09 febrero 2026

Hay que rascarse el bolsillo

Julio Sánchez Mingo


Carretera provincial Algodonales-Coripe (Cádiz). Febrero 2026. Policía local de Algodonales.


Releyendo las propuestas de los partidos políticos de cara a las recientes elecciones regionales de Aragón, no sabes si a los ciudadanos nos toman por estúpidos o si los estúpidos son ellos por incurrir en tantas contradicciones. Lo que lamentablemente es evidente es que gran parte de los votantes somos unos perfectos ignorantes, sin capacidad alguna de análisis, y de ello se aprovechan. Nos mueven el clasismo, que se deriva de nuestra vanidad y soberbia, y una casi omnipresente codicia, los mayores pecados de la especie humana, que se ven aderezados por esa citada ignorancia que todo lo permea.

El accidente ferroviario de Adamuz, con más de cuarenta víctimas mortales, ha puesto en evidencia unas notables faltas de inversión en el mantenimiento de las infraestructuras y en la reposición del material móvil en los últimos años, algo que adquiere tintes dramáticos en los sistemas de trenes de cercanías, especialmente en Cataluña, en sus Rodalies. Lo mismo vale para las carreteras, que las últimas lluvias tanto han dañado.

Para tener todo en orden, a satisfacción de los usuarios y de las exigencias de la sociedad, hace falta dinero, mucho dinero. Y éste solo puede salir de nuestros impuestos o de unas subidas inasumibles de los precios de los billetes en el caso de los transportes o de las tasas por cualquier servicio obtenido. Pero, como siempre, no nos queremos rascar el bolsillo, aunque siempre terminamos pagando lo indecible. Así, ahora, por ejemplo, hay gente que hace noche en destino porque los trenes de alta velocidad no garantizan la ida y vuelta en el día para asistir a una reunión o se pagan unos cientos de euros adicionales al mes para cubrir un seguro médico que nos ofrece algo menos de tiempo de lista de espera, una habitación hospitalaria más confortable, con mejor ración alimenticia, pero una muy menor atención médica y clínica. Al final, ¿no estamos en todos estos casos pagando de más? No dejemos de lado las fortunas que los padres de familia consumen en los colegios de sus hijos o en hacerles cursar una carrera en un centro de calidad más que discutible, tanto que ya todos hablamos de chiringuitos educativos.

A pesar de todo ello, parece chocante que en ciertos programas electorales se propugne “una bajada radical de impuestos” al mismo tiempo que la mejora de la sanidad y de los servicios públicos, denunciando “las listas de espera intolerables”.

La empresa privada no es eficiente en el servicio público. Y no lo puede ser porque la razón de su existencia es el lucro, el beneficio económico. Y en ciertos sectores, como la sanidad, incluso, para subsistir o alcanzar el rendimiento adecuado, se ve obligada a asirse a las ubres de la vaca publica, que ciertas administraciones no tienen empacho en ofrecerles graciosamente.

Mal vamos.