, a su madre y a sus hermanas. A mediados de julio volamos los tres a Sicilia. En la visita a la Prefettura de Catania, el gobierno civil de la provincia, se aclararon una serie de omisiones y equívocos que habían conducido a que se pensara que los restos hallados eran de Beatriz. Habían aparecido en la zona del Valle del Bove, muy alejada, unos cuantos kilometros, de la Bocca Nuova y se había verificado, tras la correspondiente prueba de ADN, que eran de un varón. La hermanas me confesaron, a la salida de la Prefettura, que no deseaban que los restos hubieran sido de Beatriz. No querían revivir la tragedia de 2001 y hacer pasar a su madre, de nuevo, por un trago tan amargo.

                        Etna. Julio 2013. Fotografía del autor

Subimos al Etna dos días después junto con el doctor Riscica Lizzio, Carmelo, gran amigo de la familia, residente en Catania. Un hombre encantador y servicial como hay pocos, además de un gran conversador y dotado de una vasta cultura. Nos había acompañado en la visita a la Prefettura y paseado por Taormina y la propia capital del Mongibello. Nos asistió en la ascensión un guía alpino, Pippo, también encantador, gran conocedor de este volcán y la vulcanología, con gran capacidad didáctica y una plática muy amena. Alcanzamos la zona de los cráteres cimeros, a 3.200 m, a la vista de la Bocca Nuova. El lugar es sobrecogedor y de una belleza fascinante. Las nubes de vapor azufrado nos quemaban los pulmones. Pippo nos dio las explicaciones pertinentes. Después guardamos silencio en recuerdo de Beatriz.

Beatriz ya no está y yo siento una gran pena. Pero pervive en nuestros pensamientos y nuestros corazones.

Dei cari compagni che con la loro vita
arricchirono la nostra
non bisogna dire con tristezza non ci sono più,
ma, con gratitudine, ci furono!


Esto dice la oración que Michelangiolo Villar aprendió del padre Palomar. (1)

(1) http://jsanchezmingo.blogspot.com.es/2016/01/el-padre-palomar-un-cura-insolito-por.html

17 enero 2016

Caro Giulio, cari compagni....


Pachi Mouliaá
Enero 2016



Caro Giulio, cari compagni:

In primis he de confesaros que estoy francamente preocupada y que la causa es este blog de Julio, en el que él mismo y unos cuantos más vais desgranando recuerdos e impresiones de nuestro amado LIM.
Leo vuestros escritos y me pregunto ¿Habré ido yo al mismo LIM? ¿Y en la misma época?
Y si es así ¿por qué no sé quién es el Notte o el Gerbino? ¿Y porqué no tengo anécdotas del padre Palomar y tampoco recuerdo sus citas de Zubiri, Maritain o Teilhard?
A ratos me acongojo y me analizo, no vaya a ser que me visite ya el Dr. Alzheimer. Pero reflexiono: - A ver, entonces no te acordarías de lo que has comido, y cocinado, hoy, o mismamente se te habría quemado todo por haber olvidado apagar el gas…Claro, que no tengo gas. En cualquier caso, se te habría olvidado apagar la vitro, rica.
Casi a continuación veo la luz, ¡La memoria, que es muy suya! Quiero decir, la de Menchu es de Menchu, la de Julio de Julio, la de Lalo de Lalo y la mía es la mía… y cada una de nuestras memorias ha grabado lo que le ha salido de ahí.
Sin embargo creo que todos, o casi todos, coincidimos en considerar un privilegio avere frequentato per ben quattordici anni il LIM, que todos, o casi todos, agradecemos al cielo la estupenda formación humanística recibida y que entre nosotros, los que hacemos por seguir viéndonos, conseguimos mantener este vínculo tan especial.

Por mi parte, los recuerdos me vienen a rachas, deshilachados… De Materna la signorina Mariolina, el ratito de a riposare, desfilar en la sala del teatrino con Lucía aporreando al piano la Marcha Triunfal de Aida, haber grabado Angioletto del Signore y el Ave María en un disco que parecía una cartolina, las cadenetas de papel charol y el olor a almendra amarga del pegamín en barra…...

    Curso 1959-60. Con la signora Ferrari. Pachi Mouliaá es la tercera por la izquierda, sentada en la primera fila.

De la Elementare, mi cartera de cuero, más grande que yo, mi amor incondicional y eterno a la signora Ferrari, el boicot que le hicimos a su sustituta, la Boeri, hasta que nos dimos cuenta de que también era magnífica, y, sobre todo, la presión enorme que me supuso preparar en casa de la signora Ferrari el salto de la quinta elementare, os recuerdo que debo de ser la mayor, aunque no en tamaño, del 24 de enero, salto que el final no realicé porque iba a jaquecón diario y mis padres se apiadaron de mí.
En Scuola Media llegó la Battistoni, con su aire estirado y despectivo, sus cuellorros de piel y sus caramelos Halls, que aquí ni conocíamos y que la muy z… se rechupeteaba en clase. Cruella de Vil se queda chiquita a su lado. Aún conservo el tocho enorme de la antología literaria que manejamos toda la Media y, de vez en cuando, lo desempolvo y repaso. Es más, que sepáis que, en época reciente, he dejado atónitos y patidifusos a mis compañeros del Instituto Italiano de Cultura recitándoles Cantami o diva del Pelide Achille..., Nel mezzo del cammin di nostra vita…, al Carducci o al Pascoli. También en la Media llegaron los Beatles, en casa de las Occhi y The Animals, en Piedralaves, en casa de Elena Fernández. Baquera, y los primeros bigliettini de algún compagno y el sentirme mayor por ir a scuola en ruta yo sola. A mis entonces cinco hermanos menores los sacaron del Liceo y los llevaron a colegios de curas y monjas cercanos a casa, porque mi madre tuvo dos tardanillos seguidos y no era plan el trajín de traernos y llevarnos al Liceo.
Los últimos años, los de Liceo propiamente dichos, son para mí los más confusos y revueltos. No me acuerdo de en qué clases coincidíamos, tengo un respetable follón de insegnanti, mi rendimiento escolar empezó a flojear… La adolescencia, que en mi caso fue un tanto esquizoide y lo lió todo. Supongo que lo mismo vale para el resto de vosotros. Los primeros guateques liceales con compagni più grandi, mi primera pandilla de barrio en el Retiro, subirse el uniforme para ir minifaldera, las fumatinas y las confidencias en el gabinetto, Filosofía con la sobrina de la Peraita, Biología con la Lili…
¡¡Puff, un taco al que no quisiera volver!! Es lo que tiene andar leyendo por tu cuenta “El segundo sexo” y “La alienación de la mujer” para al final acabar cumpliendo tu destino de jovencísima casada y madre en la vida…

En fin, ya sé que no ha sido muy académica mi disertación pero a cambio espero haberos entretenido un rato.

Os quiero.

Pachi Mouliaá fue compañera del editor en la Escuelas Italianas de Madrid

10 enero 2016


El padre Palomar, un cura insólito

Julio Sánchez Mingo

Enero 2016



A Menchu García Delgado, Isabel Fernández Asís, Marilù Ciattei, Cristina Fischesser, Cristina Pérez Gabrielli, Marilar Andrés Montalvo, Lola Alegre Esteve, Alberto Molinas, Sandro Corradi, Michelangiolo Villar, Jesús Sotillo, José Antonio Rodríguez Rubio y Fernandito Ramos, agradeciendo sus testimonios y colaboración


Recientemente han repuesto en televisión, por enésima vez, El desencanto, película documental protagonizada en 1976 por los hermanos Leopoldo María y Michi Panero y por su madre, Felicidad Blanc, viuda del poeta falangista Leopoldo Panero. Ambos fueron alumnos de mi colegio. En esa película, en una conversación que mantienen en el patio del mísmo, nuestro cortile, hablan de nuestro cura, el padre Palomar, de una forma negativa, de un sacerdote retrógrado y cavernario.
Mi valoración de Máximo Palomar es completamente contraria. Cada cual tiene un mundo distinto en la cabeza, sus ideas, sus demonios y, por ende, sus opiniones. En el caso de nuestro clérigo todos los excompañeros consultados coinciden en recordarlo, ante todo, con mucho cariño y como una buena persona, de infinita paciencia.

El presbítero Máximo Palomar era, además de capellán del colegio, el profesor de la asignatura de Religión en todos los ciclos y cursos. Tenía que lidiar un ganado de lo más variopinto, desde niños de 6 años hasta jovencitos de 17, chicos y chicas, españoles e italianos.
No era un hombre entrañable, paternalmente cercano. Al menos con los alumnos. Ya iremos viendo que con los exalumnos su actitud cambiaba radicalmente, algo, a priori, extraño. Supongo que de alumnos nos quería mantener a raya. Eramos unos perfectos gamberros que nos subíamos a la chepa de cualquiera que nos diera la más mínima ocasión.
En una ocasión mandó a inspeccionar la limpieza de los servicios, es decir expulsó de clase, a Sandro Corradi y a algún otro por jugar a las cartas mientras explicaba la lección del día.
Una vez, justo antes de que entrara en clase, descolgamos el crucifijo que presidía el aula y colgamos en su lugar la foto enmarcada de un niño, Michelangiolo Villar, vestido de boxeador. Impartió los cincuenta minutos de su asignatura sin comentar nada. Al terminar, mientras salía, dijo: - Que conste que me he dado cuenta de lo que habéis hecho.



Con frecuencia le poníamos la cátedra del profesor, elevada sobre una tarima, justo al borde de ésta con la aviesa intención de que se apoyara y rodara al suelo junto con la mesa. Nunca sucedió, nuestros intentos fueron siempre vanos.
En otra ocasión se tuvo que asomar al balcón para reclamar a un numeroso grupo de alumnos, que remoloneaba charlando en el patio del colegio, que entrara en el aula para comenzar su clase. Empezaron a gritarle: – Habemus Papam, habemus Papam…..- Dicen que entró en cólera. Yo creo que haría un poco de teatro y se reiría para sus adentros. Se hacía el enfadado para amedrentarnos, pero no lo conseguía. Su comportamiento fue siempre correcto y educado, aunque alguna vez soltaba algún exabrupto. Eramos tremendos.

Vestía sotana preconciliar y lucía tonsura. Eran los años de la nefasta dictadura de Franco, de oscurantismo y nacionalcatolicismo. Desaliñado en el vestir, a su hábito siempre le faltaban botones y exhibía unos llamativos brillos de desgaste. Calzaba unos zapatos negros de cordones con suela de goma con pinta de ser de Segarra, la famosa Segarra, los que duraban toda la vida, cuya tienda madrileña estaba en Gran Vía, entonces José Antonio, esquina a Callao. Siempre cargaba con una misteriosa cartera portafolios.
Todos los días, a primera hora, decía misa en Santa Bárbara. Mi padre se lo cruzaba muchas mañanas, cada uno yendo a su trabajo. El padre Palomar al colegio, mi padre a las Salesas, el Palacio de Justicia. Se saludaban cordialmente. En cierto modo eran colegas. Nuestro cura era abogado y ejercía ante el Tribunal de la Rota. A Isabel Fernández Asís le consiguió la nulidad matrimonial gratis et amore, sin cobrarle un duro. También era abogado de pleitos pobres, con lo que sus ingresos probablemente eran bastante exiguos.
Debía madrugar bastante y en clase, más de una vez, mientras el alumno de turno recitaba la lección, se quedaba dormido. A veces, para despertarlo, levantábamos la tapa del pupitre y la dejábamos caer con gran estrépito.

Cuando hicimos la Primera Comunión él asistió al Nuncio, futuro cardenal, Ildebrando Antoniutti, que nos la dio.
Los fines de semana cuando oficiaba utilizaba de monaguillos a sus alumnos del colegio. Íbamos rotando y todos debíamos pasar por ello. Yo tenía miedo a quedarme en blanco allí, junto al altar, frente a todos los feligreses. He tenido miedo escénico toda la vida. Por paradojas del destino he tenido que hablar ante auditorios de lo más variados, hasta de más de 600 personas. Como monaguillo, ¡conseguí escaquearme!
Recuerdo perfectamente sus manos. De todos los profesores que tuve en aquellos catorce años, sólo recuerdo las suyas. ¿Por qué será?



En sus clases yo estaba siempre en Babia. No era una asignatura de mi interés, cuya contenido iba evolucionando a lo largo de los cursos. De pura y dura catequesis a Ética, Moral y Pensamiento cristianos y Doctrina Social de la Iglesia, pasando por Historia Sagrada. Él no exigía especial atención por nuestra parte y nosotros dormitábamos. Había como un pacto tácito de no agresión. Realmente las lecciones de Religión con él eran aburridas, soporíferas.
A pesar de estar en Las Batuecas, algunas veces sintonizaba la emisión. Así le oí hablar de Ángel Pestaña, dirigente anarcosindicalista, y su pensamiento político y social, ¡en la época de Franco! Curiosamente, el padre de nuestro compañero Angelito de Lera, Ángel María de Lera, ganador en 1967 del Premio Planeta con Las últimas banderas, publicó, ya en el período de la Transición, una biografía de Pestaña. Menchu García Delgado, ella era más aplicada, y Michelangiolo Villar me recuerdan que, en clase, el padre Palomar citaba y hablaba de Zubiri. También de Maritain y de Teilhard de Chardin, dos de las bestias negras de la Jerarquía Católica española. Incluso el cardenal Ottaviani tuvo en el punto de mira del Santo Oficio al insigne paleontólogo y pensador jesuita.
En nuestro colegio los profesores italianos eran de tendencias políticas diametralmente opuestas. Unos nostálgicos de Mussolini, como el profesor Gerbino. Otros, del PCI, comunistas, como Notte, Marsiglia Picchio o Gennaro Picazio. La relación personal entre ellos era excelente. Yo he coincidido en Altea, veraneando con la familia Picazio, con Gerbino, Notte y Cardone, cuyas ideas, de este último, desconozco. Se querían y se respetaban. También tenían buena relación con Ruiz Gijón, el falangista profesor de FEN, Formación del Espíritu Nacional. La imagen perfecta de la tolerancia, a la que no era ajeno el padre Palomar, que asumía con naturalidad que Zanesco, una compañera protestante, abandonara el aula en clase de Religión y se mostraba muy respetuoso con el judío Herman, otro alumno.
Menchu rememora que un día en clase, no teníamos más de once años, preguntó si creíamos que un musulmán podía ir al cielo. La sonora, unánime e inmediata respuesta fue ¡no! Ese día recibimos otra lección magistral de convivencia y tolerancia. El padre Palomar contestó que si no robaba, no mataba, ni hacía el mal podía ir al cielo, porque Dios era bondad y justicia infinita.
Censuraba la actividad de las monjas. Decía que no aportaban nada ni a la Iglesia ni a la Sociedad. Nos aconsejaba que, si alguno de nosotros sentía la llamada de la vocación religiosa, nunca entrara en clausura. Había que estar en el mundo. En las tinieblas de mi memoria recuerdo haberle oído comentar algo del sacerdocio de las mujeres en la época de los primitivos cristianos.
¡Nada más lejos del cura ultramontano que pintaban los Panero!

Casó a nuestra compañera Marilar con Antonio Carnal, nuestro profesor de Matemáticas y Física, y bautizó a su hija Isabel.
Ofició el funeral corpore insepulto por el padre de nuestra compañera Lola Alegre en la capilla de la, entonces, Escuela de Bellas Artes de San Fernando, hoy Facultad de Bellas Artes de la Complutense.
Isabel Fernández Asís tuvo que repetir curso porque el padre Palomar le suspendió la Religión en septiembre. Luego el pater invariablemente le decía: - Hay que ver la lata que me has dado siempre -. Años después, si se tenía que reunir con ella para tratar de su nulidad matrimonial, en el piso de Zurbano que compartía con su sobrino, le exigía que acudiera con sus hijos, que de lo contrario no fuera. Cuando ella volvió al colegio para terminar sus estudios, siempre quería quedarse con sus niños y les ofrecía galletas. Para Isabel es alguien muy especial. Según ella le debe muchísimo. Mantuvo contacto con él hasta que murió, sobre el 78.
Alberto Molinas, aún siendo ateo, siempre mantuvo una excelente relación con el padre Palomar. Le visitó muchas veces en su casa cuando ya había dejado el colegio y reconoce que le ayudó mucho. Recuerda que le comentaba lo fácil que era conseguir una nulidad matrimonial.
Michelangiolo Villar evoca que el padre Palomar decía que lo importante no era ir a misa sino comportarse de acuerdo con principios morales, fueran cristianos o no. Considera que esa amplitud de miras fue muy positiva para todos nosotros. También fue capellán de la Cruz Roja, según Miguel Ángel. De él aprendió la única plegaria sentida que sabe, en italiano, por supuesto:
Dei cari compagni che con la loro vita arricchirono la nostra non bisogna dire con tristezza non ci sono più, ma, con gratitudine, ci furono!
De los queridos compañeros que con su vida enriquecieron la nuestra no hay que decir con tristeza que ya no están, sino, con gratitud, estuvieron.
Realmente es una oración muy apropiada para él mismo, como opina Michelangiolo. Yo comparto esta idea.
El padre Palomar es uno de mis profesores con los que ahora, más que adulto, me hubiera gustado tener una conversación de tú a tú.

El colegio que yo viví, en los 60, no tiene nada que ver con el de los alumnos de los 50, los 70 ó los 80. Es más, mi colegio y el de las chicas compañeras de clase eran como dos colegios distintos porque nuestros anhelos, nuestras vivencias y nuestras percepciones eran totalmente diversos. Nosotros vivíamos para los amigotes, el fútbol, mirar a las chicas y aprobar, no había otras cosas en el mundo. Yendo mucho más allá, podríamos decir que existe un colegio diferente por cada alumno que pasó por él. El colegio de los Panero y el mío eran radicalmente opuestos.

21 diciembre 2015

Il fiume scorre lentamente…

Eduardo Fernández Galán
Diciembre 2015

Hace unos años, uno de mis mejores alumnos de la clase de Lengua Española AP, la que cursan los estudiantes más avanzados del instituto y que, si obtienen buena nota en el examen a nivel nacional, les permite convalidar dos años de lengua extranjera en la universidad, se quejó del tema que tenían que tratar en un trabajo de redacción. Creo recordar que debían dar su opinión sobre una reforma de la ley de inmigración, que afectaba a los hispanos en los Estados Unidos.
En clases previas ya habíamos leído artículos, visto vídeos y discutido sobre el asunto. Estos alumnos eran brillantes estudiantes de nuestra lengua, capaces de argumentar en español sin grandes problemas, expresandose con condicionales y pluscuamperfectos de subjuntivo. Así y todo, a este estudiante el objeto del trabajo le “parecía difícil”.
- ¿Difícil? – le contesté. Y le hablé del primer tema o redacción que tuve que escribir en clase de Lingua Italiana en el Liceo, en mi primer año en la Scuola Media, lo que en España equivaldría al sexto grado de básica. Vamos, a los once o doce años de edad. El título del tema era tan sugerente como amedrentador: Il fiume scorre lentamente e porta via i miei pensieri…
- ¡Eso sí que es difícil! – exclamé. Escribir en tu segunda lengua, a esa edad, durante casi dos horas – recuerdo que teníamos dos clases seguidas de italiano una vez a la semana – sobre algo de lo que sólo tienes un título que apenas entiendes. ¿De qué vas a hablar? ¿Del cabreo que te agarraste el domingo tras la enésima derrota de tu Atleti a manos del odioso Real Madrid? ¿De lo que te gustaría darle un beso en todos los morros a Begoña González-Tablas? ¿De los bocatas que trae todos los días Luis De Prada – sobre todo los de croquetas – y que comparte contigo porque a ti tu madre te ha dado 1,50 pesetas para comprarte un Donut en la panadería camino al colegio y te lo has zampado durante el recorrido?...
Además teníamos que escribir el tema en esos enormes folios dobles rayados que se doblaban a su vez de manera que en el margen de la derecha el profesor pudiera anotar y comentar tus errores. ¡Y lo difícil que era sacar un 6!. Recuerdo que el 5 era aprobado en los colegios españoles pero en el Liceo había que sacar 6. ¡Eso era difícil!
He sido profesor de enseñanza media y universitaria durante casi toda mi vida laboral, tanto en la escuela pública como en la privada, incluidas escuelas de la élite de los Estados Unidos como The Lawrenceville School, el College Saint Exupery de Madrid, o la Escuela Española de Portobello en Londres. No creo que ninguna de ellas llegara a las tres cuartas partes del rigor académico, especialmente en las disciplinas humanísticas, existente en el Liceo Italiano de Madrid de mi generación.



Y ello sin tener en cuenta otros detalles como hacernos escribir con plumines –i pennini - en la Scuola Elementare , todos usando la misma caligrafía. Ni estilográficas ni mucho menos bolígrafos o lápices. Recuerdo a los 6 años la angustia que pasé una noche que me quedé sin tinta para acabar unos deberes y mezclé la poquita que restaba con agua para que diera más de sí…Las palabras pasaban del azul marino al celeste y del celeste al claro…Yo escribía en mi cuaderno aterrorizado por la bronca que me echaría al día siguiente la Sra. Novaira, al descubrir el cambio cromático en mi compito.
Recuerdo que en Seconda Elementare ya nos hacían una evaluación oral y escrita para ver si teníamos problemas con la adquisición de la segunda lengua. Al final de la Quinta Elementare había un examen de corte y a los chavales españoles que no podían con el sistema les sugerían matricularse en otro colegio donde empezar el bachillerato.
En la Scuola Media nuestros libros de texto estaban escritos por Homero, Virgilio, o Dante Alighieri. Además usabamos una voluminosa antología poética que nos acompañó durante los primeros tres años. Recuerdo que los comentarios de la edición de la Eneida que teníamos, escrita en Italiano romance, eran de un tal Giovanni Notte , ¡nuestro profesor de italiano!
A los catorce años un deber normal era leed los versos 25 al 48 del Canto III del Infierno”. Si solamente fuera leerlos…Al día siguiente había que estar preparado para ser llamado por el profesor – Fernández Galán…A conferire – y allí, en pie, frente a toda la clase, explicar el significado de alegorías, metáforas o ironías de dichos versos, escritos, para más inri, en italiano del Siglo XIII.
Tal vez el italiano no sea exactamente la lengua del futuro. Posiblemente la educación recibida en el Liceo no fuese tan completa, sobre todo en la parte científica, como la del Colegio del Pilar. Seguramente algunos de los docentes que tuvimos eran más personajes de Amarcord de Fellini que profesores modernos, preparados en las últimas técnicas pedagógicas. Pero yo me fui del Liceo con una magnífica base humanística que me ha ayudado toda mi vida. Incluso el saber italiano fue clave para ser contratado un par de veces como profesor en Estados Unidos.
Desconozco el nivel del Liceo estos días – ya sentí no poder haber asistido al 75 aniversario de su apertura – pero espero que, a pesar de las décadas transcurridas, de las innovaciones tecnológicas en educación – me imagino que ya no es obligatorio el uso de los pennini para escribir – y de los profundos cambios en nuestra sociedad, se mantenga esa calidad de enseñanza donde se prima la capacidad de análisis del alumno en vez de la memorización y se inculque ese sentido de autodisciplina académica de la que en estos días carecen todavía muchas de nuestras escuelas.
- ¡Eso sí que es difícil…!