Amanecer en Altea. Foto de Julio Sánchez Mingo

Amanecer en Altea. Foto de Julio Sánchez Mingo
Amanecer en Altea. Agosto 2015. Fotografía del editor

jueves, 9 de febrero de 2017

La montaña. Superación personal y felicidad

Julio Sánchez Mingo
Febrero 2017

A Edu, ejemplo de amor propio y afán de superación

La práctica del montañismo, en sus diferentes modalidades de alpinismo, escalada o simple excursionismo, es un excelente ejercicio de superación personal y un camino a la felicidad.
Hay que sobreponerse al cansancio, incluso a la fatiga extrema, a la falta de fuerzas, al dolor causado por alguna lesión, al frío, al calor, a la sed, al mal de altura. En ocasiones al pavor al vacío, a la verticalidad de los precipicios o, en situaciones comprometidas, al miedo. En los Alpes, yo he sido incapaz de atravesar una pasarela muy aérea y oscilante, tendida sobre un barranco de más de cien metros de profundidad.
Cuántas veces se experimenta la tentación de dar la vuelta y abandonar una subida larga y exigente porque corazón, pulmones y piernas parece que no dan más de sí.
Todo ello obliga a extremar la prudencia, sopesar cuáles son nuestros límites, analizar la situación y, por tanto, actuar con inteligencia y responsabilidad. Actividad perfecta para ejercitar el sentido común y aprender de los errores. ¡Escuela de vida!
Al alcanzar el objetivo establecido la satisfacción es enorme y te sientes plenamente recompensado después de tanto esfuerzo, llegando a invadirte la euforia. Cuando se suben las escaleras del Campanile del Duomo con la meta de disfrutar de una excelente panorámica de Florencia, mucha gente renuncia porque no puede más. Otros, sobreponiéndose, llegan al final y la sonrisa de gozo, expresión de su felicidad, no les abandona en toda la bajada.

Hay casos extremos de superación que la montaña pone de manifiesto, como el que narro a continuación. En esta ocasión el objetivo era la supervivencia, la propia vida.

Hace unas semanas, por la noche, pasadas las once, encendí el televisor y vi que estaban proyectando en Paramount Channel un documental titulado Touching the Void, Tocando el vacío, de 2003 (1)
La película narra la odisea de Joe Simpson, quien, tras coronar el andino Siula Grande, 6.344 m, en compañía de su amigo Simon Yates, sufre un accidente en el descenso, fracturándose una tibia. Su compañero se ve forzado a cortar la cuerda que les une tras una noche en la que permanecen ambos colgados sobre el vacío. Él cae a una grieta del glaciar que cubre la montaña. Sólo su espíritu, sus fuerzas mental y física, su determinación, permitirán que, aunque malherido, sin agua ni víveres, logre escapar de la sima, bajar el glaciar, atravesar las morrenas y alcanzar el campamento base que Simon y otro alpinista, que había permanecido allí como apoyo, se aprestaban a abandonar.

Conocí a Joe Simpson en Vouliagmeni, cerca de Atenas, en 1999, donde acudió a dar unas charlas sobre motivación, aplicación de recursos y fijación de objetivos a unas reuniones internas de mi compañía. Contó su drama, que, obviamente, me impresionó. Tiempo después compré y leí su libro Tocando el vacío, traducción al español editada por Desnivel (2). En esta obra se basa la película documental de 2003. Es el relato pormenorizado de su aventura en el Siula Grande y sus pensamientos y reflexiones durante su terrible descenso. También detalla como se fijaba en su avance pequeños y asequibles objetivos parciales para poder lograr su objetivo global, su meta final, llegar al campamento base. Ésta es la lección aplicable al mundo empresarial que le ha permitido convertirse en un conferenciante de prestigio y que todos deberíamos trasponer a nuestra vida diaria.

Joe Simpson y Simon Yates siguen siendo íntimos amigos.


(2) Joe Simpson: Tocando el vacío. Ediciones Desnivel (Edic. Española)

Siula Grande. Cordillera Huayhuas. Andes peruanos. 6.344 m.

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