Amanecer en Altea. Foto de Julio Sánchez Mingo

Amanecer en Altea. Foto de Julio Sánchez Mingo
Amanecer en Altea. Agosto 2015. Fotografía del editor

jueves, 15 de febrero de 2018

Muerte en México

Julio Sánchez Mingo


13 de febrero de 2018

Un día de la semana pasada, Mariano salió a las tres de la mañana de su oficina, en la zona financiera del paseo de la Reforma, y se dirigió a su casa, en Coyoacán. Antes de llegar, lo mataron. No he reclamado más detalles. ¿Para qué?
Era un hombretón de alrededor de treinta años, no sé si con mujer e hijos. En cualquier caso, su familia tiene que estar desolada y en absoluto estado de choque. Por lo inesperado del suceso, por la brusquedad y la violencia del hecho, por la injusticia de su desaparición. Igualmente sus amigos y su otra familia, la del día a día, sus compañeros de trabajo. Conozco personalmente a varios de ellos.
Supongo que su escritorio estará vacío. ¿Pueden trabajar en esas condiciones? Imagino lo que sentirán todos ellos, especialmente los que estuvieran con él hasta esas horas intempestivas y lo vieran marchar y lo despidieran con un cordial hasta mañana. Dolor, sorpresa, rabia. Sin terminar de creerlo, como el que está viviendo una pesadilla. Y también preocupación, por ellos mismos y por sus familias, pues un acto de esa naturaleza no es tan raro en México, un maravilloso país pero con unos niveles de violencia muy elevados.
A mí, que estoy a más de 9.000 kms de distancia, la noticia, que me dieron por teléfono, me impactó sobremanera y no puedo quitarme de la cabeza a toda esa gente próxima a Mariano, pensando lo que estará sufriendo. Me gustaría abrazarlos a todos ellos, especialmente a su madre, si es que la tenía viva todavía. Por y para ellos, con mucho afecto y ánimo de consolarlos, escribo estas líneas. Y también, en segundo lugar, para desahogarme, al poder dirigirme a mis lectores y transmitir mi pena e impotencia.

Yo deseo y confío que esa lacra que corroe la sociedad mexicana vaya, poco a poco, disminuyendo, como, afortunadamente, ha sucedido en Colombia. La humanidad va mejorando poco a poco. Hoy es mejor que hace cien años.
Esta situación de violencia, provocada por la desigualdad, la corrupción y el narcotráfico, no se puede prolongar indefinidamente, no podemos permitirlo.
Esa enfermedad social de la desigualdad, hija del capitalismo salvaje, el clasismo y la falta de oportunidades y de acceso a la educación de los más vulnerables, debe combatirse con energía, aportando cada cual su granito de arena. Sociedades más iguales, sociedades más justas son mejores para todos.

La vida es pasajera pero es lo único tangible, lo único cierto que tenemos. Por ello hay que cuidarla y respetar la de los demás.
Me rebelo cuando me dicen que la vida de las personas vale muy poco en México. Allí lo que hay, lamentablemente, es demasiada incultura, mucha desesperación, falta de un futuro digno y amable para muchas personas que las conduce a una espiral de violencia sin sentido, como la que ha terminado con el futuro feliz y prometedor de Mariano, que siempre permanecerá en nuestro pensamiento.

PD. 15 de febrero de 2018. Mariano Cedillo estaba soltero y vivía con sus padres y su hermana.





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