27 enero 2026

Los bancos de Barajas

Julio Sánchez Mingo


Aeropuerto de Barajas. Vestíbulo de la sala de llegadas 1, durante la pandemia, cuando había bancos.

 

En los vestíbulos de llegadas del aeropuerto de Madrid Barajas, al menos en los terminales T1 y T4, han sido retirados los bancos allí existentes donde familiares, amigos, proveedores o clientes de los pasajeros aguardaban su llegada, pacientemente sentados, siendo muchos de ellos personas mayores, otros lisiados. Tanto para unos como para otros una espera de más de diez minutos de pie es una tortura. No digamos cuando ésta se extiende a una hora u hora y media, algo frecuente dado el mal funcionamiento del aeropuerto, especialmente de los servicios de la T1, donde, por ejemplo, las recogidas de equipaje se eternizan o los agentes de la Policia Nacional ya se toman a risa que la mayoría de las máquinas de lectura automática de documentación no funcionen.

Al parecer, dicha retirada está motivada porque algunos centenares de personas sin hogar o refugio pernoctaban en los terminales del aeródromo, acomodadas en dichos asientos imposible tumbarse sobre ellos debido a los reposabrazos que los segmentan o tiradas por los suelos.

Para resolver esta lamentable situación, los gestores públicos de las administraciones central, regional y municipal, junto con AENA en un alarde de incompetencia y también de falta de humanidad—, en lugar de ir a la raíz de este problema social, no tan difícil de solucionar, han ido a lo fácil, autoritario y drástico: por una parte no se permite el acceso a las instalaciones a todo aquél que no vaya dotado de billete o tarjeta de embarque o pueda justificar que va a recoger a un viajero y, por otra, se ha optado por la retirada de los referidos bancos curioso e infame proceder: se esconde un problema y así ya no existe. Así se perjudica al usuario que satisface las correspondientes tasas de aeropuerto y a los demás ciudadanos que, con sus impuestos, financiaron la construcción de los recintos aeroportuarios, ahora convertidos en un negocio cuasi privado, que sólo piensa en sus accionistas en lugar de trabajar con vocación de servicio público esencial.

Por todo lo expuesto, he solicitado al Ministerio de Transportes que los bancos indicados sean inmediatamente repuestos y que todos los responsables de este dislate dimitan o sean cesados, comenzando por Mario Otero, director de Barajas.


16 enero 2026

El vertido. Tragedia tras las miserias de la vida cotidiana

Julio Sánchez Mingo



Hace un frío de mil demonios. Son las nueve de la mañana de uno de los primeros días del año, en Madrid. Ya estoy en la calle, paseando a la perrita que cuido por Navidades. Oigo el ruido de la bomba de descarga del camión cisterna que abastece de gasóleo el depósito que alimenta la caldera que da servicio de calefacción y agua caliente sanitaria a los tres edificios que conforman el bloque de 144 viviendas donde habito.

Como la semana pasada hubo un vertido de unos cientos de litros de este combustible tan contaminante cuando se realizaba la misma operación, me acerco a preguntar qué sucedió para que se produjese tan lamentable incidente, que arrasó parte de la pradera de una zona ajardinada y ha dejado una plazoleta impregnada de tan insalubre, maloliente y nocivo elemento. Ante ello, mis vecinos se han encogido de hombros, a pesar de estar directamente afectados, y la administración de la comunidad no ha movido un dedo. Se podía haber procedido a la descontaminación de la tierra afectada y al lavado con detergente adecuado del espacio con bancos donde hasta ahora sesteaban al sol unos ancianos, rara vez jugaba algún niño —especie en extinción— y pelaba la pava de noche alguna parejita ¿Para qué sirven los seguros?

El operario que conduce y manipula el camión y uno de los conserjes del bloque, ambos muy afables, me explican que no funcionaron correctamente los caudalímetros que miden el volumen del combustible dispensado. En bastantes ocasiones fallan, por lo que leo en Internet. Para verificar el volumen realmente suministrado siempre se debe recurrir a la clásica varilla de medición, que nos indica la cantidad de fluido contenido en un tanque depósito. Pero ha desaparecido, no se sabe dónde está. Como la conversación se prolonga y el tufo a gasóleo marea, me despido no sin antes preguntar al operario si lleva muchos años en esa faena, pues la inhalación de esos gases es realmente dañina para la salud. Me quedo pasmado primero y apenado después cuando, sonriendo, me muestra el cuello, señalando una cicatriz, que no quiero mirar, y me dice: "No, si yo un cáncer ya lo he tenido".

¿Qué futuro le espera a ese hombre? ¿Qué pensará para su fuero interno? Creo que hay falta de preocupación en la sociedad por los trabajadores que realizan tareas penosas. ¿Inconsciencia colectiva? ¿Se respetan sus derechos? ¿Cumplen legal y moralmente empresarios y administraciones públicas? ¿Hay suficiente prevención e inversión en ella? Está claro que la codicia mata. Creo que sobran más comentarios.

 

09 enero 2026

Esperpento

Julio Sánchez Mingo


El Libertador de Venezuela. Imagen que se mueve  por las redes sociales de los círculos del exilio venezolano en España.


El espectáculo que se nos ofrece desde el otro lado del Atlántico sólo puede calificarse de esperpento: un jefe de estado asesino, carente de humanidad y de respeto al prójimo, prepotente, que se salta a la torera continuamente todas la normas del derecho internacional y la legislación de su propio país, ordena secuestrar, trasladar con parada técnica en Guantánamo, para que no se nos olvide quien manda y que su plutocrática nación, que presume de democracia, no respeta, ni ha respetado nunca, los derechos humanos ni la legislación internacionaly encarcelar a su homólogo venezolano, un dictador que ha terminado por arruinar a una de las naciones más ricas de la tierra en petróleo, y tantos otros recursos naturales, ejerciendo una represión atroz. Su régimen político ha generado un éxodo sangrante y la miseria azota a los que, sin recursos, no han podido huir de su propia tierra. En la operación han muerto cientos de personas, a sumar a las victimas de los ilegales y arbitrarios ataques a las llamadas narcolanchas. Pero nadie las tiene presente ni se acordará nunca más de ellas.

Como si todo ello no fuera un colosal dislate, el presidente criminal ha entronizado a la cabeza de la sufriente nación venezolana a la camarilla del déspota que gobernaba el país, encabezada por su vicepresidenta. Ésta, al tomar posesión, ha jurado su nuevo cargo sobre la Biblia —los políticos siempre a Dios rogando y con el mazo dando, en un eterno alarde de cinismo e hipocresía que sostenía, pásmese querido lector, Nicolasito, el hijo del propio tirano recluido. La oposición al chavismo, que el pasado sábado 3 de enero se las prometía tan felices con la desaparición del sátrapa, se ha visto ninguneada y postergada, cornuda y apaleada, por el nieto del inmigrante alemán Drumpf —fue un aprendiz de peluquero que hizo fortuna montando negocios de habitaciones para señoritas. De casta le viene al galgo— y se ha plegado a sus deseos. El estrambote adquiere dimensiones colosales cuando la líder de esa oposición, recompensada con el premio Nobel de la Paz de 2025, en lugar de mostrarse humillada y despechada por el que tantos venezolanos, especialmente del exilio, ahora llaman El Libertador de Venezuela, le ha ofrecido compartir su galardón, según ha declarado a la cadena Fox News. "Como este es el premio del pueblo venezolano, ciertamente queremos dárselo y compartirlo con él", ha afirmado.

Según proclama a los cuatro vientos con absoluta desfachatez, el émulo de Hitler solo quiere de Venezuela su petroleo, sus riquezas naturales. No tiene el menor interés en el bienestar del pueblo venezolano, ni siquiera en el restablecimiento de una democracia más o menos formal, con un gobierno de concentración nacional a cargo de tan difícil tarea. Parece que los gringos han aprendido la lección de Vietnam —cerca de 60.000 soldados del Tío Sam muertos— y de Irak —casi 5.000— con sus correspondientes guerras de ocupación. Estremece hablar de las víctimas civiles inocentes que hubo. Si ahora invadieran Venezuela requerirían colaboracionistas, lo que lleva siempre, inevitablemente, a una guerra civil.

La operación del amigo de Stormy Daniels y de Jeffrey Epstein dime con quién andas y te diré quién eres— ha cogido con el paso cambiado a la extrema izquierda española que justificaba a los bolivarianos y a la ultraderecha de VOX y del PP que animaban a la oposición de Machado y Edmundo González y adoran al atacante del Norte. Tanto unos como otros permanecen callados.

¿Qué nos deparará el futuro? ¿Qué sucederá con Groenlandia? Lo único cierto es que los más perjudicados serán los humildes sin recursos.